Té verde, negro o blanco: qué cambia realmente entre ellos y cómo afectan al organismo

Publicado el Por El equipo editorial
Té verde, negro o blanco: qué cambia realmente entre ellos y cómo afectan al organismo © Shutterstock

Durante el verano, ya sea en la sección de bebidas frías o en una terraza, el mismo dilema vuelve a aparecer: elegir un té “detox”, uno negro que mantenga despierto o uno blanco considerado más refinado. Muchas personas se fijan sobre todo en el color, con una idea clara: cuanto más claro es el té, más saludable sería.

En los estantes, los envases destacan los antioxidantes, la silueta, el corazón o el sueño, hasta el punto de hacernos creer que existe un “campeón absoluto”. En realidad, la comparación entre té verde, negro y blanco es mucho menos clara. Y es que quizá la diferencia no esté en el color de la taza, sino en lo que realmente extraemos de la infusión y en cómo reacciona nuestro cuerpo.

Té verde, negro o blanco: todos vienen del mismo arbusto

El té verde, negro y blanco proceden en realidad del mismo arbusto, Camellia sinensis. Lo que cambia es el grado de oxidación de las hojas tras la cosecha, no una supuesta clasificación en términos de salud.

Según el sitio Journal des Seniors, estos tres tipos de té aportan una buena dosis de antioxidantes: el verde a través de las catequinas, el negro mediante compuestos derivados de la oxidación y el blanco con una infusión más suave.

La verdadera diferencia para la salud está sobre todo en la cafeína, en la forma de preparación y en la tolerancia de cada persona. Por ello, el “mejor” té no es necesariamente el más claro, sino aquel que se puede beber con regularidad, sin amargor ni alteraciones del sueño.

Antioxidantes similares, sabores muy distintos

En el té verde, las hojas se calientan rápidamente para limitar la oxidación; en el té negro, en cambio, se oxidan completamente; y el té blanco apenas sufre transformaciones.

Este proceso modifica el tipo de polifenoles predominantes y, sobre todo, el sabor: el verde es más vegetal y a veces astringente; el negro es más intenso y redondo; y el blanco es más ligero y floral. Sin embargo, en términos de salud, los tres son bastante similares: todos aportan polifenoles antioxidantes, siempre que procedan de hojas de buena calidad y frescas.

Cómo preparar el té influye más de lo que crees

Cuanto más tiempo están las hojas en contacto con el agua, más antioxidantes se extraen… pero también más cafeína y amargor.

Journal des Seniors propone algunas pautas para mantener el equilibrio:

  • Té verde: agua a 70–80 °C y 1:30–2:30 min de infusión
  • Té blanco: 75–85 °C durante 2–4 min
  • Té negro: 90–95 °C durante 2–4 min

El té a granel permite un mejor control de la preparación, mientras que los sobres muy triturados se infusionan más rápido y generan una bebida más intensa… y a veces más difícil de digerir.

Cafeína y cuerpo: efectos más parecidos de lo que pensamos

Contrario a lo que se cree, el té negro no siempre es el más “cargado”: un té blanco con brotes jóvenes o un té verde infusionado durante mucho tiempo pueden contener tanta cafeína como él.

La cantidad de hojas y el tiempo de infusión son los factores clave.

El té también contiene L-teanina, un aminoácido que modula el efecto estimulante y aporta una energía más estable que la del café. Si eres propenso a la ansiedad, palpitaciones o insomnio, es mejor optar por infusiones más cortas y variedades más suaves.

¿Qué té tomar y cuándo?

Por la mañana, el té negro o un verde más intenso puede sustituir al café, especialmente con una infusión breve. Por la tarde, muchas personas prefieren un té verde ligero o blanco. Por la noche, lo ideal es optar por versiones sin cafeína o infusiones sin teína.

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