¿Tu rostro ha cambiado con la menopausia? Estos son los signos que pueden explicar ese aspecto “triste”

Publicado el Por El equipo editorial
¿Tu rostro ha cambiado con la menopausia? Estos son los signos que pueden explicar ese aspecto “triste” © Shutterstock

Con la edad, la piel cambia y también lo hacen los volúmenes del rostro. Como sabemos, la flacidez cutánea puede dar la sensación de que la cara se descuelga y que los contornos están menos definidos que antes. Al mismo tiempo, la piel se seca y se vuelve más fina, lo que hace que se vea más seca y sea más propensa a las pequeñas arrugas de deshidratación, además de adquirir un aspecto más apagado.

Sin embargo, cuando llegamos al punto de no reconocernos en el espejo porque observamos cambios drásticos en muy poco tiempo, podríamos estar ante lo que Elena Dell’Utri, una facialista que ha popularizado este fenómeno en sus redes sociales, denomina «síndrome de la cara triste».

Los síntomas para identificar el «síndrome de la cara triste»

«Si tienes más de 40 años, ya has vivido experiencias difíciles y periodos de estrés a lo largo de tu vida. Estas emociones negativas se han expresado a través de los músculos de tu rostro y se han quedado fijadas en ellos con el paso del tiempo», explica la facialista Elena Dell’Utri.

Aunque, por supuesto, podemos notar esta tensión facial que provoca el síndrome, también existen algunos síntomas que pueden ayudarnos a identificarlo y que la experta ha enumerado.

Entre ellos, destaca el aspecto particular del rostro: una expresión triste, pero también un aspecto tenso o «cerrado». Por último, señala que, por lo general, se trata de un rostro en el que las arrugas de expresión se marcan cada vez más y terminan instalándose de forma permanente.

La experta precisa que esto también está relacionado con la disminución de los estrógenos con la edad, que provoca una reducción de la serotonina, la hormona relacionada con el bienestar.

El «síndrome de la cara triste», una consecuencia de los cambios hormonales

Como señala la facialista, estos cambios son consecuencia directa de las alteraciones hormonales que experimentamos durante la menopausia e incluso durante la perimenopausia, algo que a menudo olvidamos.

Explica que la disminución de los estrógenos provoca una peor circulación sanguínea, lo que priva a la piel de hidratación y también a las células cutáneas del oxígeno y los nutrientes esenciales.

Según ella, las consecuencias no tardan en aparecer: tono apagado, piel seca que se marca con facilidad y envejece más rápido. También asegura que, paralelamente, se produce una mala circulación linfática que impide que la linfa transporte y elimine correctamente las toxinas.

«Debido a las variaciones hormonales, este líquido y las toxinas se estancan en el rostro», explica. La cara se vuelve hinchada y congestionada, y aparecen inflamaciones más localizadas, especialmente en la zona de la papada y las bolsas de los ojos.

El estancamiento de toxinas también contribuye a que el tono de la piel se vea apagado. Esta hinchazón facial favorece además la flacidez del rostro, ya que este pesa más mientras la piel se encuentra más debilitada. Por último, la disminución de los estrógenos también provoca una rápida reducción de la producción de colágeno de la piel. «Empieza con mucha intensidad durante la perimenopausia y después se acelera con la menopausia», señala la facialista.

Durante los primeros cinco años de la menopausia se produce una disminución del 30 % del colágeno, lo que hace que la piel se vuelva más fina, el óvalo facial se descuelgue y las arrugas se profundicen.

Los 4 movimientos de automasaje de la facialista

Para combatir estos efectos negativos de la perimenopausia y la menopausia sobre el aspecto del rostro, la facialista propone sencillos movimientos que pueden realizarse a diario para ralentizar esta transformación y ayudar también a reducir el «síndrome de la cara triste» cuando ya está presente.

Para empezar, recomienda realizar masajes de alisado en el cuello, comenzando en la barbilla y recorriendo la línea de la mandíbula hasta terminar en el escote. Estos movimientos ayudan a relajar la tensión del rostro para conseguir una expresión más abierta y reducir ese aspecto triste característico del síndrome.

También aconseja realizar un movimiento de drenaje mediante pequeños pellizcos desde la barbilla hacia la zona situada debajo de las orejas, con el objetivo de eliminar las toxinas que se acumulan en el rostro. Estos movimientos ayudan a reducir la hinchazón y a iluminar el tono de la piel.

Asimismo, recomienda masajear la barbilla realizando movimientos de alisado desde el centro hacia el exterior del rostro, para reafirmar la zona y ayudar a redefinir el óvalo facial.

Por último, para combatir las arrugas de expresión muy marcadas, aconseja fruncir los labios para reducir las arrugas verticales que aparecen alrededor de la boca —conocidas como «código de barras»— y que acentúan el aspecto tenso del rostro.

Acerca del autor El equipo editorial