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¿Sabes cómo aliviar los terrores nocturnos de tu hijo?

por María Viéitez Creado en 8 de octubre de 2019
¿Sabes cómo aliviar los terrores nocturnos de tu hijo?© Getty

Los terrores nocturnos suelen provocar angustia en los padres por no saber gestionar el temor de sus hijos. Sin embargo, debes saber que no son ninguna enfermedad ni tienen por qué dejar consecuencias tras de sí.

Los terrores nocturnos pueden sufrirlos niños y adultos y consisten en episodios en los que se experimenta un miedo extremo y no es es capaz de recuperar la consciencia por completo. Es por esto y por la consecuente incapacidad de controlar los movimientos, que se puede llegar a sufrir temblores.

El Pavor Nocturnus o terror nocturno es un trastorno que entra en la categoria de paranomnias, un conjunto de estados del sueño disociados que consisren en despertares parciales producidos durante la transición entre la vigilia y el sueño. Este tipo de trastornos es muy común durante la edad pediátrica, principalmente de 3 a 10 años, y son ligeramente más frecuentes en los varones. Los terrores nocturnos, de hecho, afectan a alrededor del 3% de los niños.

Las crisis de los terrores nocturnos tienen lugar durante el sueño, de forma repentina y sin ninguna señalque los advierta. Cuando un niño lo sufre, se levanta de la cama y comienza a llorar y gritar como si estuviera aterrorizado por algo. Suele tener los ojos cerrados y no reacciona ante una llamada. Si tratas de calmarlo cuando se encuentra en este estado, probablemente obtengas el efecto contrario.

Estos episodios de Pavor Nocturnus pueden durar varios minutos. Cuando pasen, se relajará y volverá a dormir. A la mañana siguiente, cuando se despierta, no recordará absolutamente nada.

Causas de los terrores nocturnos: la incidencia del componente genético

En primer lugar, señalamos que este trastorno no tiene ningún significado patológico, es decir, no es una enfermedad, y no esconde anomalías neurológicas, psicológicas o emocionales. No tienen consecuencias particulares y disminuyen espontánea y gradualmente con el tiempo, hasta que desaparece casi por completo con la llegada de la adolescencia. De hecho, los casos de adultos con este trastorno de terror son muy raros.

Ls causas que provocan los terrores nocturnos no son claras, pero se ha encontrado la presencia de un fuerte componente genético. Esto significa que los niños cuyos padres lo han sufrido tienen más probabilidad de desarrollar este trastorno. Lo mismo ocurre con e sonambulismo.

Otros factores como la apnea nocturna, el asma, el reflujo gastroesofágico y la privación del sueño pueden desencadenar los terrores nocturnos. También es probable que una experiencia o situación concreta, a pesar de que haya sido inofensiva y no traumática, desencadene episodios de terror nocturno. Y es que un ruido o una luz repentinos durante la noche, las ganas de ir al baño o la febrícula, pueden contribuir a la aprición de este trastorno.

Terrores nocturnos: consejos para aliviar a tu hijo

Si tu hijo sufre terrores nocturnos, no debes alarmarte: solo es conveniente consultar a un médico cuando se producen varios episodios durante una misma semana. Huelga decir que los padres deben evitar tocar o tomar al niño en sus brazos durante la crisis, ya que esto sólo aumentarían el terror: el niño, recordemos, en esos momentos no es plenamente consciente y por lo tanto no reconocería a su madre o su padre abraznádole. Sin embargo, puedes intentar algunos trucos para intentar reducir los ataques de miedo detenerlos.

  • Trata de reducir los niveles de estrés de tu hijo durante la jornada.
  • No trates de despertar al niño durante un episodio de terror nocturno, es prferible que le hables suavemente para calmarle.
  • No les cuentes al día siguiente lo que ocurrió, ya que esto podria provocarles ansiedad a la hora de irse a dormir, lo que a su vez aumentaría la probabilidad de sufrir otro episodio de terror.
  • Puede que se levante de la cama durante el episodio, por lo que debes tomar medidas de seguridad en casa bloqueando puertas y escaleras o retirando objetos que pueden ser peligrosos para el niño.

Terrores nocturns: la terapia para los casos más complejos

El terror nocturno no debe alarmar demasiado a los padres (hemos dicho repetidamente que el trastorno desaparece espontáneamente sin dejar rastro), pero en caso de que las crisis sean frecuentes es mejor consultar a un médico que, si lo considera necesario, puede indicar una terapia.

Un tipo de tratamiento considerado muy eficaz incluye, por ejemplo, un protocolo de despertares nocturnos programados durante una o más semanas. Se trata de una estrategia conductual que consiste en despertar al niño antes del momento en que suelen ocurrir los episodios y, posteriormente, prepararlo para que vuelva a dormir.

Diferencias entre los terrores nocturnos, la epilepsia, el sonambulismo y las pesadillas

Debes saber diferenciar el terror nocturno de las pesadillas, el sonambulismo y la epilepsia, trastornos que pueden tener efectos similares como el llano, gritos, agitación intensa, sudoración, taquicardia o respiración acelerada.

A nivel médico son muy diferentes. Lo mismo ocurre con el temido síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), algo que puede causar una gran preocupación en los padres pero que, definitivamente, no es comparable al terror nocturno. En primer lugar, por motivos de edad: el SMSL afecta a los niños de unos pocos meses, mientras que los terrores nocturnos afectan a niños de a partir de 2 años y hasta los 10.

Por otro lado, la epilepsia infantil nocturna es una enfermedad neurológica rara (a diferencia de los terrores nocturnos, que ni siquiera son una patología) causada por una mutación genética.

En cuanto a las similitudes entre el terror nocturno y el sonambulismo, es cierto que las manifestaciones de ambos trastornos pueden superponerse, pero el primero manifiesta una activación del sistema nervioso autónomo que produce palpitaciones, sudoración, temblor, enrojecimiento y expresión de terror, síntomas no presentes en los sonámbulos.

Por último, cabe destacar la diferencia entre los terrores nocturnos y las pesadillas. Estas últimas están motivadas principalmente por ansiedades, preocupaciones, estrés y experiencias cotidianas a su manera traumáticas (como ver una película de miedo) que marcan la experiencia emocional del niño y afectan negativamente el contenido de los sueños.

Video por Patricia Álvarez

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