Inicio / Ocio / Cultura / Vicente Verdú: el color de la metáfora

Ocio

Vicente Verdú: el color de la metáfora

por Redacción Joyce Creado en 1 de agosto de 2015
© Vicente Verdú

Vicente, desde la experiencia de sus certidumbres y la acumulación de sus competencias, demuestra que su trabajo habla por sí solo, y lo que expresa son sensaciones, no pruebas, intuiciones y no razonamientos, sin intenciones deliberadas.

¿La vida imita al arte?
El arte y la vida son una sola cosa para el artista verdadero. Ese tipo trabaja, ama y considera al mundo desde la sencilla visión del ser vivo. ¿Es arte todo lo que ve? Claro que no. Pero él sabe cuándo ha visto clara esa íntima correspondencia entre arte y vida.

¿Podría decirse que usted pinta más bien lo que piensa/sueña que lo que ve?
Pinto lo que siento. Pero no lo que siento de antemano sino lo que voy sintiendo en la danza o la conversación con las progresivas formas y colores del cuadro. De su elocuencia se deduce unas veces un malestar y otras una emoción feliz que luce porque es compartida: compartida dichosamente por el lienzo y por la ilusión del que pinta.

¿Qué pasa por su cabeza cuando pinta?
Es la actividad en que mi cabeza no tiene conciencia de que le pase nada a través. La pintura que consigue el éxito a los ojos del artista es aquella que no se le pasó nunca por la cabeza sino que se hizo sin aparente mediación alguna.

Vicente Verdú © Vicente Verdú

¿Tuvo usted (y cuándo) la convicción de que estaba destinado a hacer precisamente este ejercicio de la pintura además de tener otra vocación tan marcada como escribir?
No me reconozco escribiendo sino en el ejercicio simultáneo de que las palabras sedujeran por su sonoridad, su colorido y sus proporciones. Todo a la vez. Siempre he escrito pintando y viceversa, como creo que les pasa a la mayoría de los poetas que yo quise ser y, al cabo, ha venido a realizarse de este modo. Mi primer libro Si usted no hace regalos lo asesinarán, publicado por Anagrama en 1971, estaba compuesto de palabras pintadas o cuadros escritos. Ahora me asombra cómo estaba de claro lo que deseaba hacer como artista.

Baudelaire afirmaba que lo bello es siempre sorprendente. ¿Lo cree usted así?
La belleza es una potencia física de la obra maestra. Nos golpea con tal capacidad que duele. Lo bello duele como el amor más fuerte. Sin entender por belleza, claro está, lo que es ‘bonito’. Lo que resulta bonito está cerca de haber fallado ridículamente.

¿Cómo se opta por un ‘estilo’ figurativo, abstracto, expresionista...? ¿Usted por cuál ha optado?
No he optado, sino que me ha cooptado el expresionismo abstracto. Con esa forma de expresión puedo decir todo lo que quiero, aunque de antemano lo querido no se revele y sólo se muestre al haberse captado.

En el arte, en los medios artísticos, hay normas muy establecidas, clasificadas, ordenadas en compartimentos estancos o por categorías y estilos, especialidades... ¿No encorseta al artista esta ‘especialización’?
Esta especialización lo enmarcaba en otros tiempos. Lo enfatizaba y le otorgaba categoría. Ahora lo limita. Y pienso que hoy un artista sea escritor o pintor no es artista sino se expresa pintando, escribiendo, componiendo, bailando o proyectando edificios. Todos los artistas (novelistas, pintores, arquitectos o músicos) que me interesan no hacen una de esas cosas exclusivamente. La consideración de un artista por especialidades estancas demuestra la obsolescencia de estos valores del arte, como los de cualquier otra relación de valor, en la política, en la cultura, en la religión, en la economía.

El que realmente hace algo que le gusta no entiende el significado de productividad, inflación y coraje. Sencillamente se lo pasa bien.

¿Por qué casualidades de la vida, pulsión instintiva, caminos tortuosos, ha llegado usted a pintar?
Nada de caminos tortuosos. Si he sido mucho tiempo un insoportable adicto a la tortura del perfeccionismo, poco a poco he descubierto que la libertad del amateur es lo gratificante y la imperfección la vida.

Los filósofos griegos le habrían preguntado: “¿El arte debe estar al servicio de los bello? o ¿cuál es la función de un artista?”.
El artista (y esto es cada vez más obvio) no es sino un trabajador más. ¿Su función? Hacer las cosas bien y con gusto de manera que el gusto y la bondad se contagien a quien sea receptor de la obra.

¿Tiene usted alguna obsesión, incluso ‘abstracta’?
Soy de talante asquerosamente obsesivo pero ahora sólo me perdono y hasta me acepto cuando libremente escribo o pinto, que casi lo mismo es ya.

¿Qué relaciones encuentra entre la línea y la superficie, el fondo y la forma, el color y la luz?
Sería incapaz de exponer algo así. Gracias a Dios lo que yo hago no pretende exponer nada a nadie sino exponerme yo a la voluntad de estilo que actúa por sí mismo.

¿Qué diálogo cree que se instaura entre su obra y el que la contempla?
La obra habla y se entiende o no, se disfruta o se padece en los diálogos que por su cuenta entabla con quienes la contemplan, la desean o la repudian. Cada cual habla con su propia lengua y con su propio corazón irrepetibles.

Háblenos del artista comercial.
El artista comercial es un artista que tiene la suerte de vender sus cuadros bien porque encandilan: son tan simples que mejoran la estimación que el comprador más simple tiene penosamente de sí mismo

¿Busca usted un impacto visual inmediato?
No busco nada en particular sino disfrutar haciendo.

En este momento de productividad inflacionista que atraviesa el arte contemporáneo, ¿se requiere un gran coraje para pintar?
El que realmente hace algo que le gusta no entiende el significado de productividad, inflación y coraje. Sencillamente se lo pasa bien. Aunque también muchos buenos pintores profesionales lo están pasando muy mal debido a esos factores espurios que le niegan hasta el salario.

¿Qué es pintar hoy?
Lo mismo que proyectar edificios, diseñar coches o inventar recetas de cocina.

www.vicenteverdu.net

por Redacción Joyce