Aprender a ser paciente

Publicado por Elena Bonet
Publicado en 5 de julio de 2009

Una cola demasiado larga, un amigo que llega tarde, encuentras que la lentitud de tu ayudante te desespera... Queda claro que la paciencia no es tu fuerte. Sin embargo, en el día a día, ser paciente puede ser muy beneficioso y nos puede ayudar a vivir con serenidad. A continuación te proporcionamos algunos consejos para adquirir esta cualidad tan preciada.

¿De qué sirve la paciencia?
La paciencia es la capacidad de perseverar, de ser constante en un proyecto como esperar sin perder los nervios y es muy necesaria en el día a día, pues nos permite afrontar miles de momentos de espera del día o de la vida con tranquilidad.


¿Cómo aprender a ser paciente?
Lo importante no es hacerlo aprisa y corriendo, sino marcarse unos objetivos pequeños, muy concretos, en situaciones que conoces bien.

>Situaciones diarias que no dependen de ti
Para no perder la paciencia en estas situaciones, la clave está en relativizar e intentar ver el lado positivo de la escena. Una cola demasiado larga puede convertirse en la ocasión perfecta para hablar con tu hijo, que te ha acompañado a hacer la compra, o para observar cómo van vestidas las personas de tu alrededor. Si estás en la calle, ¿por qué no alzas la vista para contemplar de verdad el lugar en el que te encuentras y en el que ya has estado mil veces? Seguro que descubres nuevos detalles. Sino, puedes intercambiar palabras con tus vecinos de cola para quejarte precisamente de lo lento que avanza, de la falta de organización... Puedes provocar un sentimiento de convivencia incluso estando descontento.

>Si la situación de espera se debe a tu entorno
Tu niño, que anda muy espacio; un colega lento; tu pareja, que nunca está lista mientras tu ya estás preparada para salir desde hace rato; una persona mayor que no encuentra las palabras... Las ocasiones son múltiples y, a pesar de la buena voluntad y el afecto que sientes por tus allegados, te gustaría que las cosas se desarrollaran más rápido. En ese caso, si sabes de antemano que te vas a poner de los nervios, adelántate al problema e intenta hablar con la persona en cuestión, explícale por qué no debe sentirse herida si manifiestas tu nerviosismo. A ser posible, mantente ocupada con algo mientras esperas. Así no tendrás la sensación de haber perdido tanto el tiempo.

Sé realista

Roma no se construyó en un día, no creas que vas a ser paciente así, de repente y que haciéndole ver a la otra persona lo lenta que es, irá más rápido o el bebé dejará de llorar por las noches en un par de días. Ser realista quiere decir aceptar el hecho de que no vas a cambiar de pareja y que los acontecimientos a menudo no dependen de ti, pero también que a veces las cosas pueden mejorarse. Así que no dudes en proponer medios concretos para que, si es posible, la situación fluya más rápido. Avanzar en lo concreto permite descentrarse del propio sentimiento de impaciencia y evita ser todavía más impaciente.

Cuando las cosas no dependan de ti y, por lo tanto, no puedas hacer nada para remediarlo, sé flexible. Seguro que es más fácil decirlo que hacerlo, pero te resultará muy útil. No eres un genio, tu intervención o tu impaciencia no harán que todo vaya más rápido, así que como ya lo sabes, fija tu atención en otro punto diferente de donde se concentra tu tensión, realiza otras cosas. Además, te servirá para aprender a tolerar los defectos de los demás. Como dijo un poeta: «Más vale paciencia y tiempo que rabia o fuerza...»