2026 llega cargado de promesas y dudas. El espacio vuelve al primer plano. La cuenta atrás ya está en marcha.
Mientras ultima la misión tripulada Artemis II, la NASA lanza una invitación global y, de paso, una advertencia velada: la nueva etapa espacial nos involucra a todos. Habrá un vuelo alrededor de la Luna, millones de nombres a bordo y preguntas incómodas sobre nuestra preparación técnica, educativa y social.
El mensaje de fondo
La agencia quiere movilizar a la ciudadanía con el programa Artemis. Y el subtexto es claro: vienen hitos que exigirán decisiones rápidas, más formación científica y mejores protocolos ante imprevistos. 2026 no será un año cualquiera. Coincidirán una misión tripulada profunda y un ciclo de actividad solar intenso que afectará a comunicaciones, navegación y salud de las tripulaciones.
2026 pondrá a prueba nuestra preparación colectiva: misión tripulada alrededor de la Luna, radiación en máximo solar y logística global en tensión.
Artemis II, la prueba que abre la década
Artemis II será el primer vuelo con personas del cohete SLS y la nave Orion. La tripulación la forman Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen. El despegue está previsto desde la rampa 39B del Centro Kennedy en Florida en abril de 2026. El vuelo durará unos diez días y validará sistemas clave en el entorno hostil del espacio profundo.
| Fecha prevista | Abril de 2026 |
| Duración | Aproximadamente 10 días |
| Tripulación | Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch, Jeremy Hansen |
| Lanzador | Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) |
| Nave | Orion |
| Trayectoria | Bucle en forma de ocho alrededor de la Luna |
| Punto más lejano | Unos 7.400 km más allá de la Luna |
| Amerizaje | Océano Pacífico, frente a San Diego |
Qué hará la tripulación
Los astronautas validarán el sistema de soporte vital de Orion, ejecutarán maniobras manuales y comprobarán comunicaciones, navegación y control térmico. También volarán cargas útiles científicas para estudiar radiación, comportamiento humano y salud en el espacio profundo, datos que alimentarán futuras misiones a la superficie lunar y, más adelante, a Marte.
La reentrada de alta velocidad examinará el escudo térmico de Orion, pieza vital para el retorno seguro de misiones largas.
La ruta y los números
El perfil de vuelo dibuja un patrón en ocho. La nave viajará a más de 370.000 kilómetros de la Tierra y pasará miles de kilómetros más allá de la Luna antes de regresar. Esta geometría optimiza consumo de combustible y ventanas de comunicación, a la vez que somete a los sistemas a un entorno realista para futuros alunizajes.
Los riesgos menos visibles en 2026
La ventana 2025-2026 coincide con un máximo del ciclo solar. Aumentan las tormentas geomagnéticas, las eyecciones de masa coronal y los flujos de partículas energéticas. Esto impacta en satélites, redes eléctricas y aviónica. En una misión tripulada añade complejidad: más vigilancia de dosis de radiación, rutas de comunicación alternativas y planes de contingencia para los sistemas de a bordo.
La cadena de suministros aeroespaciales también vive tensión. Cada válvula, batería o antena pasa por certificaciones densas. 2026 obligará a sincronizar a equipos de Estados Unidos y Canadá, centros de control, barcos de recuperación y políticas de datos. No se trata solo de despegar, sino de sostener una infraestructura global mientras el interés público se dispara.
¿Y tú? Así te afecta aunque no mires al cielo
La carrera lunar reordena prioridades tecnológicas. Llegan inversiones en navegación, materiales, comunicaciones y clima espacial. También se activan programas educativos y retos para estudiantes. La agencia quiere que la sociedad participe, pero la brecha de comprensión científica persiste. Ahí se juega parte del “no estamos preparados”.
- Aprende a interpretar avisos de clima espacial que pueden afectar GPS, vuelos y redes.
- Fomenta competencias STEM en casa o en tu entorno, con proyectos sencillos de observación del cielo.
- Sigue hitos técnicos de Artemis II para entender riesgos reales y evitar rumores.
- Valora cómo la economía espacial impacta empleo, formación y servicios cotidianos.
- Participa en iniciativas públicas que acerquen la ciencia a tu comunidad.
Participar sin despegar: tu nombre rumbo a la Luna
La campaña Send your name with Artemis permite registrar tu nombre para que viaje en una memoria a bordo de Orion. Quienes se inscriban antes del 21 de enero obtendrán un pase de embarque digital como recuerdo. Es un gesto simbólico que crea vínculo con una misión histórica y, sobre todo, que invita a seguir su desarrollo con mirada crítica e informada.
Enviar tu nombre es el primer paso. La preparación real implica educación científica, protocolos claros y acceso a datos fiables.
Lo que viene en la cuenta atrás
Antes del lanzamiento, la NASA ejecutará revisiones integradas, ensayos de la rampa 39B y pruebas de SLS y Orion. Habrá simulacros de contingencia, validaciones del sistema de soporte vital y prácticas de recuperación en el Pacífico con el Departamento de Defensa. La coordinación internacional será clave, igual que la comunicación transparente con el público.
Señales a vigilar en los próximos meses
- Resultados sobre el comportamiento del escudo térmico en pruebas de calificación.
- Verificación del sistema de soporte vital y consumibles de cabina.
- Ensayos de carga y combustible del SLS en la rampa 39B.
- Protocolos de dosis de radiación para máximo solar y rutas de comunicación redundantes.
- Entrenamientos de amerizaje y recuperación de cápsula y tripulación.
Claves prácticas para prepararte como ciudadano
Un buen inicio pasa por comprender conceptos básicos de clima espacial y su efecto en dispositivos cotidianos. Las agencias publican métricas que indican riesgo de perturbaciones. A nivel familiar, se puede diseñar un pequeño plan de continuidad digital para eventos breves: copias locales de documentos, baterías externas y hábitos de verificación de fuentes cuando circulen noticias sobre el programa Artemis.
Quienes tengan niñas y niños curiosos pueden replicar sencillas “simulaciones” caseras de misión: cronogramas, registros de temperatura, observación de fases de la Luna o seguimiento de trayectorias en mapas. Son actividades que enseñan método científico y reducen la distancia emocional con una misión que, aunque ocurra a cientos de miles de kilómetros, afectará decisiones tecnológicas aquí abajo.
2026 marcará si somos capaces de pasar de espectadores a participantes informados. Artemis II no solo medirá la resistencia de un escudo térmico o el empuje del SLS. Medirá, sobre todo, el grado de preparación de una sociedad que quiere volver a la Luna y aspira a llegar a Marte sin perder de vista lo que sucede en la Tierra.



¿Cómo planean mitigar el riesgo de radiacion durante el máximo solar? Entiendo que habrá rutas de comunicación redundantes y monitoreo de dosis, pero ¿existe un umbral claro de cancelación si se detecta una EMC fuerte? La transparencia en esos criterios sería clave.