Este método educativo de los años 70 es el secreto para criar niños realmente independientes hoy en día, según una especialista

Publicado el Por El equipo editorial
Este método educativo de los años 70 es el secreto para criar niños realmente independientes hoy en día, según una especialista © Shutterstock

En los años 70, los niños pasaban gran parte del día jugando en la calle. Volvían a casa cuando anochecía. No había teléfonos móviles y la supervisión adulta era mucho menor. Aun así, toda una generación creció desarrollando autonomía, capacidad de adaptación y confianza en sí misma. Hoy, muchos padres buscan maneras de promover la independencia de sus hijos, aunque no siempre saben cómo hacerlo. Según el medio YourTango, recuperar algunas de las prácticas educativas de aquella época podría marcar la diferencia.

La especialista en psicología Zayda Slabbekoorn recuerda que la autonomía no se enseña únicamente con palabras: se construye a través de la experiencia.

Aprender a desenvolverse por uno mismo

En los años 70, los niños aprendían a arreglárselas solos. Pasaban horas jugando fuera de casa, exploraban su barrio y hablaban con desconocidos. Una libertad que hoy resulta impensable para muchos padres, pero que tenía un gran valor formativo.

Sin adultos interviniendo en cada conflicto, debían resolver sus discusiones, negociar y tomar decisiones por sí mismos. También aprendían a diferenciar entre lo correcto y lo incorrecto sin supervisión constante. Incluso algo tan cotidiano como elegir qué programa ver en televisión suponía un pequeño ejercicio de responsabilidad.

«Muchos niños de los años 70 aprendieron habilidades para la vida que la crianza moderna prácticamente ha eliminado», afirma Slabbekoorn. Entre ellas, cuidar de sí mismos sin supervisión, evaluar riesgos o gestionar el aburrimiento. Precisamente, el aburrimiento formaba parte de la vida cotidiana. Sin pantallas que llenaran cada minuto libre, los niños inventaban juegos, construían cabañas o salían en bicicleta. Esta capacidad para entretenerse solos favorecía la creatividad y reforzaba la confianza en uno mismo.

Aprender autonomía a través de la incomodidad

Otro aspecto habitual era desplazarse solos. Muchos niños iban caminando al colegio, utilizaban el transporte público o hacían recados para sus padres. Estas experiencias contribuían a desarrollar el sentido de la orientación y la capacidad para detectar posibles peligros.

La gestión emocional también era muy diferente a la actual. En los años 70, los niños debían aprender a manejar por sí mismos la frustración, el enfado o la decepción. Los momentos de espera, los conflictos y los pequeños contratiempos formaban parte natural del aprendizaje.

Hoy en día, la crianza moderna pone el foco en el acompañamiento emocional constante. Aunque este enfoque tiene beneficios evidentes, también puede limitar en algunos casos la capacidad de los niños para enfrentarse a situaciones incómodas por sí solos.

Según Slabbekoorn, la incomodidad es una herramienta clave para desarrollar la resiliencia. Equivocarse, esperar, fracasar y volver a intentarlo ayuda a consolidar habilidades duraderas. Los niños de los años 70 también aprendían a ser pacientes: ahorraban durante semanas para comprar algo que deseaban y asumían que no todo podía obtenerse de forma inmediata.

¿Debemos volver a la educación de los años 70?

No se trata de reproducir exactamente un modelo educativo propio de otra época. Las preocupaciones relacionadas con la seguridad han cambiado y el entorno digital ocupa hoy un lugar central en la vida de los niños. Sin embargo, algunas enseñanzas siguen siendo relevantes. Dar más espacio a la autonomía, fomentar el juego libre y permitir un nivel razonable de riesgo puede ayudar a desarrollar una mayor independencia.

Como señala Zayda Slabbekoorn, las experiencias de la infancia moldean al adulto del futuro. Por eso, encontrar un equilibrio entre protección y libertad parece más importante que nunca. En la práctica, esto puede traducirse en acciones sencillas: permitir que el niño realice un trayecto corto por su cuenta, asignarle responsabilidades domésticas o reducir el tiempo de pantalla para favorecer momentos de aburrimiento creativo.

Al final, la clave no reside en una fórmula mágica. Está en la confianza que se deposita en los hijos. Porque, como recuerda YourTango, permitir que los niños experimenten el mundo por sí mismos sigue siendo una de las herramientas más poderosas para criar adultos verdaderamente autónomos.

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