Los psicólogos coinciden: estas son las 6 frases habituales de los abuelos que conviene evitar
Los abuelos tienen un papel clave en la vida de los niños. Entre la complicidad, la transmisión de valores y esos pequeños permisos que a veces escapan a las normas de casa, se convierten en figuras de referencia fundamentales. Sin embargo, algunas expresiones dichas con cariño o sin mala intención pueden producir un efecto muy distinto al deseado.
Varios psicólogos y psicoterapeutas consultados por HuffPost recomiendan a los abuelos prestar atención al lenguaje que utilizan con sus nietos. «Es importante elegir las palabras de forma consciente», explica la psicóloga infantil Ann-Louise Lockhart. Según la especialista, la forma en que los adultos se dirigen a los niños influye tanto en la imagen que estos tienen de sí mismos como en la relación que construyen con las personas de su entorno. Estas son las seis frases que los expertos aconsejan evitar.
1. «No se lo digas a tus padres…»
Puede tratarse de una galleta extra, acostarse un poco más tarde o hacer una excepción puntual. El problema no está en el pequeño capricho, sino en pedir al niño que lo mantenga en secreto.
Según la psicóloga clínica Zainab Delawalla, este tipo de mensajes puede «socavar la autoridad de los padres». Además, enseña al niño que hay situaciones que no debe contar en casa, algo que puede resultar peligroso si algún día se enfrenta al acoso o a un adulto con malas intenciones.
Lo más recomendable es disfrutar de esos pequeños privilegios sin pedir al niño que los oculte y respetando siempre los límites establecidos por sus padres.
2. «¡Cómo has crecido! ¿Has engordado?»
Los comentarios sobre el físico también deberían evitarse.
Ann-Louise Lockhart advierte de que incluso una observación aparentemente inocente sobre el peso puede afectar a la autoestima y a la imagen corporal del menor.
En lugar de centrarse en el aspecto físico, la psicoterapeuta Andrea Dorn recomienda interesarse por cómo se siente el niño, preguntarle por el colegio, sus aficiones o aquello que le ilusiona. «Mostrar un interés genuino por lo que los niños son por dentro les ayuda a sentirse vistos y escuchados», explica.
3. «Has comido más que yo» o «No has comido nada»
Las observaciones sobre la cantidad de comida tampoco son aconsejables.
Frases como «Comes muy deprisa», «Has comido más que yo» o «No has probado casi nada» pueden interferir en la capacidad del niño para reconocer sus propias señales de hambre y saciedad.
Según Andrea Dorn, este tipo de comentarios puede generar confusión o incluso sentimientos de culpa. En su opinión, es mucho más útil dar ejemplo con hábitos alimentarios saludables que hacer observaciones constantes sobre lo que comen los niños.
4. «Estás demasiado consentido»
Cuando un niño tiene una rabieta o parece poco agradecido, algunos adultos recurren rápidamente a esta etiqueta.
Sin embargo, el psicólogo clínico Ryan Howes desaconseja hacerlo. Un comportamiento difícil puede deberse al cansancio, a una mala gestión emocional o simplemente a que el niño está imitando conductas que observa a su alrededor.
«No es justo responsabilizarlo por completo», afirma el especialista. Si el problema se repite, considera más adecuado hablar directamente con los padres.
5. «Ven a darme un beso o un abrazo»
Aunque la intención sea afectuosa, obligar a un niño a mostrar cariño mediante el contacto físico puede dificultar el aprendizaje del consentimiento.
Andrea Dorn propone sustituir esa orden por una pregunta como: «¿Te apetece darme un abrazo?».
Si el niño responde que no, lo mejor es respetar su decisión sin insistir ni hacerle sentir culpable. Un saludo con la mano, un choque de manos o unas palabras cariñosas también son formas de expresar afecto.
6. «Tus padres se equivocan»
Las diferencias de opinión sobre la educación son habituales entre generaciones, pero criticarlas delante del niño puede colocarlo en un conflicto de lealtades.
Ryan Howes recomienda que cualquier desacuerdo se trate directamente con los padres y nunca involucrando al menor. «Si tienen un problema con la forma en que su hijo está educando a sus propios hijos, deberían hablarlo con él o guardárselo, pero dejar a los nietos al margen», resume el psicólogo.
Los expertos insisten en que el objetivo no es hacer sentir culpables a los abuelos, sino ayudarles a ser más conscientes del impacto que pueden tener sus palabras. Como concluye Andrea Dorn: «Nunca es tarde para prestar más atención a la manera en que interactuamos con nuestros nietos».
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