Un paraíso llamado Niwa
En el corazón de Brihuega (Guadalajara), donde uno espera encontrarse la Alcarria más profunda, emerge como un oasis un espacio donde olvidarse de las preocupaciones, vencer al cansancio y reconectar con nuestro cuerpo. El hotel spa Niwa -así se llama- ofrece un extenso catálogo de masajes, tres piscinas a diferentes temperaturas, dos tipos de sauna y un amplio jardín donde haríamos un pacto con el mismísimo diablo si nos dejara detener el reloj.
«¿Brihuega? ¿Dónde está eso?». Probablemente eso sea lo primero que oigas si le dices a alguien que vas a pasar un fin de semana en este municipio de Guadalajara. Lo que no parecería tan probable es que allí te encontraras con un auténtico paraíso. El hotel spa Niwa se erige en este pueblo (a algo más de una hora de distancia de Madrid) como una perfecta opción para todas aquellas personas que quieran desconectar del ajetreo de la civilización y dejarse llevar por la vida tranquila, lejos del estrés, donde el bienestar alcanza una nueva y más placentera dimensión.
© Hotel Spa Niwa.
© Hotel Spa Niwa.
© Hotel Spa Niwa.
© Hotel Spa Niwa.
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© Hotel Spa Niwa.
© Hotel Spa Niwa.
© Hotel Spa Niwa.
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De la miel de la Alcarria al bambú de Filipinas
El plato fuerte del hotel son sus masajes orientales, aplicados por un equipo de masajistas procedentes de Filipinas. Niwa cuenta con un total de 25 masajes, desde clásicos relajantes o descontracturantes a masajes para embarazadas, infantiles o japoneses. Más interesantes resultan otros como el que aplica miel de la Alcarria por todo el cuerpo, perfecto para hidratar, nutrir y estimular el matabolismo de la piel. O el masaje Hilot, de origen filipino, en el que se cubre el cuerpo con aceite de coco virgen y hojas de plátano para aflojar los músculos y, posteriormente, se utilizan palillos de bambú para trabajar con ellos y expulsar toxinas, aliviar los circuitos neurológicos y mejorar la circulación.
También se encuentran aquí técnicas tan apetitosas como la chocoterapia, tan rejuvenecedoras como el lifting oriental o tan relajantes como el masaje de pintas aromáticas, realizado con saquitos de hierbas aromáticas de la zona. ¡Hay para todos los gustos!
Un chapuzón de temperaturas

En ese esfuerzo por rendir culto al cuerpo (en el mejor sentido de la expresión), nos encontramos en Niwa con un desayuno mediterráneo de primer nivel, zonas verdes para tomar el sol, un gimnasio para los más valientes y su circuito spa, el secreto mejor guardado de su planta baja. El spa consta de una piscina termal (de unos 35º ), una pileta tonificante (de 10 º, para los osados que deseen hacer el cambio de temperatura) y una piscina vitalidad (a 28º).
Fuera de éstas, si tienes fuerza de voluntad como para salir, nos encontramos con una ducha escocesa, que combina temperaturas para activar la circulación; una sauna finlandesa, de calor seco; y un baño turco, con una humedad del 98%. Y para el que se atreva a escapar del paraíso durante unas horas, Brihuega también tiene mucho que ofrecerle.
Mucho más por descubrir
Localizado a aproximadamente hora y media de Madrid, Brihuega es un pueblo con mucho encanto para hacer una escapada romántica o pasar un fin de semana tranquilo con tu familia o amigos. Desde bonitas iglesias como la de San Felipe a la resultona plaza del Ayuntamiento, Brihuega se puede pasear con más de una agradable sorpresa. Por ejemplo, los vestigios de sus murallas árabes, su imponente castillo de piedra bermeja (que ahora es un cementerio) o las numerosas fuentes que pueblan la ciudad y que son, a su vez, una de las señas de identidad del municipio.
Y entre paseo y paseo, con sus correspondientes paradas gastronómicas, nos encontramos también con el curioso Museo Mundial Miniaturas Profesor Max, con un batiburrillo de piezas minúsculas de diferentes épocas y procedencia donde destacan algunas sorprendentes obras: desde esculturas en chicle o en una tiza al mapa del mundo dibujado en una cabeza de alfiler o una copia del cuadro La última cena pintada en un grano de arroz.
Y tras uno de esos paseos, al final, entre tanta relajación, despreocupaciones y paz, uno solo puede preguntarse a quién se le ocurrió no añadir un día extra entre el sábado y el domingo. ¡Que se pare el tiempo, por favor!
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