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Historias de mujeres que cambiaron el mundo

Mujeres pioneras de la historia que cambiaron el mundo

En la actual sociedad europea estamos acostumbrados a conocer a mujeres escritoras, pintoras, científicas, políticas... Profesiones en las que, hasta hace no tantos años, era impensable encontrarse a una mujer y, mucho más, que ésta pudiese tener éxito y reconocimiento.
Términos y expresiones como "voto femenino", "conciliación familiar" o "cuota femenina" forman parte de nuestro día a día pero no siempre ha sido así. Hace menos de un siglo las mujeres no tenían ni la mitad de derechos que ahora, especialmente en lo que a participación en la vida pública y política se refiere y estos cambios se han hecho realidad gracias a unas cuantas mujeres que supieron cambiar el rumbo de la historia dejando huella con sus actos.

Aletta Jacobs (1854, Países Bajos) fue una de esas mujeres pioneras de la historia. Decidió desde pequeña que quería estudiar medicina, al igual que su padre. Esta feminista holandesa tuvo que luchar contra las trabas que tenían las mujeres de su época para estudiar una carrera y contra la prohibición del voto femenino.

En este artículo hemos querido rendir un homenaje a aquellas mujeres que cambiaron el mundo a pesar de no tener casi ningún factor social a su favor. Mujeres luchadoras, fuertes y de mentes inquietas que decidieron no rendirse y buscar un hueco entre una sociedad en la que ellos mandaban y ellas criaban hijos. 

Estas son las maravillosas historias de 16 mujeres que cambiaron el mundo y que fueron pioneras en sus campos.

Aletta Jacobs era la octava de doce hermanos. De pequeña ya quería ser como su padre y estudiar medicina, por eso le acompañaba siempre que podía a sus consultas. Sin embargo de poco le servía por aquel entonces, pues las mujeres neerlandesas no podían estudiar en la universidad, ni siquiera podían acceder a estudios secundarios, solo a la educación primaria.

Las normas de la época no fueron un impedimento para Aletta, quien tras conseguir ser ayudante de farmacia, decidió escribir al ministro de los Países Bajos solicitándole un permiso para estudiar en la universidad. Para su sorpresa, y gracias en parte a la buena reputación de su padre, se lo dieron

Con solo 24 años, Aletta consiguió convertirse en la primera médica y, al año siguiente, fue la primera mujer en obtener un doctorado. Durante su estancia en la universidad se interesó por la defensa de los derechos de las mujeres y, al terminar sus estudios, se fue a vivir a Londres, donde se reunía con activistas feministas para promover el sufragio universal. Años más tarde regresó a Ámsterdam, donde trabajó en una clínica atendiendo a personas con escasos recursos y fue pionera en promover la planificación familiar en su país.

Fue promotora de los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, algo extremadamente inusual en un contexto social en el que esto, básicamente, no existía. Ni los métodos anticonceptivos se habían desarrollado completamente, ni las mujeres tenían acceso a ellos.

Sin duda era mujer adelantada a su época y muy comprometida con las mujeres. De hecho, se implicó también en la lucha contra el tráfico de personas y la prostitución de mujeres y niñas. Se esforzó por divulgar información valiosa para las mujeres, hablándoles de anticoncepción y enfermedades de transmisión sexual. También ofreció cursos de higiene y cuidado de niños. "Lo más duro era asumir las críticas", decía Aletta. "Sobre todo las de mi hermano".

Su lucha por el sufragio universal, de la mano de diferentes grupos feministas, dio sus frutos cuando en 1919 se aprobó en los Países Bajos el derecho a votar de las mujeres.

Aletta impulsó la formación de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF), una organización creada para oponerse a la guerra y por la inclusión de la mujer en el panorama público internacional. 

El 10 de agosto de 1929, Aletta falleció a los 75 años. Luchó hasta su muerte por los derechos de las mujeres.

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