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¿Qué ocurre cuando el espejo nos devuelve una imagen distorsionada de nosotras mismas?

por Redacción enfemenino Creado en 23 de junio de 2015
© Blancanieves y la leyenda del cazador

Espejito, espejito, ¿quién es la más guapa? Todas hemos crecido con esa frase de la bruja de Blancanieves en la cabeza. Pero, ¿qué pasa cuando la pregunta que le hacemos al espejo nos devuelve valoraciones negativas? Se trata del Trastorno Dismórfico Corporal y nuestra psicoterapeuta, Verónica Rodríguez, nos da más detalles sobre él.

¿Qué veía la madrastra de Blancanieves al mirarse, una y otra, una y otra vez, al espejo? Quizá contemplase su propia imagen de mujer adulta, atractiva y bien conservada para sus años. O es posible que se viera vieja, arrugada, horrenda y que dicha terrible visión acrecentara su amargura y los celos que sentía por la dulce Blancanieves.

Nunca lo sabremos porque los Hermanos Grimm, autores de este clásico de la Literatura Universal, nunca profundizaron en este sentimiento de una de las villanas más malas de la ficción. Si sabemos, en cambio, de su obsesión por la belleza y de cómo esta la empujó hasta su propio final.

Es posible que si hubiese sido una reina moderna, Grimhilde, como se la conoce en algunas culturas, hubiera pedido ayuda a un profesional para poner fin a tanto sufrimiento. Y es posible también que la malvada madrastra hubiera sido diagnosticada como víctima del TDC, Trastorno Dismórfico Corporal.

© Blancanieves (Mirror, mirror)

¿Cuáles son sus causas?

Nuestra experta terapeuta, Verónica Rodríguez Orellana, lo define como una preocupación extraordinaria por aspecto físico que experimenta una persona, ya sea por un pequeño defecto en concreto o por su imagen global. Dicha preocupación puede tener causas reales como, por ejemplo, una marca de nacimiento en el rostro, una quemadura causado en un accidente o, por el contrario, puede ser absolutamente imaginario.

Cuando la persona llega a este punto, el último de una enfermedad que con el auge de las redes sociales y la reproducción infinita de la imagen, es necesario ahondar en las causas para poder abordar el problema desde un enfoque terapéutico. En este sentido, pueden existir varios focos:

  • Malos tratos durante la infancia o adolescencia.
  • Situaciones de abuso o marginación repetidas.
  • Madres que han rechazado o criticado en forma sistemática el cuerpo de sus hijos.
  • Personas que se han criado en entornos muy hostiles con familias muy exigentes que han estado más pendientes de la mirada externa.
  • Personas con una autoestima muy baja y desconectada de sus propias necesidades vitales.

¿Cuáles son sus síntomas?

Pese al gran consumo de productos de belleza, de artículos que nos ayudan a sentirnos y a parecer más guapas, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) asegura que tanto hombres como mujeres padecen trastorno en la misma medida. La edad en la que comienza a surgir es la adolescencia temprana cuando la sexualidad se va abriendo camino junto a las inseguridades y la timidez. El riesgo continúa hasta los veinte años, cuando el TDC podría diagnosticarse en relación a algunos de estos síntomas:

  • La persona se mira una y otra vez al espejo, como la malvada madrastra, a quien se acusa siempre de vanidosa. ¡Cuidado! Tras la supuesta vanidad puede esconderse un gran complejo personal.
  • Al contario, alguien que padece TDC evitará mirarse al espejo, dado que la imagen que le devuelve es una imagen deformada, nada real.
  • Los afectados rehuyen los actos sociales, donde se pueden comparar con mucha gente de su edad o estatus social. Un baile de fin de curso, por ejemplo. Antes que sentirse feas entre tanta gente guapa, optarán por quedarse en casa.
  • Padecen la denominada “love-shynesss”, en castellano 'timidez amorosa', bajo la que se resguardan para no tener que mostrarse tal como son ante un ser amado.
  • Insisten en acudir a las consultas de medicina y cirugía estética. En este punto, la cooperación entre profesionales de la cirugía y la salud mental es muy importante para evitar que encuentren aliados.

La dismorfofobia puede llegar a convertirse en una enfermedad crónica de consecuencias realmente imprevisibles. Se conocen casos de personas que han llegado a modificar por completo su apariencia física, tal vez el de Michael Jackson es el más conocido. También el del recientemente fallecido Rodrigo Alves, un chico colombiano que conseguió hacerse ser popular por sus múltiples cirugías estéticas. En ambos casos, en el de la estrella mundial del pop y el del llamado Kent humano, subyacen problemas emocionales profundos.

¿Cómo podemos ayudarles?

Puede que, tras leer esto, te hayas dado cuenta de que existen algunas personas de tu entorno cercano que padecen este tipo de problema. Lo más importante es que no les juzgues ni les condenes y les ayude a encontrar un profesional que pueda hacerles abrir los ojos y salir de esta situación.

A la hora de pasar a la práctica, en primer lugar busca actividades que le puedan elevar la autoestima a esa persona. En segundo lugar, tendremos que buscar un entorno que no sea exigente ni crítico con el aspecto físico y tratar, progresivamente, de reducir la cantidad de visitas al espejo o la báscula.

Además, es importante que los afectados ocupen su mente con actividad física e intentemos llevar una alimentación adecuada. Además, es imprescindible que le hagas olvidar los cánones estéticos impuestos para que no sienta esa presión.

Más allá de los tratamientos con medicación, las sesiones de coaching grupal pueden ser realmente útiles a la hora de avanzar en este problema. La persona que lo padece puede enfrentarse a él apoyándose en los compañeros de sesión y trabajando en varios niveles: el pensamiento, el cuerpo y las emociones. En un clima de seguridad compartida, se amplificarán las posibilidades de superación personal y crecimiento.

Artículo realizado en colaboración con la terapeuta Gestalt Verónica Rodríguez Orellana, Directora de Coaching Club.

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