Hojas caídas, tierra húmeda y nervios. A cualquiera le asalta la duda frente a una maceta mustia. Un gesto precipitado puede romper el equilibrio.
La imagen engaña: una planta decaída puede sufrir dos problemas opuestos. El jardinero y divulgador André Alonso lo explica con claridad y pone orden en un dilema que, en 2026, sigue secando o pudriendo colecciones enteras. La clave está bajo la superficie y no en las hojas.
Señales que confunden a cualquiera
Las hojas lacias, blandas y sin fuerza activan el piloto automático: más agua. Pero ese reflejo, dice Alonso, es el que termina hundiendo a muchas especies de interior. El exceso de riego satura el sustrato, expulsa el oxígeno y detiene la respiración de las raíces. Sin oxígeno, aparecen hongos y bacterias. El resultado es pudrición, y el síntoma visible se parece a una deshidratación.
Hojas flácidas no siempre piden agua: a veces suplican aire en las raíces.
El reto consiste en decidir rápido y bien. El método de Alonso es práctico: observar el sustrato, pesar la maceta con las manos y, si hay sospecha, revisar raíces. La planta habla por debajo.
Cómo diferenciar deshidratación y pudrición en minutos
Prueba del sustrato y del peso
- Toca la capa superior: si el sustrato está seco y se desmenuza, podría haber deshidratación.
- Levanta la maceta: si pesa poco, falta agua; si pesa mucho y la tierra está fría, piensa en exceso de riego.
- Huele la tierra: olor a moho o a podrido apunta a pudrición.
Revisión de raíces
Cuando la duda persiste, saca la planta con cuidado y limpia el cepellón. Las raíces cuentan la historia.
| Problema | Aspecto del sustrato | Raíces | Olor | Acción inicial |
|---|---|---|---|---|
| Deshidratación | Seco, suelto, claro | Firmes, elásticas, claras | Neutro o terroso | Rehidratar y ajustar riego |
| Pudrición | Encharcado, compacto, oscuro | Blandas, marrones, se deshacen | Desagradable, a fermentado | Cortar y cambiar a sustrato aireado |
Si el sustrato está húmedo y la planta se ve “sedienta”, el problema suele estar en las raíces.
Qué hacer si hay pudrición
Alonso recomienda actuar sin demora. Cada hora encharcada agrava el daño.
- Retira la planta de la maceta y lava el cepellón para ver bien las raíces.
- Elimina con tijeras desinfectadas todo lo blando, oscuro o maloliente. Conserva solo tejido firme.
- Desinfecta el corte y deja orear 12–24 horas en sombra luminosa para que cicatrice.
- Replanta en mezcla nueva, muy aireada: sustrato universal con perlita o pómice, y maceta con buen drenaje.
- Riega poco al inicio. Mantén humedad ambiental moderada y muchísima luz indirecta.
- Valora esquejes de tallos sanos si la base quedó muy afectada.
Mejor un riego de menos que arruinar las raíces: la recuperación comienza dejando respirar a la planta.
Qué hacer si hay deshidratación
Cuando la tierra está seca y las raíces se ven sanas, toca rehidratar con control.
- Empapa por inmersión: coloca la maceta en un recipiente con agua 15–20 minutos. Deja escurrir por completo.
- Comprueba que el agua salga por los orificios. Si no, el sustrato se hidrofobiza; rehidrata en dos tandas o trasplanta.
- Recupera el ritmo: riegos menos frecuentes, pero completos, cuando la capa superior esté seca.
- Aumenta la luz indirecta para favorecer la actividad radicular sin recalentar.
Errores de riego más comunes y cómo evitarlos
Luz y riego: la pareja que manda
La luz marca cuánta agua usa una planta. En espacios de poca luz, la evaporación baja y el sustrato tarda más en secar. En esas condiciones, Alonso sugiere espaciar riegos y priorizar sustratos muy porosos. En zonas luminosas, el consumo aumenta y los riegos pueden ser menos espaciados, pero siempre con drenaje pleno.
- No riegues por calendario. Observa el sustrato y el peso de la maceta.
- Evita platos con agua estancada. Son una fábrica de pudrición y mosquitas.
- Ajusta la maceta al tamaño de la planta. Demasiado grande retiene agua extra.
- Usa mezclas aireadas: añade perlita, fibra de coco o pómice.
- En invierno, con menos luz, reduce frecuencia de riego; en verano, vigila más la sequedad.
Guía exprés de diagnóstico según André Alonso
El divulgador propone una secuencia corta para no fallar: tocar, oler, pesar, mirar raíces. Si dos señales apuntan al mismo lado, decide y actúa. El objetivo es restaurar el oxígeno en raíces o devolver el agua al tejido sin ahogar la planta.
Trucos útiles para tus próximas semanas de cuidado
- Termómetro y humedad: en ambientes secos, sube la humedad ambiente con bandejas de guijarros, no con riegos extra.
- Palillo o pincho: clávalo 5–7 cm; si sale limpio, riega; si sale con tierra húmeda, espera.
- Calidad del agua: si el agua es muy dura, alterna con agua filtrada para evitar acumulación de sales.
- Riego desde abajo: útil para rehidratar sin compactar. Siempre escurre tras el baño.
- Vigila señales tempranas: bordes amarillos con tierra mojada indican exceso de riego; hojas quebradizas con tierra seca señalan deshidratación.
Qué especies sufren más y cómo prevenirlo
Las aráceas como Monstera o Philodendron toleran algo de sequía, pero no perdonan el encharcamiento. Las suculentas acumulan agua y piden riegos espaciados; la pudrición avanza rápido si la maceta no drena. Las tropicales de hoja fina consumen más agua con luz alta, pero agradecen sustrato aireado. En todas, el patrón se repite: aire en raíces, agua cuando toca, y luz suficiente para que el sistema radicular trabaje.
Para ir más allá
Si quieres afinar, crea un registro de riegos y luz por estancia. Anota día, temperatura, humedad y aspecto del sustrato. A las tres semanas verás patrones. Puedes añadir una balanza: el peso post-riego y el peso pre-riego ofrecen un umbral propio para cada maceta. Con este sistema, las decisiones dejan de ser intuitivas y el “¿riego o no?” se reduce a una comprobación objetiva.
La enseñanza de André Alonso se resume en una práctica sencilla: antes de regar, confirma qué pasa abajo. La planta puede tener sed o estar asfixiada. La diferencia se resuelve con las manos, la nariz y un vistazo a las raíces. De ese gesto depende que tu maceta vuelva a crecer o se quede en el camino.



Así que mi poto no es dramática, solo se está ahogando en silencio. Yo y mi regadera nos sentimos aludidos.