Este cambio en la vida en pareja podría ser el secreto de la felicidad después de los 60, según un estudio

Publicado el Por El equipo editorial
Este cambio en la vida en pareja podría ser el secreto de la felicidad después de los 60, según un estudio © Shutterstock

A partir de los 60, solemos imaginar a la pareja feliz como algo evidente: compartir la jubilación, disfrutar de los nietos los fines de semana, comer juntos en una casa que se ha quedado demasiado grande desde que los hijos se marcharon. A esa edad, el éxito amoroso parecería medirse casi por el número de años vividos bajo el mismo techo. Al menos, ese es la idea principal.

Pero este escenario no siempre es sinónimo de felicidad o de una vida íntima plena. Para mantener una relación feliz, algunas personas mayores adoptan un pequeño cambio que marca una gran diferencia. Se consideran pareja y siguen enamorados, comparten vacaciones, proyectos e incluso a veces las llaves de casa. Sin embargo, hay un detalle que sigue sorprendiendo a quienes les rodean cuando cae la noche…

¿Cuál es el secreto de las parejas mayores más felices y enamoradas?

Durante mucho tiempo considerado algo marginal o transitorio, este estilo de vida atrae cada vez a más personas mayores. Y, contrariamente a lo que se piensa, no refleja miedo al compromiso ni rechazo a construir una vida en común. Porque, en muchos casos, eso ya ocurrió. Para muchas mujeres y hombres mayores de 60 años, se trata más bien de una forma muy consciente de preservar aquello que a veces les llevó toda una vida encontrar: tranquilidad, tiempo y autonomía. Pero sin renunciar al amor ni a la intimidad.

Precisamente esta forma de relación, llamada living apart together (LAT), es la que han estudiado los sociólogos Yang Hu y Rory Coulter en parejas mayores de 60 años. En un estudio publicado en la revista científica Journals of Gerontology y recogido por Notre Temps, los investigadores observan que la felicidad amorosa después de los 60 dependería menos de compartir una dirección y más de encontrar el equilibrio adecuado entre cercanía y libertad.

Vivir cada uno en su casa después de los 60: lo que dice la investigación

Tras analizar a más de 15.000 británicos de entre 60 y 85 años durante más de diez años, Yang Hu y Rory Coulter describen el living apart together como una relación estable entre dos personas que mantienen un vínculo afectivo regular mientras conservan domicilios separados. Aproximadamente un 4 % de las personas mayores de 60 años en Reino Unido ya viven este tipo de relación, una proporción similar a la de las parejas no casadas que conviven en esa misma franja de edad.

Los investigadores también destacan un dato llamativo: las personas mayores que viven relaciones LAT presentan un nivel de bienestar psicológico muy parecido al de quienes están casados o conviven. En cambio, permanecer solo durante mucho tiempo después de un divorcio o una viudedad se asocia a una salud mental más frágil. Iniciar una relación de este tipo suele mejorar el estado de ánimo; terminarla provoca una disminución del bienestar, aunque generalmente menos brusca que tras una separación en un hogar compartido. En resumen, el vínculo amoroso parece ser protector, incluso cuando no implica convivencia diaria.

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El estudio también muestra que los beneficios psicológicos de vivir cada uno en su casa son casi idénticos para hombres y mujeres. Algo que no siempre ocurre en las formas más tradicionales de vida en pareja. Esta diferencia se explica, en parte, por el reparto de las tareas domésticas. En muchas parejas mayores, las mujeres siguen asumiendo una gran parte de las responsabilidades del hogar.

Mantener cada uno su vivienda permite limitar la continuidad implícita de los roles tradicionales. Cada persona gestiona su espacio, su ritmo y sus obligaciones. Después de una primera etapa de vida a menudo dedicada a los hijos, al trabajo doméstico y, en ocasiones, al cuidado de familiares dependientes, algunas mujeres simplemente no desean volver a convertirse en parejas “a tiempo completo”.

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Para muchas personas mayores, esta organización también ayuda a preservar el deseo. Los reencuentros son elegidos y no impuestos por la rutina. El tiempo compartido se centra más en el placer, las conversaciones, las salidas o la intimidad que en las obligaciones cotidianas. Cada uno conserva sus hábitos, sus amistades, sus horarios y su relación con hijos y nietos, sin tener que renegociarlo todo en pareja.

Sin embargo, este modelo no está al alcance de todos. A menudo requiere cierta estabilidad económica, dos viviendas, suficiente autonomía física y una distancia geográfica razonable. Algunas relaciones que adoptan este cambio también son consecuencia de circunstancias económicas o laborales y no de una elección personal, lo que suele traducirse en un menor nivel de satisfacción. El éxito de este “secreto de la felicidad” depende sobre todo de un punto clave: que sea una decisión deseada por ambas personas.

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