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¡Socorro, me ruborizo fácilmente!

Elena Bonet
por Elena Bonet Publicado en 10 de julio de 2009
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No escuches tus sensaciones

El miedo a ruborizarte, te paraliza. A esto se le llama eritrofobia o ereutrofobia. A la mínima emoción negativa, temes ponerte colorada. Sofocos, sudores fríos, palpitaciones: ¡tienes la impresión de que tus mejillas enrojecen rápidamente! Pero en realidad, no puedes saberlo seguro ya que no te estás viendo, así que no te aterres a la mínima señal. Si reaccionas con pánico lo único que haces es empeorar la situación.

Acepta tus emociones

No tengas vergüenza por expresar tus emociones, ¡incluso de manera involuntaria! No dramatices y aprende a mostrar tus sentimientos descaradamente, así podrás vencer a tus miedos poco a poco.

Aprende a respirar

Tu cuerpo refleja tu miedo y tu estrés. Cuando te enfrentas a una situación intimidatoria tus emociones toman el control y te paralizan. ¡Es hora de no dejarse llevar y de retomar el control!

Emplea 5 minutos al día en realizar ejercicios de respiración en algún lugar tranquilo. Inspira y expira profundamente, con el vientre.

Más adelante, cuando notes que vas a enrojecer, tranquilízate, relájate, respira profundo y con calma y piensa en algo agradable y tranquilizador para que baje la presión. ¿Por qué no te apuntas a yoga para mejorar aún más la técnica?

Distrae la atención

¿Tus mejillas comienzan a ponerse coloradas? Muérdete por el interior de la mejilla o apriétate fuerte el lóbulo de la oreja. Tu mente concentrará su atención en el dolor y no sobre el acontecimiento que te provoca ansiedad y que estás viviendo en ese momento.

Ten perspectiva

Estás paralizada por miedo al ridículo y das demasiada importancia a los juicios de los demás. Los pensamientos negativos te acosan en cuanto te sientes en dificultades: “no lo voy a conseguir”, “mis propuestas no le interesan a nadie”, “le estoy molestando”, “no me van a tomar en serio”...

Examina una a una todas estas ideas y reconsidéralas objetivamente. ¿Crees, sinceramente, que todo el mundo tiene puestos los ojos en ti, al acecho del más mínimo fallo? Baja a la Tierra y relativiza: no eres el ombligo del mundo.

¿Necesitas ayuda de un profesional?

Si estos problemas persisten a pesar de nuestros trucos y si no puedes soportar este “handicap” consulta a un médico, un dermatólogo o un terapeuta especializado en problemas de timidez.

por Elena Bonet

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