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La crononutrición

por El equipo editorial Creado en 15 de mayo de 2008
La crononutrición

Surgida en 1986 de los trabajos de un nutricionista francés, el doctor Alain Delabos, la crononutrición se define como algo más que un régimen: es un modo alimentario que respeta el ritmo natural del organismo, o más exactamente, el de las secreciones enzimáticas. Explicaciones a continuación.

El principio
Según el Dr. Delabos, la crononutrición consiste en "comer todos los alimentos en los momentos del día en que son más útiles, con el fin de satisfacer cada día las necesidades de energía del organismo, sin que los alimentos y las grasas se almacenen en ciertas partes del cuerpo, creando formas no deseadas".
Según el doctor, las necesidades naturales ancestrales del ser humano están inscritas en el organismo, que a lo largo del día segrega, de manera organizada y calculada, diferentes sustancias (enzimas y hormonas) destinadas a asimilar un alimento u otro. Así, por ejemplo, consumir fruta en el desayuno es contranatural, igual que comer pasta para cenar, ya que el organismo no necesita estos nutrientes en estos momentos. Y, ¿qué hace cuando no lo necesita? No asimila: ¡almacena!
Basada en las secreciones enzimáticas del organismo, la crononutrición es un método codificado, que impone la consumición de ciertos alimentos en una comida concreta y deja de lado otros. Excepto los yogures y la leche (que contienen lactosa que el organismo no puede digerir), ningún alimento está prohibido, y no es necesario contar las calorías ni vetar las grasas y el azúcar.

Los objetivos
La crononutrición pretende, en primer lugar, eliminar los kilos de más debidos al almacenamiento inútil de los nutrientes no asimilados. Siguiendo al pie de la letra este concepto, se debe reducir el peso y mantenerlo.
Más allá de una simple pérdida de peso, este método también tiene como objetivo reequilibrar la silueta. Según el Dr. Delabos, la forma del cuerpo reflejaría la alimentación: ingerir demasiada verdura provocaría demasiadas caderas y muslos; demasiada carne, mucho pecho y hombros; demasiados alimentos feculentos, aumentarían el vientre... Comiendo lo necesario en el momento adecuado se acaban los michelines. ¡Viva las curvas en su sitio!
Por último, el Dr. Delabos afirma que siguiendo este método también se puede mejorar el estado de salud, sobre todo luchando contra los problemas de diabetes, colesterol, hipertensión...

El transcurso de un día
Este método pone en primer plano dos comidas actualmente olvidadas: el desayuno y la merienda. El primero debe ser copioso y graso (queso, pan, mantequilla, embutidos...) y el segundo debe aportar azúcar (frutas y derivados, chocolate) y grasa vegetal (aguacate, aceitunas). La comida y la cena de un plato único. El azúcar añadido, la bollería, el vino y los postres en general no tienen cabida en este programa, pero se permiten dos comidas comodín a la semana.

Un desayuno graso
Cada mañana, en el organismo se producen 3 secreciones enzimáticas: la insulina, destinada a guardar la aportación glucídica necesaria para el trabajo de los órganos; las lipasas, destinadas a metabolizar las grasas utilizadas para la fabricación de las paredes celulares; y las proteasas, destinadas a metabolizar las proteínas utilizadas para la fabricación de los contenidos celulares.
El menú: 100 g de queso + 70 g de pan + 20 g de mantequilla + bebida caliente sin leche ni azúcar

Una comida densa
Durante el mediodía se segregan proteasas y amilasas, destinadas a poner en su lugar las proteínas celulares y a almacenas las reservas proteínicas.
El menú: 250 g de carne O 250 g de pescado, con salsa O 3 o 4 huevos en tortilla, duros, revueltos, escaldados... + 1 bol de féculas (pasta, arroz, puré, patatas fritas...), con mantequilla O 50 g de pan.

Una merienda dulce
A media tarde va bien un pico de insulina para utilizar los azúcares destinados a compensar el cansancio relacionado con el funcionamiento de los órganos.
El menú: 30 g de chocolate negro O 1 bol de frutos secos (nueces, avellanas, pistachos...) O 1 bol de olivas O 1 bol frutos secos (uvas, albaricoques, ciruelas...) O 2 manzanas cocidas con mermelada, miel, sirope de arce... O 2 vasos grandes de zumo natural.

Una cena ligera
Por la noche apenas se producen secreciones digestivas, por lo que la asimilación de los alimentos se ralentiza.
El menú: pescado blanco o marisco (cantidad deseada) O 120 g de carne blanca, sin salsa + 1 bol de legumbres, eventualmente en vinagreta.

El equipo editorial
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