¿Siempre eliges el mismo sitio para sentarte? Este es el curioso significado emocional que tiene este hábito, según los expertos
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Según el diario AS, esta preferencia de sentarte siempre en el mismo sitio podría tener algo que ver con distintos comportamientos: la necesidad de previsibilidad, la búsqueda de referencias conocidas, el sentimiento de pertenencia o incluso el deseo de mantener un espacio personal. Eso sí: elegir siempre la misma silla no permite, por sí solo, establecer un retrato psicológico de una persona.
Los estudios de psicología ambiental muestran, sin embargo, que la elección de un lugar no es completamente neutra. Un estudio publicado en Environment and Behavior, realizado por Naz Kaya y Brigitte Burgess, analizó las preferencias de asiento de varios estudiantes y su relación con el concepto de territorialidad. Los responsables de este estudio se dieron cuenta de que algunas personas desarrollaban una preferencia por un lugar concreto y que, en determinadas configuraciones, los asientos situados en los extremos estaban más relacionados con la necesidad de delimitar un territorio propio.
¿Un sitio favorito? Ese hábito que puede dar sensación de seguridad
Detrás de esta costumbre puede existir, en primer lugar, una búsqueda de estabilidad.
Volver a un lugar conocido elimina una pequeña decisión de la vida cotidiana y permite saber inmediatamente dónde vamos a sentarnos. Este mecanismo puede resultar especialmente reconfortante en entornos en los que muchas cosas son imprevisibles: una reunión de trabajo, una comida con varias personas o un lugar muy concurrido.
Por tanto, no tiene por qué tratarse de una necesidad de controlar a los demás. Puede ser, simplemente, una forma de volver a un lugar familiar que nos hace sentir bien.
Esta dimensión está relacionada con las investigaciones sobre el espacio personal. En un estudio publicado en Frontiers in Psychology, varios investigadores analizaron cómo las personas eligen dónde sentarse en una cafetería, teniendo en cuenta factores como la distancia respecto a los demás, el contacto visual o el grado de intimidad.
Los resultados mostraron que los participantes podían preferir lugares que les permitieran mantener una mayor distancia con otros clientes o disponer de más privacidad.
En otras palabras, el lugar que elegimos puede contribuir a nuestra sensación de comodidad dentro de un entorno social.
«¡Este es mi sitio!»: cuando una silla se convierte en territorio
Cuando una persona se sienta automáticamente en el mismo lugar, puede llegar a considerarlo como su territorio. No necesita decir expresamente que esa silla le pertenece: la repetición del comportamiento basta para crear una especie de regla implícita.
En un grupo que se reúne con frecuencia, como una familia, cada miembro acaba conociendo las costumbres de los demás.
Esta idea también aparece en investigaciones sobre territorialidad que analizaron los lugares ocupados por estudiantes en dos aulas universitarias durante varias sesiones. Los investigadores observaron que los estudiantes apenas cambiaban de sitio de una sesión a otra y que, con el tiempo, aparecían pequeños territorios dentro del propio espacio colectivo.
Socialización: una manera discreta de encontrar nuestro lugar en un grupo
Dentro de un grupo, el lugar que ocupamos puede terminar asociado a una determinada función: estar en el centro de las conversaciones, permanecer algo más al margen, sentarse cerca de una persona concreta o mantener cierta distancia respecto a los demás.
Así, el lugar se convierte en una pequeña referencia que ayuda a organizar las interacciones, sin que necesariamente tengamos que decidirlo de forma consciente.
Las investigaciones sobre la distribución de los asientos muestran, además, que la elección de una silla puede estar condicionada por la relación que queremos mantener con las personas que nos rodean.
En el estudio realizado en cafeterías, los investigadores analizaron precisamente las expectativas relacionadas con la intimidad y la privacidad para comprender por qué algunos asientos resultaban más atractivos que otros.
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