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El gran día de Nicolas Ghesquière en Louis Vuitton

por El equipo editorial Creado en 5 de marzo de 2014
El gran día de Nicolas Ghesquière en Louis Vuitton© Getty

"Hoy es un nuevo día. Un gran día". Así rezaba la nota que Ghesquière ha dejado a los invitados de su primer desfile para Louis Vuitton. El diseñador encara esta nueva era con humildad y emoción, sentimientos que ha transmitido a una colección cuya intención ha sido mirar al futuro sin dejar de crear prendas eternas. Así es Vuitton según Ghesquière

Ghesquière ha vuelto. Y de la misma manera que renovó Balenciaga respetando su legado, el diseñador llega a Vuitton con ideas nuevas, pero dejando claro que valora la historia escrita por Marc Jacobs en la firma. Esta es su declaración de intenciones:

El debut de Ghesquière © Getty

Una transición nunca es fácil, y Ghesquière ha preferido llevarla a cabo de manera indolora. Vuitton está ahí, la riqueza de sus tejidos, sus acabados impecables... y Ghesquière también está ahí, pero un poco menos. La sensación de falta de riesgo es inevitable, pero ir a lo seguro en un debut de estas características, no es una mala apuesta. Sin embargo, y aunque Nicolas es deudor del trabajo de Marc Jacobs, el creador deja claro que los escenarios dramáticos y grandilocuentes que nos brindaba Jacobs y su inigualable sentido del espectáculo, se han quedado en la recámara... al menos de momento, pues el patio cuadrado del Louvre, donde ha tenido lugar su puesta en escena, se ha vestido de minimalismo.

Freja Beha Erichsen ha sido la encargada de abrir el desfile, con una salida que sentaba las bases de lo que íbamos a ver: aires sesenteros en botas altas, minivestidos, paillettes y abrigos de cuero y cocodrilo. Una inspiración que ha ido derivando a diseños más vaporosos, de la mano de unos vestidos fluídos con mangas de vuelo y estampados con flores estilo tapiz dieciochesco. El componente tribal también ha estado presente, no en las prendas pero si en los grandes collares y los maxipendientes. Así es la fusión de Ghesquière, un mundo en el que los pitillos de vinilo se combinan con los bolsos clásicos de la maison, quizá para proponer una nueva mujer con un guardarropa que reúne las características soñadas por todo diseñador: tendencias y atemporalidad. Reflejo de esta idea son los minivestidos que han cerrado el desfile, compuestos por un escotadísimo cuerpo de cuero y una cortísima falda de tweed con abertura lateral. Enseñar piel es la idea, y Ghesquière sabe darnos las herramientas para hacerlo con estilo.

La era de Ghesquière ha comenzado.

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