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7 errores en los que todos los padres caemos y por qué evitarlos

por Elvira Sáez Creado en 18 de diciembre de 2019
7 errores en los que todos los padres caemos y por qué evitarlos© Getty

Seguro que más de alguna vez te has visto envuelto en algunas de estas situaciones con tus hijos. Desde Más Vida Psicólogos te explican por qué es importante evitarlos.

Contenido elaborado por Más Vida Psicólogos Málaga


La educación se considera cada vez más la base para la prevención de muchas problemáticas infanto-juveniles, tanto es así que en las consultas ya no solo trabajamos con el menor sino que hacemos participes a los padres con la intención de identificar qué se está haciendo mal y que influencia tiene eso en la problemática que quieren solucionar en sus hijos.

Obviamente esto es a veces difícil asumir por los padres, puesto que quizá lo haces así por ignorancia o inconscientemente pero sí podemos asegurar que cuando se cortan ciertos patrones parentales se modifican un porcentaje de cosas en los hijos. Y esto es lo que vamos a tratar en esta ocasión. ¿Qué hacemos mal los papás y las mamás?

Video por Carla Dominguez

1. No poner límites

La mayoría de los padres no tienen claro que límites deben poner a sus hijos. No lo tienen claro en la teoría así que es muy difícil que lo tengan claro para la práctica. Esto quiere decir que es muy improbable que improvisen sobre la marcha y mucho más que acierten. Tenemos que tener claro cuáles son los límites y normas para nuestros hijos y tener un plan de actuación para cuando se den ese tipo de actuaciones.

2. Pretender ser amigos de nuestros hijos


Bien sea por inseguridad o miedo en los padres a ser rechazos por sus hijos, muchos padres pretenden adoptar un rol excesivamente democrático con los hijos para generar una serie de afectos de los hijos hacia ellos que acabará trayendo graves consecuencias a medio-largo plazo.

3. Sobreproteger

Bien conocido este error en nuestra socidad, escuchamos “es que ese niño está sobreprotegido” pero la pregunta es si sabemos intervenir para dejar de hacerlo. En mi experiencia pocas veces. Lo básico aquí es caer como padres en la trampa de querer evitar a los hijos ciertos golpes emocionalmente difíciles de digerir para cualquier ser humano con la intención de que “no sufran”.

¿Qué suele ocurrir? Que generamos personalidades débiles, incapaces de soportar la frustración y poco entrenados para resolver conflictos propios y ajenos de manera eficaz, emocionalmente débiles y con expectativas falsas de cómo funciona la vida cuando salgan del nido de sus padres.

4. No saber emplear castigos


Cuando hablamos de castigos no sólo hay que saber qué castigo vamos a poner si no, cuando, cómo y por qué. Si esos castigos no se hacen con sentido, continuidad y coherencia lo que a priori era un castigo se convierte en una píldora de información para el niño en el que capta la idea de que mis padres no cumplen sus promesas, son imprevisibles y no tienen constancia.

5. Falta de acuerdo entre los padres


¿Qué ocurre cuándo cada padre tiene un criterio diferente de lo que se debe hacer en cada situación con su hijo? Problemas y discusiones entre ellos que los hace ser un mal equipo para resolver la situación que tienen por delante. Lo que más nos preocupa a los profesionales es que tampoco vemos a los padres sentarse, esclarecer los desacuerdos, llegar a puntos intermedios y establecer un plan consensuado por los dos. Esto nos lleva a recurrir a la consulta con un psicólogo para adquirir estas estrategias y herramientas.

6. Comparación entre hermanos


Este punto es mucho menos admitido por la mayoría de los padres. Cuesta mucho reconocer que tiendas a comparar entre ellos y que incluso a veces hay una preferencia clara por alguno de tus hijos. Debemos respetar la individualidad de cada hijo sin crear expectativas de cambios en ellos por criterios individuales que nos gusten más o menos. Recordar que nuestros hijos no van a ser lo que nosotros queremos que sean, no son nuestro proyecto, son un ente individual con derecho y capacidad para crear un proyecto propio.

7. Dar mal ejemplo a los hijos


Estamos de acuerdo que los padres no somos perfectos y seguramente que en muchas ocasiones seamos “malos ejemplos para los hijos”. Creemos que esto en cierta medida es inevitable pero sí debemos hacernos la pregunta de... ¿esto pidiendo en mi hijo que haga cosas o deje de hacer cosas que yo no llevo a cabo? Porque quizás ante esto sí debemos comprometernos y realizar nosotros también cambios como ejemplo a lo que le estamos exigiendo.

Después de leer sobre todo esto, ¿estás tratando de hacer autocrítica y mejorar? Esa es la intención, que como padres no pretendamos ser perfectos, nos aceptemos con nuestras virtudes y defectos sin juzgarnos, pero nunca dejar al margen la capacidad real que tenemos de formarnos, aprender, actualizarnos y ser la mejor versión de nosotros mismos. Esa será tu mejor forma de ser un buen padre o madre.

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