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Si quieres ser más feliz, deja de quejarte. ¡Apunta estos tips para conseguirlo!

por Redacción enfemenino Publicado en 3 de octubre de 2017

Si eres de las que no puede parar de quejarse durante todo el día y por cualquier cosa, probablemente estos consejos te resulten útiles.

"Si no sale plan, me enfado, porque es un bajón quedarme en casa. Pero, claro, si sale plan, a ver qué plan es ése... porque para estar de un lado a otro con zapatos incómodos, con gente que no me cae bien del todo, con música que no es de mi estilo, mejor me quedo en casa... Y ya ves tú lo que me molesta tener que quedarme en casa, ¡odio estar en casa y odio salir a un plan que no me gusta!"

Si te sientes identificada con esta reflexión, ¡enhorabuena! Quejarse, de momento, seguirá siendo legal y, muy importante, ¡gratis! Lo único malo es que convertirte en una máquina de quejas deteriora tu bienestar emocional y el de los que te rodean.

¿Por qué nos quejamos?

De acuerdo al equipo de psicólogos especialistas en ansiedad de TherapyChat, al contrario de lo que se suele pensar, quejarse tiene un punto positivo. Desde el punto de vista psicológico, la queja es una consecuencia de la expectativa no cumplida, lo que quiere decir que hay expectativa y, por lo tanto, motivación.

Esta utilidad de las quejas aparece cuando haces la protesta con cierta esperanza de cambio: si no supieras que existe otra posibilidad, ni siquiera la plantearías. En el momento en el que la queja se produce y retas a las circunstancias, ya estás estableciendo nuevas líneas de pensamiento, nuevas formas de motivación y, muy posiblemente, un nuevo plan de acción.

No obstante, las quejas descontroladas se pueden llegar a transformar en pensamientos intrusivos que dificulten la resilencia y te lleven a una sensación de frustración y estancamiento que puede derivar en ansiedad.

¿Por qué? ¿Por qué a mi?

¿En qué punto quejarme comienza a ser dañino?

Quejarte se convierte en algo tóxico cuando responde a un hábito y no a una circunstancia. Todos hemos tenido un mal día en el trabajo o una temporada “mala” con nuestra pareja. Ante estas circunstancias, es normal y saludable que mostremos nuestra inconformidad y nuestro deseo de mejorar o, por lo menos volver al estado inicial.

Sin embargo, cuando lo que empezó como un mal día en el trabajo se convierte en “odio mi carrera”, “no soporto a mi jefe” o “estoy esperando a que me despidan porque no los aguanto”, quiere decir que los niveles de toxicidad han escalado y lo que antes era una queja legítima por un aspecto puntual, se ha transformado en una intolerancia generalizada que no te permitirá llevar el día a día en paz.

Siguiendo con los ejemplos, cuando en el ámbito de la pareja lo que antes era un “no me gusta que fumes en casa” evoluciona a “no me gusta que fumes en casa, ni tu ropa, ni tu amigo, ni tu gato, ni tu madre…”, la queja inicial corre el riesgo de dejar de ser un tema de conversación para llegar a un acuerdo y se convierte en un punto de inflexión donde el bienestar de los miembros de la relación puede verse en peligro.

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Tips para mantener el "quejómetro" a raya

Como ya hemos dicho antes, quejarse no sólo es válido, sino que puede convertirse en algo saludable si te lleva a la acción, así que vamos a darte algunas pautas para que puedas hacerlo dentro de unos parámetros positivos para ti.

1. Identifica los motivos de tu queja

La vida no es un muro de Facebook en el que para manifestarte basta con decir “Me Gusta”, “Me enfada” o “Me entristece”. Cuando sientas que algo no te encaja, identifícalo de la forma más concreta que puedas. En lugar de “mi marido está tonto con lo del coche”, quéjate estructuradamente: “Me enfada que mi pareja quiera comprarse un coche último modelo, porque ya tenemos uno en muy buen estado, tenemos otros gastos prioritarios, el coche que él quiere consume más y tiene menos espacio en el maletero, lo cual dificultará los viajes con los niños”.

2. Desmonta la queja

Te estás quejando de que tu pareja quiera cambiar el coche familiar, de eso no hay duda. Pero, como ya has visto, tus quejas no son por el cambio de coche en sí, sino por las circunstancias. Con esto en mente, construye el planteamiento que harías si tu opinión sobre el nuevo coche fuese favorable o qué condiciones necesitarías para que lo fuera: “El coche que mi pareja quiere es bonito y yo estaría de acuerdo con comprarlo si no hubiésemos acabado de pagar uno hace poco, si no tuviésemos otros gastos más urgentes ahora mismo y si pudiéramos optimizar nuestro equipaje cuando viajamos.”

3. Prepárate para el final del conflicto

Con independencia de lo que suceda (que tu pareja compre el nuevo coche o no) prepárate para aceptar que el conflicto que origina tu queja ha alcanzado su clímax y tendrá que tener un final. Asumir esto evitará que la queja se enquiste y aparezcan argumentos colindantes que hagan que quejarte se convierta en hábito.

a.- Si se produce la compra del coche: “Mi pareja ha decidido cambiar de coche aunque yo no estuviera de acuerdo. Ya que es un gasto importante y espero que nos dure mucho tiempo, confiaré en que no represente un hueco grave en nuestras finanzas y voy a pensar cómo compensar el hecho de tener menos espacio en el maletero”. El hecho de positivizar tu actitud y adaptarte a la nueva situación mantendrá la frustración a raya y evitará que entres en bucle al quejarte.

b.- Si desiste de la compra del coche: “Mi pareja ha aceptado que no es el mejor momento para cambiar de coche. Me alegra que haya escuchado mi opinión al respecto y creo que es un buen momento para recompensarle con una escapada de finde: que vea que es mejor no ir tan pillados de dinero, ¡y que el maletero de nuestro coche actual es genial!” De esta manera, no sólo darás por zanjado el asunto, sino que ayudarás a que la otra persona gestione su frustración y evite convertirse en una nueva máquina de quejas.

4. Reconoce futuras quejas a kilómetros

Aprender a detectar cuando una molestia está llegando “para quedarse” es la mejor manera de evitar reventar el “quejómetro” y envenenarte a ti misma. Cuanto antes seas capaz de decir “esta actitud podría resultarme molesta”, más ágil serás identificando los motivos de tu desagrado, desmontando tu queja y abonando el final de ese posible conflicto.

Ten presente que no hay ningún problema en expresar molestia o desagrado siempre que lo hagas respetando a las otras personas y siempre que seas capaz de poner límites a esa molestia, sin dejar que se adueñe de tu vida y se convierta en una costumbre o en la forma habitual de comunicación.


Contenido elaborado por TherapyChat, servicio de psicología online.

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