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Odio mi cuerpo

por El equipo editorial Creado en 5 de julio de 2009

- ¿Por qué odio mi cuerpo?

Llega a menudo con el paso a la adolescencia cuando se tiene conciencia del propio cuerpo... y de los defectos que tiene. Este sentimiento de rechazo está muy inculcado en nuestras mentes y a pesar de los años que han pasado, tiene tendencia a aflorar de vez en cuando, y de hecho no llega a desaparecer. Bien porque hayamos sido algo gorditas o demasiado delgadas, algunos comentarios de nuestros padres o palabras hirientes de conocidos resuenan aún inconscientemente en nuestra mente. Todavía hoy, la mayoría de los adolescentes tienen una visión deformada de su cuerpo, incluso, en algunos casos extremos, están afectados de dismorfofobia (patología que consiste en odiar tu cuerpo).

Video por Samanta Mayordomo

La tendencia femenina a rechazar su cuerpo se acentúa igualmente en periodos de crisis personales (duelo, ruptura...).

- El cuerpo en los medios de comunicación

A diario observamos las imposiciones de la moda a las que nadie puede escapar en las revistas. Nos sentimos en la obligación de estar guapas y seductoras en cualquier circunstancia; de ahí la tendencia a cuestionar todo lo relacionado con el cuerpo: el peso, las caderas, la tripa, los muslos, los pechos, el culo... Se trata de un problema de aceptación de una misma. Estos complejos afectan particularmente a las mujeres, que no soportan ser diferentes a lo que imponen las normas del papel couché.

- Un cuerpo que se convierte en una obsesión

Una vez que visualizamos una parte de nuestro cuerpo que odiamos particularmente ya no vemos otra cosa. Nos auto convencemos de que todo el mundo que nos rodea se está fijando en ello, que es lo único que ve, y terminamos incluso por creer a veces que se ríen de nuestros “defectos” a nuestras espaldas.

Esta “nariz torcida” o este “culo un poco caído” se convierten en una verdadera obsesión que ¡hay que saber detectar y erradicar!

Estas imperfecciones que nos obsesionan, a menudo son fruto de un simple desajuste entre la imagen que tenemos de nosotras mismas y la imagen real que vemos en el espejo. ¡Incluso no tienen razón de ser!

- Odiar tu cuerpo, una falta de autoestima

Rechazar tu cuerpo es la prueba del menosprecio por una misma. Psicológicamente, existe un malestar más o menos consciente que se traduce es una sensación de asco de tu propio cuerpo en general y/o de una parte de tu anatomía en particular. La primera tarea consiste en devolver la confianza en una misma y poner fin a esta focalización corporal. Cuanta más atención ponemos en estos “defectos”, más los acentuamos. ¡Relativicemos! Incluso las modelos más admiradas consideran que tienen flagrantes imperfecciones. Tener perspectiva y hacer valer tus diferencias son condiciones sine qua non para sentirse mejor física y mentalmente.

- Volver a dar una oportunidad a tu cuerpo

- Deja de inspeccionar el más mínimo rincón de tu cuerpo delante de un escaparate, peor aún con un espejo de aumentos.

- Rodéate de gente condescendiente y tolerante, dialoga con ellos, o de ¡cómo ganar en autoestima!

- Acéptate y repítete que sí, que estás guapa. A fuerza de decirlo terminamos por convencernos y volvérnoslo a decir.

- Mímate: con un tratamiento, un hammam, una crema con la que se masajea todo el cuerpo y que deja la piel suave y aterciopelada...

- Cambia o adaptar tu armario: ir a la moda está bien, pero a condición de que vaya con tu morfología y que te siente bien.

- Presta atención a tu cuerpo: duerme suficiente, come sano y variado (carne blanca, pescado, cereales, verduras, frutas...); sin rechazar algunos dulces. Hay que evitar la privación o la frustración.

- Haz deporte: no hay nada como el ejercicio para reconciliar cuerpo y espíritu. Una se libera y se olvida de todo ¡fortaleciendo su cuerpo y cuidando su silueta!

- ¿Todavía tienes dudas?

Los complejos están en la cabeza. Entonces, si a pesar de estos consejos, sigues sin conseguir sentirte en armonía con tu cuerpo, puedes dirigirte a un profesional de terapias cognitivas y del comportamiento que te ayudarán a modificar tu actitud.

La cirugía estética puede igualmente ser un recurso, pero incluso los mejores bisturís no acabarán con el rechazo si todo está en tu cabeza.