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Piel reconstruida para acabar con la experimentación animal en cosmética

Patricia Álvarez
por Patricia Álvarez Publicado en 19 de febrero de 2018
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Pese a que hace ya varios años que la experimentación animal en la cosmética está totalmente prohibida en Europa, este problema todavía existe en otros mercados como el asiático.

Para acabar de una vez por todas con esta práctica es vital que las grandes firmas de belleza se impliquen y desarrollen nuevas maneras de testar la eficacia de sus productos sin necesidad de hacerlo en cobayas, conejos o ratas. L'Oréal, la mayor empresas de cosméticos a nivel mundial, lleva mucho tiempo invirtiendo recursos en desarrollar este tipo de tecnologías que ayuden a acabar con la experimentación animal a nivel mundial, mucho antes incluso de que fuese obligatorio por ley. De hecho, un 3,4% de su facturación (877 millones de euros) se invierte anualmente en I+D, convirtiendo así a L'Oréal en la empresa cosmética que más invierte en I+D del sector. ¿La iniciativa más importante de todas? Sus cultivos de piel reconstruida en los laboratorios Episkin de Lyon, que tuvimos la oportunidad de visitar hace unos días.

Aunque suene a argumento de película de ciencia ficción, los cultivos de piel reconstruida son una realidad desde que se desarrolló el primer prototipo en 1979. Por supuesto, ha sido mucho lo que se ha avanzado en estas décadas, y desde 2011 Episkin fabrica entre 100.000 y 130.000 unidades de piel humana cada año en su sede de Lyon. Pero, ¿cómo se utilizan estos cultivos de piel humana reconstruida? En pequeñas cubetas de unos dos centímetros cuadrados se cultiva la epidermis humana a partir de donaciones de pacientes (principalmente de intervenciones estéticas) de hospitales cercanos. Una vez que la piel "ha crecido" a partir de las células de los donantes y está lista para usarse, se impregnan con el cosmético que se quiera testar para descartar efectos irritantes y corrosivos, o comprobar, entre otras cosas, la evolución del producto tras exponerlo a la radiación UV.

Sin embargo, esta no es su única aplicación, pues también se venden estos cultivos a otras empresas de cosméticos para que puedan realizar sus pruebas y a hospitales especializados en reconstrucción de piel tras quemaduras graves.

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El problema con China

Pero si todo esto ocurre en Europa, ¿cómo se soluciona el problema con el gobierno chino y sus pruebas obligatorias de cosméticos? Desde el año 2010 Episkin desarrolla también cultivos de piel asiática, para que los tests no se realicen solo en pieles caucásicas, y en 2014, L’Oréal abrió otro laboratorio de piel humana en Shanghái (igual que el que existe en Lyon), especializado en piel asiática.

Además, no solo cuentan con tecnologías como la de sus centros de piel reconstruida de Lyon y China, sino que también disponen de otros métodos como la modelización molecular, cálculos científicos, o la bioimpresión de piel en 3D, para poder probar y evaluar la eficacia de sus productos sin necesidad de utilizar en el proceso a ningún animal.

Por supuesto, todavía queda mucho camino por recorrer, pero tecnologías como la de la piel reconstruida hacen posible que cada vez el mercado asiático tenga menos argumentos para seguir permitiendo la experimentación animal, y en unos años esto pueda ser un problema del pasado.



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