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Cómo detectar dificultades de aprendizaje en la escuela infantil

por Redacción enfemenino Publicado en 17 de mayo de 2017
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Fijarnos en la psicomotricidad de los peques es esencial para detectar cualquier dificultad de desarrollo.

La Educación Infantil comenzó a suscitar interés a mediados del siglo pasado. Nombres como Montessori, Decroly, Pablo Montesino, Rosa Sensat y muchos otros toman conciencia de que cuanto más infantil, tierno y vulnerable es el ser humano, mayor es la influencia que los estímulos ambientales ejercen en él. Al mismo tiempo, numerosos estudios constatan que la capacidad intelectual tiene un ritmo de crecimiento más rápido cuando más infantil es el sujeto, pues de los 0 a los 4 años esta capacidad crece en torno al 50 %.

En esta etapa educativa el niño desarrolla su inteligencia, pero también y al mismo nivel de importancia, su personalidad, las habilidades sociales y el desarrollo biológico. Se trata de un desarrollo global siempre y cuando el niño se encuentre en condiciones óptimas, lo cual no siempre es posible.

El desarrollo psicomotor: un factor determinante

Podríamos afirmar sin equivocarnos que uno de los factores más determinantes es el desarrollo psicomotor. Las primeras manifestaciones de la inteligencia son de tipo sensorial y motor, pues todo movimiento tiene una intención que lo produce y a la vez el pensamiento provoca un movimiento. Por tanto, se da una correlación entre niños con retraso en la psicomotricidad y la aparición del habla y demás problemas de aprendizaje y desarrollo.
Cuando hablamos de desarrollo psicomotor, no nos referimos sólo al andar -como algunos padres piensan-, existen muchas manifestaciones previas que hay que fomentar de forma divertida en la escuela infantil y en el entorno familiar.

Pongamos algunos ejemplos ordenados según la etapa cronológica:

De 0 a 1 año:
- Mantener la cabeza alzada cuando está en brazos.
- Fijar la mirada siguiendo los objetos.
- Descubre y juega con manos y pies.
- Levanta la cabeza cuando está tumbado boca abajo.
- Gatea para desplazarse con seguridad.
- Toma objetos y golpea con ellos; los saca y mete de un recipiente…
- Se mantiene de pie y da los primeros pasos con ayuda.
- Responde cuando se le llama por su nombre.
- Emite ruidos para llamar la atención, llora y protesta ante la ausencia de personas cercanas.

De 1 a 2 años:
- Empieza a andar solo.
- Señala las partes principales de su cuerpo.
- Muestra interés por jugar con otros niños.
- Reconoce los diferentes espacios familiares para él.
- Imita acciones y sonidos.
- Responde a su nombre.

De 2 a 3 años:
- Hace sus necesidades en orinal o inodoro.
- Comprende órdenes sencillas.
- Identifica imágenes.
- Se relaciona y juega con los demás, siente curiosidad por todo lo nuevo.
- Utiliza palabras aisladas sin conectores.
- Imita trazos sencillos.
- Manipula con objetos pequeños con precisión…

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Manualidades para niños © iStock

Cualquier gesto de un niño responde a una intención que se origina en un pensamiento-sensación. Debemos proporcionar ocasiones para que esa relación entre intención y acción se produzca y esto lo hacen las actividades psicomotoras en gran medida. Cuando estas manifestaciones no se producen, no siempre significa que estamos ante un niño que tendrá dificultades en su aprendizaje, sino que debemos prestar una especial atención y trabajar conjuntamente con el pediatra y las educadoras de los hijos. La observación directa de las educadoras es fundamental para valorar la evolución del niño. Los padres, además, deben estar tranquilos y atentos al mismo tiempo porque cada niño tiene su ritmo de crecimiento.

Como conclusión, y volviendo al título de este artículo, debemos decir que sí se pueden detectar dificultades de aprendizaje en esta etapa de 0 a 3 años y que la evolución psicomotriz es clave para ello. Pero junto a ella, no podemos olvidar que nuestros niños están expuestos a muchos otros factores que pueden limitar el desarrollo de todas su capacidades. Conviene que los padres estén atentos al uso excesivo de las pantallas que los mantienen inactivos durante mucho rato, que procuren hablar mucho con las educadoras y confíen en su experiencia. Sin duda, lo que más favorece el crecimiento feliz del niño son unos papás jugando con ellos, explicándoles cuentos, cantándoles canciones, paseando…Y, todo ello, requiere tiempo que hay que buscar.


Contenido elaborado en colaboración con Margarita Mir Peinado, directora de la ​Escuela Nemomarlin Sant Cugat del Vallés.


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