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¿Cómo controlar tu humor?

Elena Bonet
por Elena Bonet Publicado en 22 de julio de 2009

¿Una discusión con tu pareja? ¿Una llamada de tu asesor financiero preferido? ¿Atascos que no terminan nunca? No es fácil estar de buen humor en cualquier circunstancia. Sin embargo, hay que aprender a controlarlo, en particular en el mundo del trabajo. ¿Hay que contenerse o expresarse con franqueza? ¿Qué significa estar de mal humor? Algunas respuestas.

El humor: ¿Qué es exactamente?

Lo asimilamos en el lenguaje corriente del “ánimo”. Así, tener ánimo se sobreentiende estar de buen humor. Por el contrario, cuando se está triste o enfadado, ¡ni nuestro ánimo ni nuestro humor están muy altos!

A nuestro pesar, las emociones se manifiestan

Nuestras emociones son fuerzas biológicas que hay que saber controlar. Existen antes que nuestros pensamientos. Primeramente se presenta una situación dada, después la forma en que se reacciona. Los que son muy emotivos tienen que aprender a controlarse: no es bueno dar rienda suelta a una emoción negativa porque no se hace más que reforzarla. Lo contrario, contener tus emociones, también es perjudicial, y más aún las emociones negativas. Tenemos que encontrar el equilibrio con el fin de expresarnos con exactitud, siendo educado y procurando reprimir nuestra agresividad.

¡Cuidado con los cambios de humor!

Nuestro humor cambia en función del entorno donde nos encontramos, de lo que se hace y, por supuesto, de nuestra personalidad. Estas fluctuaciones nos conciernen a todos. El problema está cuando estas variaciones se vuelven perjudiciales:

> El ciclotómico: los cambios de humor son poco duraderos e intensos. Se pueden prescribir tratamientos estabilizadores pero, en general, se trata sobre todo de aprender a controlar mejor el día a día psicológicamente.

> El trastorno bipolar, también llamado trastorno maniaco-depresivo o psicosis: los cambios de humor son más duraderos e intensos. Las personas que lo sufren se vuelven hipersensibles e hiperactivos frente a situaciones de estrés.

Observar los amagos

Ser dueño de tus emociones exige un trabajo de introspección. Tienes que saber reconocer qué situación es capaz de desencadenar un cambio en tus emociones y, por consiguiente, de tu humor. Esto es válido también para los demás. En equipo, se está constantemente estudiando las emociones de los otros, positivas o negativas. Identifica los amagos, identifica las expresiones, los gestos, las miradas. El objetivo: neutralizar las situaciones de riesgo y comunicarse mejor teniendo en cuenta el estado emocional de tu interlocutor.

Controlar tu humor en el trabajo

Cuando el ánimo se pone patas arriba, las consecuencias sobre el trabajo son numerosas: la productividad desciende, se desencadenan tensiones con los compañeros, o peor, con tu jefe... Y sin embargo, ¡no está permitido pegarle un grito! Por lo tanto, se tiene que ser responsable. No obstante, de vez en cuando, hay que saber escuchar esa cólera porque nos indica la presencia de una frustración, de un deseo no respetado.

Pero de todos modos ten cuidado: ¡reflexiona dos veces antes de desahogarte con tu jefe!


Sincerarse

Para dejar tu mente sin preocupaciones y preservar mejor las relaciones con tus compañeros, tienes que atreverte a sincerarte, durante los descansos, por ejemplo. Pero antes de hacerlo, ten claro lo que esperas de esta persona: si sólo un consejo o si simplemente quieres a alguien que te escuche.

Estoy de mal humor: ¿Por qué?

El mal humor se deriva de una necesidad no satisfecha. A menudo, nos inventamos falsas excusas para justificarlo: estoy cansada, me he levantado con el pie cambiado, o peor... ¡estoy con la regla! Ahora bien, el mal humor surge como una señal de alarma. Por ejemplo, la ansiedad puede representar el miedo a un peligro que te acecha: los enfados frecuentes pueden siginificar una insatisfacción en tu vida personal. Una vez que se ha tomado conciencia de lo que no va bien, depende de nuestra voluntad retomar el control para encontrar una solución apropiada a la necesidad insatisfecha.

Algunos consejos:

> Para controlar la presión del día a día, procura reservarte momentos agradables, para ti, de completo descanso y diversión: compras, música, baño caliente, masaje...

> Aprende a respirar con el vientre: es la base de toda relajación. Inspira profundamente inflando el vientre, después expira lentamente por la boca.

> Protege tu sueño: respeta tu reloj interno, acuéstate en cuanto el cansancio asoma a la punta de tu nariz. Si retrasas ese momento, el ciclo del sueño puede aplazarse en más de una hora y media. Quien dice no haber dormido suficiente también dice a menudo no sentirse bien o estar de mal humor.

> Practica deporte como válvula de escape: es lo ideal, ya que se adapta a cada situación. Si se siente mucha frustración, se optará por el tenis, el squash... Para liberarse de un sentimiento de pérdida o de tristeza, el mejor deporte es la natación.

por Elena Bonet