La señal nº1 del síndrome del impostor que explica por qué nunca llegas a creer en tus logros

Publicado el Por El equipo editorial
La señal nº1 del síndrome del impostor que explica por qué nunca llegas a creer en tus logros © Shutterstock

En cualquier etapa de la vida, la duda puede ayudarnos a crecer o hacernos más prudentes, pero también puede llegar a consumirnos. Según un estudio de psicología realizado por Kevin Chassangre y publicado en el portal Thèses, entre el 62 % y el 70 % de la población llegará a cuestionar, al menos una vez en su vida, si realmente merece el lugar que ocupa. En el trabajo, con amigos o incluso en la intimidad, estos pensamientos suelen ir acompañados de la sensación de estar engañando a los demás, de interpretar un papel o de llevar una máscara que termina formando parte de nuestra identidad.

En esa especie de obra de teatro que es la vida, aparece entonces el miedo constante a ser descubierto. Pensamientos como «Tengo una buena vida y un trabajo que me gusta, pero no lo merezco» se convierten en un diálogo interno permanente.

Este mal invisible ataca la autoestima de forma profunda: ningún éxito parece fruto del esfuerzo o del talento propio. Todo se atribuye a la suerte o al azar. Ese fenómeno tiene nombre: síndrome del impostor, un problema que durante años se ha minimizado y que hoy empieza a reconocerse como una experiencia psicológica con un gran impacto emocional. De hecho, el estudio lo define como una forma de «modestia patológica».

Cuando el síndrome del impostor se convierte en una experiencia personal

El documentalista, presentador y escritor Olivier Delacroix aborda este tema en su libro Le syndrome de l’imposteur, publicado por Fayard.

A través de su protagonista, Théo Sorgues, explora este profundo malestar interior con un relato que mezcla ficción y experiencias reales. No se trata de ser un impostor que engaña deliberadamente ni simplemente de tener poca seguridad en uno mismo, sino de un mecanismo de protección que acaba desconectando a la persona de su propia realidad.

En la contraportada del libro se resume así: «El síndrome del impostor somos tú y yo. Son mujeres y hombres que viven con una falta de confianza en sí mismos que puede hacerles tambalearse, incluso perder el rumbo. En el trabajo, en la familia o en el amor, este síndrome nos acerca al riesgo de caer, pero también puede impulsarnos a superarnos».

El síndrome del impostor no es lo mismo que tener inseguridades

Todos sentimos dudas en determinados momentos: antes de un examen, una competición, una entrevista o una presentación importante.

Como explica Delacroix: «La falta de confianza puede aparecer en cualquier momento de la vida de forma puntual.»

En estos casos, la inseguridad depende de una situación concreta y suele desaparecer cuando pasa ese momento.

Sin embargo, el síndrome del impostor funciona de otra manera. «No es necesariamente comparable a la falta de confianza, que puede estar relacionada con la intensidad de un acontecimiento que vamos a afrontar.»

Se trata de un estado mucho más profundo y persistente. La persona siente que no ocupa el lugar que merece, que no es legítima, y esa percepción termina provocando una falta de confianza prácticamente permanente.

En otras palabras, la duda ya no gira en torno a lo que hacemos, sino a quiénes creemos ser.

La señal nº1 que no deberías ignorar

Entre los distintos síntomas del síndrome del impostor, Olivier Delacroix destaca uno por encima de todos. «Creo que es el aspecto más problemático del síndrome del impostor: uno acaba alejándose de su propia realidad; entra en un estado de disociación.» Este fenómeno suele aparecer especialmente en entornos muy exigentes, como el ámbito profesional, los medios de comunicación o puestos de gran responsabilidad, donde la presión por rendir es constante.

En esos casos, la persona actúa como si estuviera interpretando un personaje. Aunque tenga éxito, nunca siente que realmente le pertenece. Vive con la impresión de llevar una máscara y con un sentimiento permanente de culpa.

De esa desconexión nace uno de los mayores miedos del síndrome del impostor: ser desenmascarado, que los demás descubran un supuesto engaño que, en realidad, nunca ha existido.

Un círculo vicioso que puede llegar a ser peligroso

Una vez instalado, el síndrome alimenta un mecanismo muy difícil de romper.

Según Delacroix: «Es un círculo vicioso porque también afecta a la confianza que tenemos en nosotros mismos.»

Cuanto más duda la persona de sí misma, más permanece en un estado de alerta constante, pendiente de cualquier error que confirme sus peores pensamientos.

Esta hipervigilancia acaba convirtiéndose en una forma de vivir. Paradójicamente, ese miedo a ser descubierto puede llevar a muchas personas a exigirse cada vez más. «Este síndrome tiene la capacidad de mantenerte en un estado de hipervigilancia para no ser desenmascarado. Como dudas de ti mismo, te empuja hacia la excelencia.»

Sin embargo, el coste psicológico puede ser muy elevado. La baja autoestima, la ansiedad, el sufrimiento emocional, la tendencia a minimizar constantemente los propios logros y la sensación de no estar siendo uno mismo pueden desembocar, si no se reconocen y tratan, en agotamiento emocional, depresión o una profunda desconexión con la propia identidad.

Para Olivier Delacroix, el primer paso consiste en «reencontrarse con uno mismo», aceptar esa realidad y empezar a respirar con mayor libertad.

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