Un juego de mesa de apariencia inocente divide a familias y amigos. Detrás, una sencilla idea cambia partidas.
Desde hace semanas, el clásico ‘quién es quién’ vuelve a las sobremesas y a las redes. En 2026, una estrategia con base en las matemáticas se viraliza porque multiplica tus opciones de victoria sin trucos raros ni memoria prodigiosa. La clave no está en mirar mejor, sino en preguntar mejor.
Qué hay detrás del truco: la lógica de dividir para vencer
La base del método es simple: cada pregunta debe servir para partir el grupo de sospechosos en dos mitades lo más equilibradas posible. Cuando lo logras, cada respuesta “sí/no” aporta el máximo de información y reduce de golpe el tablero. Esta idea viene de la teoría de la información: un “sí” o un “no” bien elegido da aproximadamente un bit de información, suficiente para descartar la mitad de las opciones.
Haz preguntas que apunten a un 50/50. Evita los rasgos raros al principio y reserva los detalles para el final.
¿Por qué funciona? Porque preguntar primero por rasgos llamativos —gafas, sombrero, pendientes— suele ser mala idea. En muchos tableros, esas características aparecen en muy pocas caras. Si preguntas por algo que solo tienen dos personajes cuando quedan 24, apenas eliminas a unos cuantos. Pierdes turnos, regalando ventaja al rival.
Cómo formular preguntas que parten el tablero en dos
La forma de lograr una división equilibrada depende de tu versión del juego y de las reglas pactadas. En casa, muchos aceptan cualquier pregunta que ambos puedan verificar mirando el panel. Con ese marco, aquí tienes ideas que suelen acercarse a una mitad:
- Orden alfabético del nombre: “¿Su nombre va antes de María alfabéticamente?” Ajusta el punto de corte según el reparto de nombres.
- Posición en el panel: “¿Está en la mitad izquierda del tablero?” Si los personajes se reparten bien, esta pregunta rinde mucho.
- Rasgos abundantes: “¿Tiene pelo?” o “¿Se le ve sonrisa?” si eso divide a muchos.
- Propiedades del nombre: “¿Su nombre contiene vocales acentuadas?” o “¿Empieza por A–M?” cuando eso reparte casi por igual.
Cuando queden cuatro, busca una división 1–3: formula una pregunta que identifique a un único candidato frente a tres.
Ejemplos prácticos para la primera mitad
Supón 24 personajes. Comienza con una pregunta que elimine unas 12 caras. Si responden “sí”, ya tienes 12; si dicen “no”, también. A partir de ahí, vuelve a intentar otra división 6–6. Después 3–3. En tres turnos habrás reducido la búsqueda a un puñado de opciones.
| Escenario | Estrategia de rasgos raros | Estrategia de mitades |
|---|---|---|
| Tablero de 24 | 7–9 preguntas de media | 5 preguntas en el mejor caso |
| Tablero de 20 | 6–8 preguntas de media | 5 preguntas en el mejor caso |
El número objetivo surge de una cuenta conocida: con log₂(n) preguntas optimizadas eliminas n hasta 1. Para 24, la cifra roza 4,6; redondeas a 5. La práctica añade ruido porque el reparto de rasgos no es perfecto, pero el método sigue ganando a la estrategia impulsiva casi siempre.
El momento clave: cuando ya solo quedan cuatro
En la recta final, muchos siguen buscando mitades exactas y se ponen nerviosos. Aquí conviene cambiar el plan. Si hay cuatro candidatos, intenta aislar a uno con una sola pregunta. Por ejemplo: “¿Su nombre empieza por G?” si solo uno de los cuatro cumple eso. Si responde “sí”, ya lo tienes; si responde “no”, te quedan tres, y la siguiente pregunta decidirá.
¿Preguntas “tripartitas” para despistar?
Algunas partidas caseras permiten preguntas con tres salidas tipo “A, B o ninguna”. Pueden descolocar al rival. Aun así, la mayoría de ediciones se basan en respuestas sí/no. Acordad las reglas antes de empezar. Si preferís mantener el formato clásico, diseña dos preguntas binarias consecutivas que reproduzcan el mismo efecto sin romper el ritmo del juego.
Errores comunes que te cuestan la partida
- Empezar por lo llamativo: preguntar por pendientes o sombreros elimina muy poco al inicio.
- No mirar el reparto real: si hay pocas mujeres o pocos pelirrojos, esa pregunta no divide bien.
- Repetir rasgos similares: encadenar preguntas sobre el cabello cuando ya sabes si lo tiene o no desperdicia turnos.
- Olvidar actualizar el 50/50: cada respuesta cambia la base; recalcula tu mejor corte antes de la siguiente pregunta.
- Arriesgar demasiado pronto: acusar sin haber reducido a dos o tres opciones suele salir mal.
Lo que dicen los números: cada pregunta vale un bit
Piensa en cada duda como una moneda que puede salir cara o cruz. Si tu pregunta da un 50 % de probabilidad a cada resultado, exprimes su valor informativo. Si preguntas por algo que solo tiene el 10 % del tablero, tu “sí” es útil, pero el “no” te deja con casi todo igual. Por eso, el truco matemático consiste en maximizar el impacto de cada turno con preguntas que equilibren la balanza.
Tu objetivo no es acertar un rasgo, sino reducir el espacio de búsqueda al máximo en cada paso.
Consejos rápidos para jugar en casa y no arruinar la diversión
- Acuerdos previos: definid si valen preguntas sobre nombre, posición o solo rasgos visibles.
- Ritmo: limita el tiempo por pregunta para evitar análisis interminables.
- Juego con peques: adapta el 50/50 con cortes simples, como “¿lleva barba?” si se reparte bien en vuestro tablero.
- Deporte y respeto: compartir la estrategia mejora a todos. Ganar con buenas preguntas resulta más divertido que pillar al otro en despistes.
Mini simulación para probarlo hoy
Tablero de 24. Primer corte: “¿Su nombre va antes de M?” Quedan 12. Segundo corte: “¿Está en la mitad izquierda?” Quedan 6. Tercer corte: “¿Tiene pelo?” Quedan 3. Cuarto paso: busca una división 1–2, por ejemplo “¿Lleva barba?” Si solo uno la lleva entre esos tres, ya casi lo tienes. Si responde que no, te quedas con dos y una última pregunta decide la partida.
Más allá del tablero: aplica la idea a otros juegos
El enfoque de dividir en mitades funciona en juegos de “sí/no” como 20 preguntas, en búsquedas en listas y hasta en acertijos tipo Wordle cuando eliges letras que discriminan bien. También ayuda a enseñar pensamiento lógico a niños y adolescentes: aprenden a planificar, estimar probabilidades y revisar hipótesis.
Si temes que el método le quite magia a la partida, prueba un modo alterno: cada jugador puede usar el truco matemático solo en dos preguntas por juego. Así mantienes la chispa, evitas partidas eternas y sigues entrenando la cabeza. Con práctica, verás cómo tu forma de preguntar cambia y, con ella, tus resultados en el ‘quién es quién’.


