¿Sueles pedir perdón por todo? Los expertos explican qué puede esconder en realidad este hábito
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Decir «perdón» por preguntar, pedir algo o simplemente haber necesitado unos segundos de la atención de alguien puede parecer una muestra de educación. Sin embargo, cuando las disculpas se convierten en algo recurrente, pueden tener otro significado. Algunas personas han adquirido el hábito de disculparse incluso antes de que surja un problema. Como si temieran continuamente molestar o provocar una reacción negativa.
Este comportamiento lleva varios años siendo estudiado por los psicólogos. Las investigaciones citadas por Ok Diario muestran, en particular, que las personas que piden perdón muy a menudo pueden ser percibidas como más cálidas, pero también como menos capaces de actuar con seguridad. No obstante, hay que matizar: disculparse con frecuencia, por sí solo, no permite diagnosticar un problema psicológico. Este hábito puede, sin embargo, estar relacionado con una percepción negativa de uno mismo, así como a una tendencia a sentirse responsable de situaciones que no lo requieren.
Cuando «perdón» se convierte en un reflejo
Un estudio realizado por Karina Schumann, Emily Ritchie y Amanda Forest, publicado en Personality and Social Psychology Bulletin, analizó las consecuencias sociales de disculparse con frecuencia. Los investigadores compararon cómo se percibe a las personas que tienden a disculparse mucho con aquellas que lo hacen con menor frecuencia. Las primeras eran consideradas más cálidas, pero también menos asertivas. En otras palabras, una persona que pide perdón constantemente puede transmitir la imagen de alguien amable. Pero también de alguien que tiene más dificultades para hacerse valer.
Este mecanismo puede resultar especialmente visible en situaciones cotidianas. Decir «perdón» antes de pedir algo puede convertirse así en un acto automático.
Otro estudio, llevado a cabo por Karina Schumann y Michael Ross y publicado en Psychological Science, analizó el umbral a partir del cual una persona considera que una situación merece una disculpa. Los investigadores pidieron, entre otras cosas, a los participantes que registraran las ofensas que habían cometido, así como aquellas por las que se habían disculpado. Observaron que la diferencia no se encontraba en la proporción de ofensas que habían dado lugar a disculpas, sino más bien en la manera de percibir qué constituía una ofensa.
Por tanto, una persona que se disculpa mucho puede considerar problemáticas situaciones que otras personas ni siquiera interpretarían como una falta. El reflejo ya no se limita únicamente a los errores reales. También puede afectar al hecho de expresar una opinión, pedir ayuda o hacerse un espacio en una conversación.
Un hábito que puede reflejar falta de seguridad
Según las explicaciones recogidas por Ok Diario, esta tendencia puede estar relacionada, entre otras cosas, con mecanismos aprendidos durante la infancia. En determinados entornos, una persona puede aprender a anticiparse a los reproches o los conflictos disculpándose antes incluso de que alguien le haga una observación. Con el tiempo, esta reacción puede convertirse en automática.
El día a día puede quedar entonces marcado por una especie de sentimiento de culpa permanente. La persona intenta evitar molestar y vigila constantemente las reacciones de quienes la rodean. Puede acabar considerando que debe disculparse por comportamientos perfectamente legítimos.
Sin embargo, es importante no convertir esta observación en un diagnóstico. No todas las personas que dicen «perdón» con frecuencia tienen necesariamente una baja autoestima. Los estudios muestran sobre todo relaciones entre la frecuencia de las disculpas, la percepción de uno mismo y la manera en que los demás evalúan a la persona.
Para romper este reflejo, un primer paso consiste en sustituir algunas disculpas automáticas por expresiones más neutrales. «Gracias por esperar» puede sustituir a «perdón por el retraso». «Gracias por escucharme» puede ocupar el lugar de «perdón por hablar tanto». El objetivo no es dejar de disculparse para siempre, sino reservar las disculpas para aquellas situaciones en las que realmente sean necesarias.
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