Si creciste con padres emocionalmente distantes, es probable que hayas desarrollado estos 8 rasgos en la edad adulta, según la psicóloga Maria Hejnar

Publicado el Por Cristina Buisan Vega
Si creciste con padres emocionalmente distantes, es probable que hayas desarrollado estos 8 rasgos en la edad adulta, según la psicóloga Maria Hejnar © Shutterstock

A primera vista, la infancia parecía normal. Las comidas estaban preparadas, la ropa lavada y, en ocasiones, los deberes supervisados. Sin embargo, faltaba algo. No se trataba necesariamente de gritos o conflictos constantes, sino de la ausencia de una figura emocional capaz de escuchar, tranquilizar, aconsejar y consolar. Tanto de pequeños como en la adolescencia o incluso siendo hijos ya mayores, solemos sentir esa necesidad respecto a nuestros padres.

La psicóloga clínica y psicoterapeuta Maria Hejnar explica en su página especializada que algunos padres están físicamente presentes en la vida y la educación de sus hijos, pero permanecen emocionalmente ausentes. A menudo, preocupados por sus propias dificultades, su ansiedad, una depresión, un duelo o traumas del pasado, tienen dificultades para responder a las necesidades afectivas de sus hijos. Con el tiempo, esta negligencia emocional puede moldear de manera duradera la personalidad y los comportamientos del niño cuando llega a la edad adulta. De hecho, es muy probable que desarrolles estos ocho rasgos.

Estos son los 8 rasgos de los adultos que crecieron con padres emocionalmente distantes: 

  • Baja autoestima.
  • Necesidad constante de validación.
  • Miedo al abandono.
  • Dificultad para confiar en los demás.
  • Mala gestión de las emociones.
  • Hipersensibilidad emocional o desapego afectivo.
  • Dificultades en las relaciones amorosas y sociales.
  • Tendencia a presentar síntomas psicosomáticos (dolores de cabeza, trastornos del sueño o molestias sin causa aparente).

Baja autoestima y necesidad constante de validación

Una de las consecuencias más frecuentes tiene que ver con la imagen que una persona tiene de sí misma. Cuando un niño crece sin recibir suficiente atención emocional, puede acabar creyendo que sus necesidades no son importantes. Maria Hejnar explica que estos niños suelen tener dificultades para construir una verdadera confianza en sí mismos y en los demás. Aprenden muy pronto a minimizar sus emociones y a buscar la aprobación externa para sentirse legítimos. En la edad adulta, esto puede traducirse en una necesidad constante de reconocimiento, miedo a decepcionar o dificultad para tomar decisiones sin la validación de otras personas.

Muchas personas se vuelven especialmente atentas a las expectativas ajenas. Como señala la psicóloga, estos niños suelen convertirse en personas «encantadoras» y adaptables porque han aprendido a ajustarse a lo que su entorno espera de ellas. Pero detrás de esa fachada tranquilizadora suelen esconderse una gran inseguridad y un miedo persistente al rechazo.

Esta inseguridad suele ir acompañada de miedo al abandono. Cuando se encuentran solas, algunas personas adultas describen una profunda sensación de vacío. Maria Hejnar señala que los hijos de padres emocionalmente indisponibles «tienen miedo al abandono» y pueden experimentar un gran sufrimiento frente a la soledad, incluso cuando están perfectamente acompañados.

Emociones difíciles de comprender y expresar

Cuando los padres no ayudan a un niño a identificar, nombrar y comprender lo que siente, este puede tener dificultades para desarrollar sus propias habilidades emocionales. La psicóloga recuerda que estos padres «no proporcionan el apoyo emocional que un niño necesita para desarrollar la capacidad de regular sus emociones». En la edad adulta, esto suele manifestarse como hipersensibilidad emocional o, por el contrario, como una forma de desapego afectivo.

Algunas personas tienen dificultades para reconocer lo que realmente sienten. Otras estallan movidas por la ira o la frustración sin conseguir poner palabras a su malestar. Maria Hejnar también menciona el riesgo de desarrollar alexitimia, es decir, la dificultad para identificar y comunicar las propias emociones.

A veces, el cuerpo termina hablando en lugar de las emociones. Dolores de cabeza recurrentes, molestias abdominales, trastornos del sueño o fatiga crónica pueden convertirse en formas inconscientes de expresar un sufrimiento que nunca encontró las palabras para existir.

Las consecuencias de este vacío en tus relaciones amorosas y sociales

Crecer con un padre o una madre emocionalmente distante también influye en la manera en que construimos nuestras relaciones. Cuando un niño aprende desde muy temprano que sus necesidades afectivas no serán escuchadas, puede desarrollar desconfianza hacia la intimidad emocional.

Algunas personas se vuelven muy dependientes afectivamente, mientras que otras evitan cualquier cercanía emocional por miedo a ser heridas. Las relaciones de pareja pueden convertirse entonces en un escenario donde se repiten antiguas heridas. Muchas personas continúan buscando inconscientemente en sus parejas la atención, la validación o la seguridad emocional que no recibieron de sus padres durante la infancia.

Temen el rechazo, interpretan fácilmente ciertos comportamientos como señales de abandono o tienen dificultades para establecer sus propios límites.

Sin embargo, Maria Hejnar insiste en un punto esencial: estas consecuencias no son una condena inevitable. «La curación comienza, por tanto, con el reconocimiento del daño que has sufrido», escribe. Comprender que la indisponibilidad emocional de los padres no era responsabilidad del niño suele constituir un paso decisivo.