Ni gazpacho ni salmorejo: esta es la sopa fría que preparaban nuestras abuelas para dormir mejor durante las noches de calor
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En esas noches en las que el termómetro apenas baja, el apetito desaparece, pero el organismo sigue necesitando alimentarse con algo ligero. El aroma de la menta fresca, los calabacines recién recogidos del huerto y un buen aceite de oliva bastan para llenar la cocina de frescor sin necesidad de encender el horno.
Nuestras abuelas tenían un truco sencilla: bajar las persianas durante el día, abrir las ventanas cuando caía la noche y servir un gran cuenco de sopa fría en lugar de un plato caliente. Una crema de color verde claro, suave y muy refrescante, que sacia sin resultar pesada y ayuda a conciliar el sueño. Se trata de una sopa fría elaborada con verduras de temporada, pensada especialmente para las noches de verano.
Ingredientes imprescindibles
- 3 calabacines medianos
- 150 g de guisantes (frescos o congelados)
- 100 g de queso de cabra fresco
- 500 ml de caldo de verduras
¿Por qué una cena fría e hidratante ayuda a dormir mejor?
Cuando por la noche se superan los 30 °C, cada grado cuenta. Una comida caliente o demasiado grasa obliga al organismo a trabajar más durante la digestión, aumentando la sensación de calor. En cambio, una cena fría y rica en agua ayuda a hidratar el cuerpo, resulta ligera y favorece un mejor descanso. Es justo lo que se necesita para afrontar una noche de calor hasta la mañana siguiente.
La receta de la sopa fría de calabacín y menta: sencilla, rápida y muy refrescante
Esta versión actualizada mantiene el espíritu de las recetas tradicionales: una crema fría de calabacín y guisantes, enriquecida con queso de cabra fresco y menta.
El calabacín aporta agua y una textura muy cremosa. Los guisantes proporcionan proteínas vegetales que aumentan la sensación de saciedad. El queso de cabra añade cremosidad sin hacer el plato pesado. La menta, gracias al mentol, activa los receptores del frío en la boca, generando una inmediata sensación de frescor.
Elaboración
Preparación
Lavar los calabacines y cortarlos en rodajas. Enjuagar los guisantes y preparar una chalota, un diente de ajo y unas hojas de menta.
Cocinado
Sofreír suavemente la chalota y el ajo en aceite de oliva. Añadir los calabacines y los guisantes, y cubrir con el caldo de verduras.
Cocción
Dejar cocinar a fuego lento entre 10 y 12 minutos. Triturar junto con el queso de cabra y la menta hasta obtener una crema fina. Salpimentar al gusto.
Enfriado y presentación
Dejar templar y refrigerar durante al menos dos horas. Servir muy fría, con unas avellanas tostadas por encima y, si se desea, algunos cubitos de hielo.
Lista de la compra para cuatro personas
Para preparar cuatro raciones se necesitan:
- 3 calabacines medianos
- 150 g de guisantes
- 100 g de queso de cabra fresco
- 500 ml de caldo de verduras
- 5 o 6 hojas de menta
- 1 chalota
- 1 diente de ajo
- 2 cucharadas de aceite de oliva
- Un puñado de avellanas
- Sal y pimienta
Es una receta económica y especialmente apropiada para el verano.
Cuatro pasos clave para que quede perfecta
Es importante cocinar las verduras solo el tiempo necesario para que se ablanden, conservando así su color y sabor. Después hay que triturarlas durante varios minutos junto con el queso y la menta hasta conseguir una textura muy suave. El reposo en la nevera es imprescindible: es lo que convierte una simple crema de verduras en una auténtica aliada contra el calor.
El truco del chef para potenciar el efecto refrescante
Se puede sustituir parte de la menta por albahaca, añadir unas gotas de zumo de limón o utilizar caldo ya frío para evitar calentar demasiado la cocina. Servir la sopa en cuencos previamente refrigerados también aumenta la sensación de frescor.
Si se desea una cena más completa, puede acompañarse de un huevo duro, unas lentejas frías o una rebanada de pan integral.
Tres errores que conviene evitar
Hay tres fallos que pueden arruinar el efecto refrescante de esta receta:
- Servir la sopa templada en lugar de bien fría.
- Añadir demasiada grasa o sal, ya que aumenta la sensación de sed y hace la digestión más pesada.
- Olvidarse de beber agua durante la cena o comer demasiado deprisa.
Tomándose el tiempo necesario para disfrutar de este plato bien frío, es posible hacer mucho más llevaderas las noches de ola de calor.
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