Me enteraba de todo por su voz" : el oficio que sostuvo tu pueblo y que hoy ha desaparecido

Me enteraba de todo por su voz» : el oficio que sostuvo tu pueblo y que hoy ha desaparecido

Una figura con tambor y voz clara marcó horarios, negocios y emergencias en los pueblos cuando casi nadie tenía radio.

En plena posguerra, la comunicación municipal dependía de una persona que recorría calles y plazas para que nada pasara desapercibido.

Un hilo de voz para unir a los vecinos

En la España rural de posguerra, con **escasez**, **aislamiento** y baja **alfabetización**, un oficio sostuvo la vida comunitaria: el **pregonero**. No hacía falta papel, ni antenas, ni imprenta. Bastaba un recorrido conocido, un **tambor** o una **trompeta** para llamar, y una voz que proyectara mensajes comprensibles para todos. Ese sistema convirtió la calle en un espacio de comunicación pública donde se decidían turnos, se activaban avisos y se movía el dinero del pequeño comercio.

El pregonero fue el tablón de anuncios de los pueblos cuando la **radio** no llegaba y la **prensa** apenas circulaba.

El **ayuntamiento** utilizaba su servicio para difundir **bandos**, y los particulares lo contrataban para ventas, subastas o pérdidas de animales. La población conocía el itinerario y salía a ventanas y portales al oír la señal. La plaza se volvía ágora, y el **mensaje** quedaba sellado con fórmulas que aportaban legitimidad: “Se hace saber…”, “De parte del señor alcalde…”.

Cómo trabajaba: ruta, señales y fórmulas

La jornada del pregonero se medía por pasos y por ecos. Repetía el mensaje varias veces, en puntos fijos, a horas pactadas con el consistorio o con quien encargaba el anuncio. El objetivo: que ningún vecino quedara fuera.

  • Itinerario fijo por **calles** y **plazas** con mejor acústica.
  • Toque de **tambor**, **cornetín** o **campanilla** antes de hablar.
  • Fórmula de apertura que otorgaba carácter **oficial** al aviso.
  • Repetición del mensaje en varios puntos para garantizar alcance.
  • Tarifa pública para encargos privados, controlada por el **concejo**.

Claves del pregón: claridad, repetición y un lenguaje directo que cualquiera pudiera entender a la primera.

Información, control y economía local

El pregonero sostenía la **organización cotidiana**. Anunciaba cortes de **agua** o **luz**, turnos de **riego**, plazos para pagar contribuciones, **subastas** de leña o ganado, hallazgos y pérdidas de objetos, o la llegada de **comerciantes ambulantes**. En zonas agrícolas, estos avisos ordenaban campañas, jornales y cooperativas. Su voz también servía de recordatorio fiscal y, en ocasiones, de disuasión, cuando transmitía sanciones o advertencias de orden público.

Todo se hacía bajo autorización municipal. La autoridad definía lugares de pregón, limitaba horarios y fijaba costes. Así garantizaba que la **información pública** circulase con prioridad sobre la privada y que no se saturara el espacio sonoro del pueblo.

Ámbito Mensaje de entonces Equivalente actual
Servicios Corte de **agua** mañana de 9 a 12 App de **bandos** o aviso por **SMS**
Campo Turnos de **riego** por barrios Grupo de mensajería o panel digital
Economía **Subasta** de madera el domingo Portal municipal o redes locales
Seguridad Advertencia de sanciones y horarios Bando electrónico y megafonía

Del auge al silencio: por qué se apagó la voz

A partir de la segunda mitad del siglo XX, el pregón perdió utilidad. La expansión de la **radio**, el aumento de la **alfabetización** y la mejora de **carreteras** y **reparto de prensa** abrieron nuevas vías de información. Los consistorios incorporaron **megafonía** fija en los edificios o vehículos con altavoces que difundían mensajes grabados, más baratos y rápidos. En muchos municipios, los últimos pregoneros dejaron de recorrer las calles en la década de 1970.

El cambio fue también cultural. Las nuevas tecnologías trajeron otra idea de urgencia, otra forma de escuchar la autoridad y otras rutinas. El pregonero sobrevivió en las **fiestas** como maestro de ceremonias del **pregón inaugural**, ya más cercano al acto simbólico que al trabajo diario.

De servicio esencial a memoria festiva: la figura del **pregonero** pasó de herramienta de gestión a patrimonio emocional.

Lo que queda hoy: memoria, fiestas y oportunidades

En 2026, su figura cuelga de fotografías antiguas y de relatos familiares. Pero esa experiencia deja aprendizajes útiles. La **claridad del lenguaje**, la **proximidad** del mensajero y la **repetición** del aviso siguen marcando la diferencia en emergencias locales o en campañas de salud pública. Muchos ayuntamientos ya usan **bandos digitales**, paneles en farmacias y tiendas, o listas de difusión para replicar esa capilaridad que antes garantizaba una sola voz con tambor.

Un legado útil para 2026

  • Lenguaje llano: sustituir tecnicismos por frases breves y **verbos de acción**.
  • Rutas y horarios: publicar tramos y horas de avisos en **barrios** y **pedanías**.
  • Señal sonora previa: usar una **melodía** o tono reconocible en megafonía municipal.
  • Red de repetición: combinar **app**, **SMS**, cartel y anuncio en comercios clave.
  • Fuente única: centralizar el **bando** para evitar contradicciones y rumores.

Si el pregonero era un canal, hoy el reto consiste en coordinar canales múltiples con la misma disciplina del pasado.

Cómo sería un pregón hoy y qué puedes hacer en tu pueblo

Un bando moderno puede mantener la estructura clásica y mejorar la eficacia. Por ejemplo: aviso sonoro breve, encabezado que identifique la **autoridad**, mensaje con fecha, hora y acción concreta, y cierre con punto de información presencial para dudas. Ese patrón reduce errores y acelera la respuesta vecinal.

Una simulación práctica para un municipio pequeño: programar un aviso sobre cortes de **tráfico** con tres emisiones por altavoz fijo (mañana, mediodía y tarde), envío simultáneo por **SMS** a teléfonos registrados y colocación de tarjetas de 200 caracteres en comercio local. Coste reducido, cobertura amplia y mínima dependencia de la conexión de datos.

Riesgos y ventajas a considerar

  • Riesgo de **sobrecarga**: demasiados avisos restan atención. Conviene un calendario y filtros temáticos.
  • Privacidad: gestionar con cuidado los datos de **contacto** y ofrecer bajas fáciles en las listas.
  • Accesibilidad: incluir formatos **sonoros** y **textos** de alta legibilidad para mayores.
  • Ventaja comunitaria: un canal fiable reduce **rumores** y mejora la respuesta ante emergencias.

Queda una opción con valor pedagógico: recuperar el **pregón** como experiencia escolar o de asociaciones culturales para trabajar **memoria oral**, dicción y conocimiento del municipio. Preparar un texto con “Se hace saber…”, recorrer el trayecto histórico y grabar el resultado crea archivo local y acerca a jóvenes y mayores en torno a la comunicación pública.

Si tu pueblo estudia reactivar avisos sonoros en eventos o contingencias, conviene medir la **acústica** de las plazas, definir puntos de emisión y capacitar a una persona responsable. Aquel oficio enseñó que un mensaje claro, en el lugar indicado y a la hora justa cambia el día de toda una comunidad.

1 thought on “Me enteraba de todo por su voz» : el oficio que sostuvo tu pueblo y que hoy ha desaparecido”

  1. Qué bonito recordar al pregonero. En mi pueblo de León todavía mi madre dice “se hace saber…”. Sin antenas ni papeles, pero todo el mundo se enteraba. Me encantó cómo explicais las rutas y el toque de tambor; era pura logística vecinal. Ojalá recuperemos esa claridad en los bandos digitales.

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