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'Homo Machus', un libro dedicado a las mujeres fuertes y a las que todavía no saben que lo son

por María Viéitez Creado en 4 de febrero de 2020
'Homo Machus', un libro dedicado a las mujeres fuertes y a las que todavía no saben que lo son© Cedida

Si lees 'Homo Machus' mientras viajas en transporte púbico, debes saber que más de uno girará la cabeza después del primer vistazo para confirmar que lo que está viendo es cierto. Nosotras lo hemos vivido y su autor nos lo ha confirmado. Pero, ¿qué tiene 'Homo Machus. De animales a Hombres'?

Ni artista ni ilustrador ni diseñador gráfico. Javier Royo Espallargas o Javirroyo (Zaragoza, 1972) dibuja desde los 5 años y no sabe en qué profesión adscribirse porque, en sus palabras, no sabe muy bien a qué se dedica. Pero acaba de publicar un nuevo libro, Homo Machus. De animales a hombres, y merece la pena que lo leas.

"Lo que hago es escribir con dibujos, básicamente. Hay gente que escribe con letras solo y, más que dibujar, lo mío es como un sistema de escritura", nos explica. Javirroyo lanzó una pregunta a sus seguidoras a través de Instagram para saber un poco más sobre el abuso, el acoso y la violencia machista que habían experimentado. El resultado fue un ola de más de trescientos mensajes en menos de veinticuatro horas.

De estos relatos, catorce fueron seleccionados y transformados en cómic para sumarse a un conjunto de ilustraciones que parecen sencillas pero que no cualquiera podría hacer. Esta miscelánea ha sido titulada Homo Machus, un libro con el que su autor reivindica y nos interpela directamente. Nos invita a cuestionarnos sobre el machismo en todas sus formas, siempre con dosis de humor muy bien administradas. Pero nos pone sobre aviso: con este libro no quiere sentar cátedra ni enseñarnos a nosotros, mujeres u hombres, a combatir el machismo ni a ser feministas.

Pregunta. ¿Cómo surgió la idea para hacer Homo Machus?

Respuesta. Empecé porque me indigné mucho con el tema de La Manada y con el tratamiento que se le estaba dando a la víctima, culpabilizándola. Y empecé a dibujar sobre ello. Empecé a trabajar un poco con las desigualdades y lo que está pasando con las mujeres. Me parece muy bestia. Un día me llamó Lola Martínez de Albornoz, que es la editora del libro, y me dijo: ‘Oye, mira, en Lumen (que es donde lo he editado), tenemos un montón de mujeres que son autoras y ilustradoras, y han hecho libros sobre el feminismo, pero no hay ninguna voz masculina que tenga un posicionamiento. Y nos gustaría mucho que, ya que tú has empezado un poco a trabajar por ahí… ¿por qué no hacer un libro?’. Pero es un libro que más que hablar de feminismo, a mi me gustaría que fuera dirigido a los hombres. Que lo leyeran los hombres.

P. El otro día iba leyéndolo en el metro y vi como un par de chicos y chicas se quedaban mirando la portada. Me resultó muy curioso.

R. (Ríe) ¿Sí? Una amiga que tiene un libro porque se lo regalamos me contó que estaba en el metro de Barcelona y había un chico que lo estaba mirando de reojo. Me hizo mucha ilusión porque cuando se iba a bajar del metro, le dijo: ‘oye, ¿le puedo hacer una foto?, porque me lo quiero comprar'. Me pareció súper guay. Estoy muy contento precisamente porque está siendo un libro que los hombres que lo leen, de alguna forma, dicen: ‘no sé si estoy de acuerdo contigo al cien por cien’, porque es normal, pero hay gente a la que le remueve algo, es un poco incómodo. Y eso me parece que es importante.

Creo que quizás puede ayudar, como un peldañito para decir ‘no pasa nada, tío, esto está aquí’. Las mujeres se han empezado a posicionar, se han empezado a mover en torno al feminismo y [vosotras] os estáis haciendo preguntas. Tengo la sensación de que los hombres tenemos un poco de miedo cuando se acerca una mujer y nos dice ‘soy feminista’. O cuando hablan de feminismo que, de repente, hay un salto para atrás de los hombres. Los tíos no nos hemos movido nada. Estamos todos como mirándonos así, viendo que todo se mueve.

P. ¿Por qué crees que cuesta tanto quitarse de encima el machismo? Tanto a los hombres como a muchas mujeres.

R. Creo que son casos diferentes. En el caso de las mujeres es, simplemente, porque hay un sistema que funciona, que es el sistema en el que nos han educado y que nos toca a mujeres y a hombres. Tiene que ver con la cultura en la que nos hemos criado, el patriarcado. Donde realmente los hombres hemos sido siempre considerados más importantes que las mujeres. En este caso, lo compartimos los dos. Y en el caso de los hombres creo, sobre todo, que hay mucho miedo de que nos quiten privilegios. Somos los mimados, una especie de raza superior, entre comillas. Entonces claro, que te digan de repente: ‘no, no, las feministas quieren que todos tengamos las mismas oportunidades, que no haya que tener miedo cuando andas por la calle porque nadie te trata de forma vejatoria, porque no queremos violencia sobre las mujeres’, etcétera. Y, de repente, los tíos están diciendo: ‘bueno, ¿qué pasa?, ¿que voy a tener que reaprender, o qué?’. Pues sí, vas a tener que moverte y reaprender muchas cosas porque es insostenible.

P. ¿Cómo ha sido escribir Homo Machus?

R.
Cuando empecé el libro no me imaginaba las dimensiones del asunto. Sigo teniendo trazas [de machismo] seguramente, como todos los hombres y algunas mujeres, como tú dices. Pero no me imaginaba el océano que es esto. Cuando estaba en la mitad del libro hice una pregunta en Instagram. Porque me di cuenta de que no tenía mucha información sobre acosos y abusos a mujeres, salvo aquellos que nos cuentan en los medios de comunicación que, normalmente, son los más graves. No tenemos ni idea. Y lo que hice fue publicar una viñeta, lo habrás leído, que es esta de la pirámide. Y tuve trescientos mensajes de vuelta, trescientas historias. Yo me quedé muy parado. Muchas de ellas no lo habían contado nunca nadie. Y te da un poco la medida de la gravedad del asunto, porque todas las mujeres o casi el 100% de las mujeres han sufrido en mayor o menor medida, a veces quizás más cotidiana pero no por ello menos grave, la influencia del machismo o de la violencia machista en alguna ocasión. Y sobre esto, los tíos, ni idea. Y muchas mujeres no lo han contado por miedo a que te digan 'algo habrás hecho tú' o '¿por qué te metiste en esa habitación con ese tío?'.

P. A veces, cuando se habla de asesinatos o violaciones a mujeres, mucha gente niega que exista un componente machista y lo asocia, por ejemplo, con una psicopatía. ¿Crees que hay una forma de que todos veamos esta realidad?

R.
Sí lo es [machismo], claro que lo es. Las psicopatías muchas veces están alimentadas por todo un sistema. No nos engañemos. Si a un tío que está loco o que tiene un problema, en lugar de intentar encauzarlo de forma médica lo que haces es reírle una gracia y normalizar esto, evidentemente, puede acabar matando a alguien. Tú estás fomentando que eso ocurra.

Nosotros, cuando vamos por la calle y volvemos solos, no tenemos ningún problema. Es lo que les digo a los tíos: ¿tú miras para atrás alguna vez, a ver si viene alguien?. Pero ser una mujer joven y volver de fiesta a las cuatro de la mañana…

P. Hace poco tuve una conversación con un amigo que negaba que el machismo existiese y le pregunté si él siente miedo al volver por la noche solo a casa. Él dijo que sí, que tiene miedo de que le atraquen o le peguen un navajazo y yo le respondí que yo tengo miedo de que me atraquen, de que me peguen un navajazo y, además, de que me violen. El respondió que sí, que eso, en un momento dado, también podría pasar. ¿Crees que es una cuestión de empatía?

R.
Es importante conocer a las mujeres para conocer los miedos. Preguntar, comunicarse. En la presentación de Madrid del libro estuve con Raquel Córcoles (Moderna de Pueblo) y María Hesse, que es otra ilustradora, y decían: 'Yo me reconozco en primero de primaria con esto'. ¿Por qué? Porque ellas han leído un montón sobre feminismo y tienen chats de Whatsapp entre ellas hablando de la opinión que tenemos sobre la prostitución o acerca del velo desde el punto de vista feminista. Ojalá algún día hubiera chats donde los hombres pudiéramos estar también, participando o hablando también entre nosotros sobre como vemos determinadas cosas. El problema es que ni siquiera se habla, se niega. Es un negacionismo absoluto. 'No me interesa, echo la cortina'.

P. ¿Te han acusado alguna vez de hacer mansplaining?

R.
Sí, en las redes sociales. ¿Qué voy a hacer? (ríe). El objetivo primero que tenía con el libro es no sentar cátedra, sino hablar y ser muy honesto. Hablar desde el punto de vista que tengo yo como hombre y no intentar suplantar a la mujer ni darles lecciones a las mujeres.

Yo creo que, realmente, el libro recoge más preguntas que respuestas y eso es lo que me interesa. Más que ser asertivo es: oye, ¿qué te parece esto? Porque yo lo estoy viendo. Es agarrar los ingredientes y comenzar a servir platos y que el comensal, que es el lector, los vaya digiriendo y los vaya haciendo suyos o no. Para mí es la única fórmula que hay. También es la única fórmula para que haya cada vez más hombres que se pasen al lado que yo considero bueno, el lado de la mujer, ni delante ni detrás. Que estén mano a mano y que estén apoyando una causa que es el feminismo, una causa necesaria. Ya ni justa ni injusta. Es una emergencia. Es muy grave que estos cambios no hayan sucedido ya en una sociedad que se supone que es avanzada. Ya va siendo hora.

P. El machismo se extiende por todos los rincones, pero parece difícil que el feminismo llegue también a todos ellos. ¿Por qué?

R.
Lo que pasa es que vivimos un momento muy jodido. Porque hay un sector político y de la sociedad, léase Vox, léase la derecha negacionsita, que parece que algunos van para atrás en muchos casos. La polémica que ha habido ahora con el Pin Parental conecta mucho con el sistema machista. Porque es otra vez la idea de que el padre tiene derecho sobre los hijos. Léase padre o madre. Es el derecho a la decisión patriarcal tradicional de decidir lo que tu hijo tiene que recibir como información y lo que no, cuando no sabes si tu hijo es homosexual o, simplemente, tiene que recibir una información libre y, luego, decidir él. No es tuyo.

P. ¿Crees que se debería poder hacer humor de todo?

R.
Sí, completamente. Creo que es una cuestión de contextos, que se puede hacer cualquier broma sobre todo es evidente. El humor es una expresión cultural. Es como si dijéramos que, por ejemplo, una película con una ideología fascista, como las hay mil, no pudieran existir. ¿Por qué pueden existir? Porque hablamos de ficción. Yo no me meto con eso, aunque yo no esté de acuerdo con la ideología que hay detrás de muchas películas. Pero entiendo que es ficción y que en la ficción vale todo.

El humor también es poder reírte de tu historia. En ese sentido no es lo mismo una broma machista entre machirulos que se están riendo de no sé qué, que estar con una amiga y soltar una barbaridad, pero en un contexto determinado. No hay que tomar todo como dogma de fe en todos los lados. Lo que creo es que, precisamente, el día que nos podamos reír de todo esto, solo ese día, será en el que esto haya avanzado mucho. El día que no haga falta en el entorno en el que estés tener que defender una causa que todavía es muy grave.

P. Si tuvieras que escoger entre humor negro y humor comercial, ¿con cuál te quedarías?

R.
El humor comercial es muy aburrido. Me suena fatal. He sido colaborador de Mongolia con cosas muy bestias también. Es humor, no es la realidad. No hay que confundir las dos cosas. Siempre digo una cosa, y esto no lo pongas. Lo peor de todo es la gente tonta. Prefiero a alguien malo que tonto. Alguien tonto me desespera, no puedo (ríe). Te hacen perder el tiempo, no entienden nada. Pero ojo, que hay hombres y mujeres, no es una cuestión de machismo ni de feminismo.

P. ¿Qué tres ingredientes dirías que son los fundamentales para acabar con el machismo?

R.
No me pides poco tú… Dar ingredientes es lo peor. Eso sí que es como sentar cátedra (ríe).

P. Pues, mejor dicho, ¿qué es lo que tú aplicas en tu día a día para luchar contra el machismo?

R. Creo que la comunicación, que tiene que ver con la empatía, la humildad, que creo que a los tíos nos falta un poco de humildad.Y, sobre todo, el amor. Tener amor hacia la gente y no pensar que te van a fastidiar a ti. Sin amor no hay nada. Amor hacia la sociedad. El amor es el reconocimiento del otro e intentar, al menos, acercarte desde un punto de vista positivo. Tenemos que aprender y tenemos que conocer lo que está ocurriendo con las mujeres. Ver cómo nos comportamos y cómo nos hemos comportando, que no tenemos que tener más privilegios que nadie. Hay que hacer un ejercicio de humildad.

Video por Patricia Álvarez
María Viéitez
María es redactora digital y de contenidos de actualidad en enfemenino, y tiene claro que la comunicación es lo suyo. Seducida por la lectura, la escritura y las ganas de …