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¿Te exiges demasiado? Aprende a aceptar tus logros

por Redacción enfemenino Publicado en 26 de abril de 2016
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Todos los días hacemos gran cantidad de cosas, unas salen como esperábamos, otras salen a la carrera pero de una forma aceptable y otras tantas claramente no llegan al mínimo que nos habíamos planteado. Sin embargo, ¿por qué nos resuenan tanto en la cabeza esos problemas no del todo bien resueltos o aquellas tareas que no se han finalizado de una manera de todo satisfactoria? Ana Perales nos habla sobre ello.

¿Crees que le damos la misma importancia a las situaciones que vamos solventando de una forma exitosa que aquellas que consideramos un fracaso? Según vamos creciendo vamos configurando nuestra autoestima, la seguridad con la que afrontamos problemas o tareas cotidianas o extraordinarias y con ello el sentimiento de valía personal y de exigencias o límites con los que nos conformamos o a los que aspiramos. No te pierdas a continuación algunas frases que te ayudarán a mejorar tu autoestima:

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Por el mismo camino se van construyendo las exigencias, el proceso del perfeccionismo que, en unos niveles controlables nos hará ser mejores en todo aquello que hagamos pero, en índices muy elevados, puede tirar por tierra la satisfacción o el disfrute de un momento de éxito y logros fundamentales en nuestro desarrollo personal, laboral o emocional.

Esta justa balanza entre los éxitos y los fracasos y la manera de vivirlos es algo que atormenta todos los días a muchas personas y crea, a la larga, un sentimiento de frustración limitante, bloqueando toda capacidad de satisfacción con uno mismo, es decir, un poquito de alimento para que nuestro autoconcepto siga tirando del carro.

6 hábitos para aprender a equilibrar tu balanza

Algunos buenos hábitos que podemos intentar no dejar de hacer para que ese equilibrio entre perfeccionismo y satisfacción se mantengan son por ejemplo:

  • Medir las metas que nos ponemos y valorar sí son alcanzables en el tiempo establecido.
  • Tener en cuenta nuestros límites, no siempre podemos hacer todo de una manera utópica sino que tendremos que contar con el factor realista de nuestras capacidades y conocimientos.
  • No centrar nuestra visión de los resultados solo en cuestión de éxito o fracaso total sino incluyendo también las pequeñas cosas que hayan salido bien.
  • Valorar en nuestro día a día los éxitos solucionando problemas o alcanzando ciertos objetivos.
  • Centrar nuestra atención durante el proceso de realización de cualquier tarea en disfrutarla, no solo poniendo hincapié en finalizarla, se convertirá en una meta más y solo nos alimentará pasar a la siguiente sin pararnos.
  • Aplicar hacia nosotros mismos esos ánimos que normalmente tan poco esfuerzo nos cuesta dar a los demás, es parte de la motivación necesaria para llevar a cabo cualquier tarea y no siempre tenemos que esperar a que esa palmadita venga desde fuera.

Hacer balances a lo largo del día o al final del mismo de ese equilibrio, cosas que han salido bien y cosas que no, aprender de errores, valorar esas alegrías y nuestro esfuerzo, no solamente pensar en que tengo que seguir mejorando sino también recoger algo de lo que ya he ido cosechando por el camino, será la única vía para no caer en la frustración ante nuevos objetivos.


​Artículo elaborado en colaboración con la psicóloga, sexóloga, grafóloga, perito calígrafo y judicial Ana Perales. (www.apmpsicopericial.com)


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