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¿En qué nos parecemos a nuestras madres? El homenaje de enfemenino a las mujeres de su vida

por Redacción enfemenino Publicado en 27 de abril de 2016
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Gestos, expresiones, el color del pelo, la forma de las manos o los hobbies. Son tantas las cosas que heredamos de nuestras madres... Nosotras estamos muy orgullosas de haber aprendido lo mejor de ellas y, por eso, aprovechando que se acerca su día, hemos querido contar en que nos parecemos a nuestras madres los redactores de enfemenino. ¡Juzga por ti misma!

Madre no hay más que una y a todas nos gusta decir que la nuestra es la mejor y es que, quién mejor que ellas para habernos enseñado tanto sobre la vida. Aprovechando que el Día de la Madre está cerca, los redactores de enfemenino hemos querido rendirles un homenaje contando cuáles son las cosas que hemos aprendido de ellas. Aquí tenéis los relatos de seis hijos sobre sus súper mamás, unas mujeres maravillosas que algún día tuvieron que escuchar aquello de 'Mamá, quiero ser periodista' y, a pesar de ello, prometemos que nos siguen queriendo. ¡Gracias a todas ellas por ser las mejores!

¿En qué se parece Patricia, nuestra redactora de Belleza, a su madre?

Pese a que tengo la melena rizada de mi padre, los ojos de mi abuela y esa cabezonería que nos caracteriza a todos los tíos y primos de mi familia paterna (“¡Qué Álvarez-Palencia que eres!” es la frase que más le gusta repetir a mi madre cuando se topa con mi tozudez), no os creáis que no he heredado nada de ella.

Cuando éramos pequeñas, la forma de los ojos, la nariz y la boca era tan parecida que recuerdo un día que me sorprendí muchísimo al ver la foto de comunión de mi madre y pensé “¿cuándo me he hecho yo estas fotos en blanco y negro?”. Ahora ambas hemos crecido y ya el parecido no es tan grande, pero me gusta pensar que aunque el físico ya no muestra tantas similitudes, he heredado muchas cosas buenas de ella: su don de gentes, su espontaneidad, su gusto por los detalles (cosa que a veces nos hace a las dos decepcionarnos al no recibir el mismo nivel de "detallismo" de vuelta), un sexto sentido detestivesco que nos hace resolver cualquier “misterio” que se nos ponga por delante y esa impulsividad que nos hace a las dos ser capaces de lanzarnos a la piscina sin saber si habrá agua o no. ¿O acaso conocéis a muchas mujeres que a sus sesenta años lleven para adelante dos negocios, una familia, y dediquen sus ratos libres a restaurar muebles antiguos y hacer manualidades?

Como bien decía mi abuela, todo se pega menos la hermosura, y aunque sé bien que lo valores no se heredan, sí que se inculcan en casa, y yo he tenido la suerte de crecer en una en la que el respeto a los demás, el amor por los animales y el buen humor inundaban las paredes. Por todo ello, ¡muchas gracias, mamá!

Miriam, Redactora Jefe, pura admiración por su madre

Ojalá me pareciera muchísimo más a mi madre, porque es la persona más buena y generosa que conozco. Siempre está dispuesta a ayudar a los demás y se desvive por sus tres hijos. Esa capacidad de entrega incondicional que pensamos que va con el gen de la maternidad (y no tiene por qué), mi madre lo tiene desarrollado al 200 por 100. Lo que más admiro, y a día de hoy aún me sorprende de mi madre, es su extraordinaria fuerza y su forma de enfrentarse a cualquier reto que se le ponga por delante. Ella convierte lo difícil en fácil; es de esas personas que propone soluciones a los problemas. Y siempre las encuentra, lo cual es sencillamente alucinante. Es una auténtica coach de vida. Desde la humildad, siempre me ha dado los mejores consejos. La frase que más me gusta de ella siempre ha sido “¿Pero tú eres feliz? ¡Pues ya está!”

¿Que en qué me parezco a ella? Dicho lo anterior, desearía parecerme en todo. Mi madre cocina como los ángeles, diseña y cose todo tipo de prendas (incluyendo vestidos de novia), sabe de electricidad… ¡si hasta ha alicatado las paredes de la casa! Yo, por el contrario, soy cero “manitas”, si bien algo debí heredar porque desde pequeña me interesaron todo tipo de manualidades como la pintura o la cerámica. En mi casa somos unos “artistas”, ¡cada uno de lo suyo! También nos parecemos en lo cabezotas que somos las dos. Cuando se nos mete algo entre ceja y ceja… También en lo perfeccionistas que somos. Si la costura de una prenda no está del todo en su sitio, hay que deshacer la prenda y volver a coserla. Si un peinado no queda perfecto, a volver a hacerlo. Así con todo. Y, aunque tardemos más en conseguir nuestro objetivo, ver que lo hemos alcanzado es la mejor recompensa para nosotras.

No sé si hay muchas madres como la mía, pero yo siento que a mí me tocó la lotería

Esto es lo que Sara, redactora de Moda, nos ha contado sobre su madre

Cuándo me preguntan en qué me parezco a mi madre mi respuesta automática suele ser: “En nada. Soy igualita que mi padre”. Y es que, ¡es la pura verdad! Pero al cabo de los años, cuando nuestros conocidos nos ven juntas por la calle muchos nos dicen: “¡No puede negar que es hija tuya!”. Frase con la que yo me quedo perpleja y siempre respondo lo mismo: “Porque no conoces a mi padre…”. Pero he de decir que es verdad que tanto las costumbres como los gestos se pegan y eso ha sido precisamente lo que me ha pasado con mi madre.

Físicamente no es que seamos como dos gotas de agua pero si nos ven en movimiento, la cosa cambia. Tenemos miradas, gestos con las manos, con el pelo…que nos delatan ¡en eso sí que somos clavaditas! Además, que las dos seamos rubias, ayuda. Y en cuestión de carácter también tengo bastantes cosas de las que me siento muy orgullosa de parecerme a mi madre: soy ordenada (hasta el extremo), bastante cuadriculada con horarios y costumbres y las dos tenemos un carácter bastante fuerte, ¡un buen pronto! (como se suele decir…). Algo que siempre nos ha valido para saber imponernos en según qué situaciones, aunque luego seamos más de boquilla que de hechos. Sea como fuere espero que si algún día soy madre tenga al menos un cuarto de su paciencia, generosidad y alegría, porque siempre tiene la capacidad de hacerme reír con cualquier tontería que se le ocurre.

¡Feliz día de la Madre, mami!

​PD: Para que veáis que no miento también os dejo fotos que prueban que a quien realmente me parezco es a mi padre.

¿Se parece Laura, redactora de Mujer Hoy, a su madre?

Ver una foto de mi madre a los veintitantos es verme a mí misma. Por eso, lo difícil resulta preguntarme en qué no me parezco a ella. Físicamente, se podría decir que somos como dos gotas de agua. Amigos, familiares y conocidos nos dicen siempre que cada día nos parecemos más y, para qué negarlo, para mí es todo un orgullo. Ya desde pequeña, mi abuela (que también ha sido una súper madre) me decía que éramos iguales y es que, por heredar, he heredado de ella hasta los mofletes de los que tanto suelo quejarme y esas arrugas de expresión que nos salen al reír.

Con el paso del tiempo y de las experiencias, las similitudes no solo se han quedado en lo físico. Mi madre es una de esas personas que tiene una palabra amable en el momento preciso y siempre está dispuesta a escuchar y creo que eso es algo que llevo innato en mí. Es también una mujer luchadora, trabajadora y apasionada por todo lo que hace y, por eso, siempre ha sabido animarme para conseguir ser quien yo quiera en la vida. De hecho, mi madre elogia mi valentía cada vez que tomo una decisión difícil o empiezo de cero con algo. Quizás, no se da cuenta de que ser una madre de familia numerosa y una profesional como ella tiene el mayor de los méritos.

Sin embargo, tengo que reconocer, muy a mi pesar, que no he heredado de ella su afán de orden ni tampoco esa increíble capacidad para improvisar vacaciones y que todo siempre acabe saliendo bien. ¡Qué le vamos a hacer…! No todo lo bueno se pega.

Mami, gracias por tus valores, tu tiempo y por estar, aunque ahora sea a través del teléfono. Gracias infinitas por confiar SIEMPRE en mis sueños.

Adrián, SEO & Traffic Acquisition Specialist, no puede negar que es igual que su madre

¿Cómo resumir en unas líneas todo lo que he aprendido de mi madre si hasta donde alcanza mi memoria ella está en cada fotograma? Recuerdo que en una ocasión me preguntó con cierta inseguridad si lo había hecho bien con mi hermano y conmigo, si habíamos tenido una infancia feliz, como quien necesita confirmar algo que intuye pero no se atreve a preguntar. No sé si logré apaciguar ese temor con mi respuesta: hay miedos que solo las madres comprenden. Sí sé, en cambio, cuál fue mi respuesta. La única posible.

Puede que haya niños que tengan casas con jardín y piscina o viajes a Disneyland, pero yo tuve la suerte de tener la mejor parte de la infancia, la que realmente marca la diferencia y te hace mirar al pasado con añoranza. Sí, ella lo logró. En cada nota de la escuela, en cada comida de domingo, en cada viaje a Gandía, en cada estúpido complejo. En todos y cada uno de los pasos del camino.

De ella he aprendido impagables lecciones y valores para afrontar una vida que no siempre viene de cara. Pero también me enseñó sin darse cuenta que la magia no es una licencia de unos cuantos escritores imaginativos. La magia que yo conozco es arrancarte una sonrisa cuando crees que el universo te da la espalda, es hacerte sentir un superhéroe con un simple silencio o levantarse a las 5 de la mañana solo para desear un buen vuelo a tu hijo.

No sé si me parezco mucho a ella (aunque dicen que he heredado hasta sus pequeñas manías) pero sí sé que espero aprender algún día a hacer alguno de esos trucos increíbles que cambien el devenir de la tristeza o transformen la inquietud en la certeza de que todo irá bien. Y lo demás (o una pequeña parte de ello) ya se ve en las fotos. ¿No es comprensible que de pequeño preguntara dónde estaba mi Bambi pensando que esa ricura de niña era yo mismo?

A veces las palabras no son suficientes para expresar un sentimiento pero, mamá, esta última que te dedico es la más grande del mundo. Solo son siete letras, pero en ellas caben millones de imágenes, de conversaciones y enseñanzas, de recuerdos felices e incluso de grandes momentos que aún están por llegar. GRACIAS.

¿Se parece Cristina, SEO Editor, a su madre?

Mentiría si dijese que no le he estado dando vueltas a la cabeza antes de escribir estas primeras líneas. ¿En qué me parezco a mi madre? Físicamente no puedo decir que seamos precisamente como dos gotas de agua y además ambas tenemos un carácter diferente (aunque en cuestión de cabezonería competimos las dos por la medalla de oro). Pero, ¿acaso tiene esto algo de malo? Todo lo que soy se lo debo a ella. Y al margen de nuestros parecidos o diferencias, de mi madre he heredado cosas más importantes. Ella me ha transmitido gran parte de los valores que me definen hoy como persona, ha guiado mis pasos, me ha cogido de la mano, me ha dado alas, me ha empujado y me ha enseñado a vivir.

Ojalá me pareciese más a ella, pues os puedo asegurar que no existe una persona con un corazón tan enorme y una fortaleza tan grande (aunque a veces ni siquiera ella es consciente) como la suya. Pero qué voy a decir yo, si es mi madre. A ella solo puedo agradecerle todo lo que ha hecho por mi, las tardes de hacer juntas los deberes, los "lo tienes que hacer tú, si no no vas a aprender", las noches en vela contándome cuentos hasta que me quedaba dormida, el "ten cuidado", el "avisa cuando llegues", las risas, los momentos compartidos, las locuras de mi adolescencia a las que se unía (¿quién se va a acampar a las afueras del Palau Sant Jordi junto a su hija y hace dos días de cola para un concierto?), los "si tienes que llorar, lloras" y, sobre todo, sus "yo lo único que quiero es que seas feliz".

Pues mamá, lo soy, y parte de que así sea te lo debo a ti. Gracias por ser mi faro, por dedicarme tu tiempo, tu vida, por tu paciencia, por creer en mi y animarme siempre a perseguir mis sueños. No me faltes nunca.

¡Feliz Día de la Madre!

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