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Dudas ante un tratamiento de fertilidad: cuando el vínculo es el deseo de ser padres

por Redacción enfemenino Publicado en 7 de diciembre de 2015

Iniciar un tratamiento de fertilidad puede conducir a que en los futuros papás nazcan muchas dudas. Es un proceso normal en el que el vínculo fundamental que unirá a estos con sus hijos es el deseo de ser padres. La psicóloga experta en reproducción asistida, Victoria Martínez, nos cuenta qué consecuencias derivan de esta opción.

Los núcleos familiares han evolucionado como jamás habríamos pensado hace unas décadas. Hoy conocemos parejas homosexuales formadas por dos mujeres y también por dos hombres, incluso algunas en las que uno de los dos miembros es transexual. Esta normalización de la uniones de personas del mismo sexo se ha logrado tras años y años de lucha social por los derechos y libertades individuales, más allá de toda preferencia íntima.

Si nos fijamos, la familia también ha cambiado en uno de sus aspectos más importantes, si no el más importante: los hijos. Ha variado la concepción y la naturaleza de los mismos. Y en esta ocasión ha sido gracias a la Ciencia y a una rama de estudio que ha estado a la altura de la velocidad de los tiempos: la medicina reproductiva.

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Victoria Martínez, psicóloga especialista en esta área, que ejerce en Clínicas Eva, nos explica los problemas que afrontan los padres a la hora de concebir un hijo mediante algunas técnicas de reproducción asistida. Dudas, interrogantes y miedos que quedan atrás ante la llegada de una nueva vida.

La donación de semen y de óvulos para ayudar a que otras parejas con problemas de fertilidad puedan llegar a ser padres es una de las terapias que más incertidumbre suscita. Según explica nuestra experta, el hijo por nacer, no tendrá parcial o totalmente la carga genética de los padres, provendrá de terceros, que aportarán sus genes en la concepción de un futuro bebé, pero sí tendrá en mayor o menor medida el mismo fenotipo, es decir, sus mismas características físicas observables (morfología, fisiología y comportamiento).

Es decir, el futuro niño puede que no tenga ni uno de mis genes pero sí puede que se parezca a mí. ¿Es diferente mi maternidad en este caso? La duda resulta normal, pero, según Victoria Martínez, es importante entender, que el niño que va a nacer mediante esta técnica, viene al mundo por el deseo de ser padres, y es en ese deseo, donde está el origen de ese niño. El donante únicamente da el gameto, el cuál llegará a ser persona solo y exclusivamente porque la pareja quiere tener descendencia.

Una decisión bien meditada

No obstante, la elección de este tratamiento debe ser una decisión bien pensada y meditada por la pareja, independientemente de que se trate de una donación de ovocitos o de semen, ya que este es un tema que afecta a la formación de la familia.

Desde el punto de vista de la psicología y como recomendación a las parejas que decidan someterse a estas técnicas de reproducción, es importante subrayar que, el ambiente en el que crece cualquier niño o niña, es el que determina sus hábitos, sus valores, sus costumbres y su forma de entender la vida. Son los padres los que lo transmiten, a través de la educación, independientemente de que la carga genética que tenga el niño o la niña (sea o no la de uno de sus padres).

Esta opción de reproducción asistida permite a la pareja disfrutar de todo lo que supone la paternidad desde un principio. Numerosos estudios confirman que, el uso de la donación de gametos, no afecta a la cualidad de las relaciones padre/madre – hijo, al bienestar psicológico de los padres ni al desarrollo emocional del niño.

Además, está comprobado que una vez que el paso de la donación se ha dado con decisión y seguridad, los problemas que surgen son los mismos que aparecen en cualquier otra pareja con hijos, por lo que es una técnica eficaz cuando la pareja no puede concebir con sus propios gametos.


Contenido elaborado en colaboración con Clínicas Eva



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