7 costumbres que podrían tener en común las personas que no soportan el desorden , según la coach de vida y bienestar Jan Bowen
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Para algunas personas, ordenar es una tarea pesada. Para otras, en cambio, es casi un reflejo diario, una forma de sentirse bien. La coach de vida y bienestar Jan Bowen explica en el medio Your Tango que las personas especialmente ordenadas no buscan únicamente limpieza o estética, sino que utilizan la organización como una forma de dar coherencia a su entorno, a su mente e incluso a sus emociones. Cuidar del espacio propio puede generar una auténtica sensación de calma. “Mi casa se ha convertido en mi santuario”, explica la experta.
Existe una conexión real con el bienestar. Un entorno desordenado puede aumentar la carga mental y el estrés, mientras que un espacio organizado favorece la concentración y la sensación de control. Sin embargo, hay que diferenciar entre ser una persona ordenada y sufrir un trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Según el Inserm, los TOC son trastornos psicológicos caracterizados por pensamientos intrusivos y comportamientos repetitivos que generan malestar significativo e interfieren en la vida diaria. Por tanto, disfrutar del orden no implica necesariamente una obsesión. Pero quienes son muy ordenados suelen compartir estos 7 hábitos sorprendentes.
Estos son los 7 hábitos que comparten las personas muy ordenadas
- Transforman la limpieza en una forma de meditación.
- Supervisan constantemente su entorno.
- A menudo tienen sus mejores ideas mientras ordenan.
- Detectan detalles que otras personas no ven.
- Necesitan tocar y organizar lo tangible.
- Buscan de forma instintiva la armonía visual.
- Encuentran en el orden una sensación de control y seguridad.
Según Jan Bowen, las personas que no toleran el desorden suelen ver el acto de ordenar como una forma de meditación. Tareas repetitivas como hacer la cama, doblar ropa o reorganizar una habitación ayudan a ralentizar el ritmo y centrarse en el presente. Incluso se menciona la influencia del monje budista Thich Nhat Hanh, que defendía las tareas cotidianas como una forma de practicar la atención plena.
Otra característica es su gran sensibilidad al entorno: detectan rápidamente pequeños detalles que otros pasan por alto, como objetos desplazados o espacios que podrían mejorarse. Esta atención constante les permite anticipar problemas antes de que se agraven. La coach también destaca que muchas de estas personas utilizan el orden como vía de expresión creativa: “las manos ocupadas abren espacio creativo”. Mientras limpian o reorganizan, a menudo encuentran soluciones a problemas o nuevas ideas. Para ellas, el orden no solo es funcional, también estimula el pensamiento. Además, mantienen una relación muy concreta con su entorno físico, lo que les ayuda a reconectar con lo real en un mundo dominado por pantallas.
Entre los hábitos identificados, uno se repite con frecuencia: la necesidad de crear un entorno seguro. Las personas muy ordenadas valoran la armonía visual y la previsibilidad de su espacio. Saber dónde está todo y anticipar el día a día les aporta tranquilidad.
Este sentido del orden suele ir acompañado de orgullo: muchas personas ven su hogar como una extensión de sí mismas, un reflejo de sus valores y su estilo de vida. La experta Marie Kondo ha popularizado precisamente esta idea de que la organización del hogar influye directamente en el bienestar emocional.
Quizá el hábito más revelador es el último: el placer de sentir control. “No puedo traer la paz al mundo, pero sí puedo aportar paz, orden, alegría y placer a mi pequeño mundo privado”, afirma Bowen. Ante la incertidumbre de la vida, ordenar el entorno se convierte en una forma de recuperar estabilidad.
Los expertos, no obstante, recomiendan mantener el equilibrio: lo que empieza siendo un hábito saludable puede volverse problemático si genera ansiedad o impide disfrutar del día a día. Disfrutar del orden, de los espacios limpios y de la armonía visual no es preocupante, siempre que no se convierta en una obligación constante, sino en una fuente de bienestar.
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