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Hombres Peter Pan, ¿sabes cómo identificarlos?

por Redacción enfemenino Publicado en 4 de enero de 2017
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Tienen entre 40 y 50 años, salen esporádicamente con mujeres, pero no desean en modo alguno consolidar ninguna relación. Inicialmente se entusiasman, también sus parejas pero, una vez transcurrido un cierto margen de tiempo, el salto a la estabilidad y al compromiso se les antoja abismal contemplado desde sus cómodas atalayas.

Suelen resultar atractivos y muy interesantes, tienen un probado éxito en el plano de la conquista y son expertos en el trato personal y en los detalles, en el savoir faire; mas el cuento de hadas no dura en demasía, se evapora en el momento en que se precisa subir un escalón en la responsabilidad y en la implicación.

En nuestras sesiones de coaching, se repite casi siempre la misma pregunta por parte de las afectadas ¿pero qué pasó, qué hice mal? Todo iba como la seda, me ilusioné y, de repente, todo se empezó a enfriar sin motivo aparente.

Estos varones suelen preferir las relaciones sin compromiso, denominadas touch and go, lo efímero a lo sedimentario. Aunque repita una o varias salidas con la misma pareja e incluso pueda sentirse muy a gusto con alguna de ellas, carecen de la energía suficiente para emprender el siguiente paso, para avanzar en la siguiente etapa. Habitualmente, tienen una situación profesional sólida y desahogada, pero con poco espacio para el ocio, que procuran rellenar con actividades de todo tipo, esencialmente culturales y deportivas.

¿Por qué se niegan a crecer?

La tipología del Peter Pan puede desarrollarse por multitud de causas y motivos: desde haber sufrido en la adolescencia situaciones de rechazo o de escasa afectividad familiar, al caso diametralmente opuesto de haber pertenecido a familias cuyas madres han ejercido un absorbente papel protector, con lo que desarrollan un modo de comportamiento denominado evitativo. Este patrón comporta la dificultad añadida de que se repite a lo largo de la vida del afectado y cuya superación, si no se toma consciencia del mismo y se trabaja en un proceso de recuperación, resultará harto complicada y compleja.

Son esquivos y reactivos al compromiso y muestran conductas similares: la intención de agradar, de generar ilusiones y fantasías que después no se concretarán, declaran prematuramente el amor y la atracción, lo edulcoran con proyectos, viajes... Se muestran inestables emocionalmente y son inmaduros y ciclotímicos, desarrollando una estrategia alternativa de acercamiento y alejamiento e imposibilitando así la génesis de una relación duradera.

Dentro de los Peter Pan, podemos observar dos tipos de modalidad: los que emplean el carisma, la seducción, una hábil facilidad de palabra que huyen cuando se agota el desafío de la conquista y los tímidos que realizan esfuerzos ímprobos por aparentar una seguridad de la que carecen y que se sienten poco asertivos a la hora de concretar una relación, conducta que también contemplamos en los obsesivos, que no cederán un solo resquicio de independencia por temor cerval a que ellas les dinamiten su estricto orden personal y vital.

La pregunta que inmediatamente surge es si, en el fondo, estos individuos podrían -en algún instante de sus vidas- permitirse o pensar en tener una pareja estable e incluso una familia. Los moldes y las convenciones sociales les impulsan al compromiso, pero la mera idea del mismo les ocasiona malestar y conflicto interior derivado del temor a los cambios, a una vida compartida, a una pérdida de control; a evolucionar, en suma.

Son víctimas de su propia problemática porque persiguen un objetivo a corto plazo, pero penetra en ellos un poso de soledad de difícil conjugación y de dolorosa admisión. Se observan capaces de cualquier cosa, salvo de mantener en el tiempo a una pareja y se reconcomen recordando personas que pasaron por su vida y que podrían haber sido unas magníficas compañeras de viaje.

¿Quiénes los padecen?

Las víctimas más propiciatorias de este tipo de Peter Pan irredento son las mujeres de algo más de cuarenta años, ilusionadas y determinadas en componer una vida estable y sólida, que se decepcionan y abaten cuando perciben el alejamiento y el desdén donde antes todo era un cuento de hadas. Y lo peor es que, indefectiblemente, tropiezan varias veces con la misma piedra.

Muchas mujeres emprenden la ardua labor de tratar de convencerlos de las ventajas de involucrarse y de compartir, persistiendo en la relación sin darse cuenta de que, en el largo plazo, será mucho más complicado recomponerse de esa derrota emocional. Es siempre recomendable ser conscientes de la dificultad casi insuperable de que alguien cambie a otra persona en estos tramos avanzados de la vida. Un individuo solo está en condiciones de modificar su comportamiento cuando tiene la capacidad de emprender acciones que ha razonado e interiorizado suficientemente, pero no porque otra persona le muestre una alternativa a seguir.

Dejar de tropezar con los mismos hombres de siempre

Se dice que los seres humanos somos los únicos animales que tropezamos más de una vez con la misma piedra. Te cuestionarás entonces, ¿para qué nos sirve tanta racionalidad si luego no nos vale para ver el mismo tipo de piedra en similar camino? En esta pregunta está la clave, puesto que lo que nos hace caer en los mismos errores y en esas nocivas relaciones de siempre no depende de nuestra razón sino de algo mucho más arraigado en nosotros y que tiene mucha más fuerza: nuestros aprendizajes fijados emocionalmente. Por eso, lo que no se aprende se repite una y otra vez.

¿Cómo identificarlos?

  • Son hombres de entre 40 y 55 años que le temen al compromiso.
  • Se muestran inestables emocionalmente y ciclotímicos
  • Conquistan al sexo opuesto y lo atrapan como en una telaraña
  • Llaman, no llaman, envían mensajes de texto, luego desaparecen por varios días.
  • Los Peter Pan 2.0 se caracterizan por la expansión social, la seducción como objetivo de la conquista y una fuerte tendencia a huir una vez logrado su propósito.
  • En el área emocional, creen brindar mucho amor, cuando en realidad hacen una exhibición “teatral” de los afectos.
  • En el área sexual, presentan conductas conflictivas que favorecen la aparición de disfunciones: preocupación por el rendimiento sexual, torpeza para el juego previo, actitud pasiva, eyaculación retardada, escaso registro de sus sensaciones eróticas, etc.

Artículo realizado en colaboración con la terapeuta Gestalt Verónica Rodríguez Orellana, Directora de Coaching Club y Ernesto de Antonio Hernando, licenciado en Matemáticas y Estadística (UCM)

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