Las 3 frases que los padres dicen a sus hijos por la mañana antes de ir al colegio molestan a los profesores
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Cada mañana, hay una escena que se repite en algunas familias. Un niño se agarra del brazo de su padre o madre, o del adulto que lo acompaña. Duda en entrar en clase o ponerse a llorar en el momento de separarse. Ante este momento a veces complicado, los padres buscan las palabras adecuadas para tranquilizar a su hijo. ¡Gran error! Algunas frases, aunque se digan con la mejor intención, pueden tener el efecto contrario al deseado.
Cuando los niños están ansiosos, su cerebro no reacciona de la misma forma que el de un adulto. Son sensibles a las señales que emiten sus figuras de apego: el tono de voz, las expresiones faciales o las palabras utilizadas. Al observar a sus padres, los niños buscan inconscientemente saber si la situación es segura o inquietante. Una duda o una frase mal planteada puede a veces aumentar su ansiedad en lugar de calmarla. Los profesores son claros: ya no quieren escuchar a los padres decir estas 3 frases a sus hijos delante del colegio, ya que después puede ser difícil de gestionar.
Ansiedad infantil: estas 3 frases de los padres que hay que evitar antes de ir al colegio
1. “¿Tienes miedo?”
Aunque la pregunta nace del deseo de entender lo que siente el niño, puede centrar involuntariamente su atención en el miedo. Al sugerirle esa emoción, se corre el riesgo de que se pregunte si realmente hay una razón para tener miedo. Por eso es mejor acoger las emociones sin orientarlas hacia un sentimiento concreto.
2. “No estés…”
La segunda frase criticada es: “No estés triste” o su variante más brusca, “No seas tonto”. Este tipo de formulación puede dar al niño la impresión de que lo que siente no es aceptable. Sin embargo, las emociones necesitan ser reconocidas antes de poder calmarse. Decirle que no debería estar triste no hace desaparecer su emoción; al contrario, puede intensificar su malestar o hacerle sentir que debe ocultar lo que siente.
3. “Si sigues llorando, nos vamos a casa”
Los profesores citan con frecuencia esta tercera frase, como señala el medio Netmums. A menudo utilizada para calmar una crisis o facilitar la separación, transmite sin embargo un mensaje problemático. El niño puede entender que la intensidad de su malestar le permitirá evitar el colegio. A largo plazo, esto puede reforzar conductas de evitación en lugar de favorecer la adaptación.
Escuela: este comportamiento de los padres angustia a los niños y a los profesores
Quizá ya lo hayas hecho: quedarte cerca del colegio después de dejar a los niños para comprobar discretamente si todo va bien. La intención es bienintencionada, pero puede complicar las cosas. Algunos niños ven a sus padres justo cuando empezaban a calmarse. Como resultado, el llanto vuelve y la separación se hace más difícil. Cuando estas situaciones se repiten durante semanas o meses, pueden contribuir a una fobia escolar o evitación.
Sin un acompañamiento adecuado, esta ansiedad puede afectar progresivamente la asistencia escolar y el bienestar del niño. En Francia, como recuerda el Ministerio de Educación, la asistencia regular es esencial para el desarrollo del aprendizaje y la socialización. Por ello, se invita a las familias a contactar rápidamente con el equipo docente cuando las dificultades de separación son recurrentes.
¿Cómo tranquilizar correctamente a un niño antes del colegio?
Pequeños ajustes pueden marcar una gran diferencia. Se pueden adoptar despedidas simples y afectuosas que el niño reconozca. El objetivo no es negar sus emociones, sino transmitirle seguridad y confianza. También es útil explicarles cómo serán esos breves momentos hasta volver a verse al final del día.
También es importante que las despedidas sean relativamente cortas: un abrazo, una frase tranquilizadora, una sonrisa y marcharse. Aunque pueda ser difícil para los padres, esta coherencia ayuda al niño a entender que el colegio es un lugar seguro. Si la ansiedad persiste, el primer paso es hablar con el profesorado o con los profesionales del centro para poner en marcha un acompañamiento adecuado.
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