Los psicólogos lo tienen claro: si creciste con padres demasiado duros, probablemente desarrollaste estos rasgos en la adultez

Publicado el Por El equipo editorial
Los psicólogos lo tienen claro: si creciste con padres demasiado duros, probablemente desarrollaste estos rasgos en la adultez © Shutterstock

El comportamiento de los padres durante la infancia puede influir mucho en la forma en la que actuamos de adultos. Algunas personas crecieron con padres emocionalmente inteligentes, que las animaban a expresar sus emociones. Otras, en cambio, tuvieron padres tóxicos que no validaban sus sentimientos. Para entender mejor algunas emociones actuales, a veces es útil mirar hacia el pasado. El objetivo es identificar el origen de algunos comportamientos. Aunque educar nunca es fácil, ciertos métodos pueden perjudicar la salud mental de los niños y generar traumas duraderos.

Si eras un niño inquieto, probablemente recibiste muchas reprimendas. Sin embargo, ser constantemente regañado puede crear inseguridades que permanecen durante años. La doctora Michele Leno advierte sobre este tipo de comportamiento, que considera tóxico. “Los niños necesitan un afecto equilibrado. Aunque es importante establecer límites y disciplina, una crianza autoritaria puede perjudicar la autoestima y la confianza del niño”, explica en un artículo publicado en Parade. Estos son los 8 rasgos que un niño puede desarrollar en la edad adulta cuando ha sido reprendido con frecuencia.

Dan demasiada importancia a la opinión de los demás

Los niños que reciben constantes críticas suelen desarrollar una baja autoestima. Después de escuchar reproches durante años, terminan creyéndolos y minusvalorándose.

“Las personas que sienten que fueron constantemente reprendidas en su infancia tienden a verse a sí mismas como insuficientes”, afirma la doctora Michele Goldman, psicóloga y asesora de comunicación de la Hope for Depression Research Foundation.

Añade que crecer en un entorno lleno de críticas hace que el niño sienta que nunca es suficiente y que debe esforzarse constantemente para cumplir las expectativas de sus padres.

Recibir gritos también puede llevar a pensar que necesitan la validación de los demás antes de hacer cualquier cosa.

“Estas personas pueden priorizar la aprobación externa, haciendo todo lo posible por agradar o buscando constantemente validación para sus decisiones”, explica la doctora Alexandra Stratyner, psicóloga.

Este comportamiento, cercano al perfil de los llamados people pleasers, refleja una necesidad de reconocimiento que faltó durante la infancia.

Quieren ser perfectos

Durante su infancia, estas personas sintieron muchas veces que no estaban a la altura. Por eso, es frecuente que en la adultez se vuelvan extremadamente perfeccionistas y necesiten que sus esfuerzos sean reconocidos.

“Las personas perfeccionistas desarrollan miedo al fracaso porque buscan la perfección para evitar críticas y decepciones. Este comportamiento provoca estrés y agotamiento”, señala la doctora Stratyner.

Para demostrar su valor, quienes crecieron siendo reprendidos también tienden a presumir de sus logros. Quieren demostrar que han conseguido las cosas gracias a su esfuerzo.

“Como entienden las consecuencias de decepcionar a los demás, se aseguran de destacar constantemente sus puntos fuertes”, explica la doctora Leno.

Estas personas suelen intentar “venderse” continuamente ante quienes les rodean, buscando demostrar su valor a toda costa.

Hablar de sus sentimientos es un tema tabú

Muchas de estas personas tienen dificultades para comunicarse porque crecieron creyendo que sus emociones no eran válidas.

“Si creces en un hogar donde el principal método de comunicación son las reprimendas, desarrollar una comunicación sana en la adultez resulta complicado”, afirma la doctora Goldman.

Por eso, suelen tener problemas para expresar lo que sienten y tienden a volverse más introvertidas, hasta el punto de llegar a desaparecer emocionalmente.

Este tipo de educación también afecta la gestión emocional. Les cuesta regular sus emociones porque crecieron viendo cómo sus padres tampoco sabían hacerlo.

El doctor Martinez explica que cuando un padre grita, muchas veces es porque no sabe gestionar sus propias emociones. Esto termina transmitiendo al niño la idea de que sus sentimientos deben quedar siempre en segundo plano.

Viven con ansiedad constante

Crecer recibiendo gritos y reprimendas constantes puede generar una profunda angustia emocional que continúa en la edad adulta.

Estas personas suelen ser extremadamente sensibles a las críticas y se toman los comentarios muy a pecho, a veces de forma excesiva.

“Pueden preocuparse constantemente o sentirse ansiosas sin motivo aparente. También suelen ser más sensibles a las reacciones de los demás y vivir con la sensación de que algo malo está a punto de pasar”, explica la doctora Goldman.

Los niños que crecieron siendo reprendidos también desarrollan miedo al conflicto y a la autoridad. Tienden a sentirse intimidados ante personas con poder y evitan situaciones conflictivas para no sufrir emocionalmente.

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