No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy…

Publicado por Maren Agirregomezkorta
Publicado en 10 de octubre de 2008

Esta tendencia que consiste en dejar para el día siguiente lo que podría hacerse antes puede expresarse en diferentes campos: en el profesional, en la vida diaria y a nivel afectivo.

Las tareas, las compras, las facturas... Ya lo haré mañana. ¿Quién no ha dejado para más tarde algo que podía haber hecho antes? Se trata de procrastinación. Aquí tienes algunos consejos para comprender y cambiar esta tendencia que puede envenenarnos la vida.

Las causas de este mal hábito
Esta tendencia que consiste en dejar para el día siguiente lo que podría hacerse antes puede expresarse en diferentes campos: en el profesional, en la vida diaria y a nivel afectivo.
Para librarse de ella, es importante buscar los orígenes. Contrariamente a lo que se piensa, la procrastinación, que a veces va acompañada de una gran culpabilidad y una parálisis para actuar, en raras ocasiones está vinculada a la pereza y muy a menudo a una forma de ansiedad.
> El miedo al fracaso: frente a ciertas decisiones, proyectos o misiones, podemos sentirnos incompetentes y temer no estar a la altura y recibir críticas. Entonces, ponemos en práctica la técnica del avestruz y no nos enfrentamos a lo que debemos.
> La necesidad de la perfección: una fiesta a organizar, una idea a poner en práctica Todo debe ser perfecto. Este deseo de éxito absoluto y de objetivos casi inalcanzables puede inhibir la perfeccionista que llevas dentro.
> El temor al éxito: puede parecer paradójico... Pero sí, alcanzar los objetivos puede angustiar a quienes temen la depresión de la acción cumplida y a los hiperactivos. Está vinculado al miedo al vacío. El hecho de no hacer nada permite retrasar este plazo.
A saber: este hábito tampoco es tan dramático. Hay personas que sólo funcionan bajo la influencia del estrés e incluso les parece estimulante esta subida de adrenalina relacionada con la urgencia.

¡Consejos para aprender a actuar enseguida!
> Tener confianza en una misma: ¡Es más fácil decirlo que hacerlo! La procrastinación a menudo está vinculada a una falta de autoestima y a una infravaloración de las competencias. En estos casos es importante aprender a hacer un trabajo sobre sí misma, sola o con la ayuda de un terapeuta.
> Gestionar mejor el tiempo: ¡El reloj es tu peor enemigo! Para evitar que los minutos y los días pasen volando, aprende a organizarte. Haz listas con las cosas que debes hacer, pero fíjate objetivos razonables. Es preferible empezar con 3 o 4 cosas para hacer durante el día que desmoralizarse con una enumeración interminable de objetivos para alcanzar. ¡Sin olvidar el placer que sentirás al ir tachando las tareas realizadas!
> Liberarse de los parásitos: es increíble cómo encontramos cosas para hacer cuando no queremos centrarnos en la tarea principal. Llamamos por teléfono, nos ponemos a ordenar los zapatos, navegamos en Internet... ¡Stop! Identifica estas distracciones y elimínalas, corre el riesgo de desconectar del mundo exterior dejando el contestador automático encendido, por ejemplo.
> Proyectarse…
Imagina unos segundos el sentimiento de bienestar que experimentarás cuando hayas acabado las famosas tareas que te paralizan. Piénsalo y pon todo en práctica para conseguirlo lo más rápidamente posible.

De todos modos, no podrás cortar, así que, ¡mejor actuar con rapidez y no retroceder para saltar mejor!