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© Universal Pictures. Keira Knightley fue Ana en la adaptación cinematográfica de 2012
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Un buen comienzo: los mejores inicios de novela de todos los tiempos

Emilio Ruiz Mateo
por Emilio Ruiz Mateo Publicado en 4 de abril de 2017
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No existe la fórmula perfecta para un buen inicio de novela, pero seguro que recuerdas el principio de algún libro que te atrapó al instante, como si de un flechazo literario se tratara.

Lo que sí hay es consejos para el principiante, pistas para no aburrir con un “Érase una vez” -desengáñate, sólo funciona con los cuentos clásicos- o un monólogo que tenga más de nana que de Sherezade. Los expertos lo saben: nada de inicios rutinarios –“Salí de la cama, me preparé un café, leí el periódico…-, ni de saltar de buenas a primeras al pasado del protagonista –si aún no has despertado atracción por el propio personaje, ¿crees que a alguien le interesa su pasado?-, ni largas descripciones físicas ni exceso de información. No queremos que nos abrumen con datos ni historias: lo que todos buscamos al abrir un libro es que nos agarren por las solapas y nos digan: aquí es donde vas a querer estar en las próximas horas, o días, o semanas… ¡Quédate!

El principito, de Antoine de Saint-Exupéry © Quinteto / ¿Quién no recuerda a la boa y el elefante del Principito?

Pero, como en tantas otras cosas, más vale una buena práctica que un atracón de teoría. Por ello hemos seleccionado para ti los mejores inicio de novela de la historia de la literatura. De Tolstói a García Márquez, pasando por Bolaño, Kafka, Pérez-Reverte o Cela. Lo bueno y lo malo de que leas lo que tienes a continuación es que vas a tener que abandonar cualquier otra actividad y ponerte a leer como si no hubiese un mañana…

Ana Karenina, de León Tolstói

“Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero las infelices lo son cada una a su manera”.

El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger

"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no me apetece contarles nada de eso”.

Orgullo y prejuicio, de Jane Austen

“Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa”.

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo”.

El extranjero, de Albert Camus

“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: ‘Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias’. Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer”.

Corazón tan blanco, de Javier Marías

"No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados".

Lolita, de Vladimir Nabokov

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta”.

Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk

"Encuentra al hombre que me asesinó y te contaré detalladamente lo que hay en la otra vida".

La metamorfosis, de Franz Kafka

"Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.

El Capitan Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte

“No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”.

Si te gustan las novelas protagonizadas por el capitán Alatriste, estás de enhorabuena, claro, porque... ¡tienes toda una saga para disfrutar! A continuación puedes dar un repaso a las mejores sagas literarias:

Descubre: Las mejores sagas literarias

Los juegos del hambre, de Suzanne Collins - Las mejores sagas literarias © Los Juegos del Hambre

Historia de dos ciudades, de Charles Dickens

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada…".

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.

1984, de George Orwell

"Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece”.

Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa

“Desde la puerta de La Crónica, Santiago mira la avenida Tacna sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?”

El camino, de Miguel Delibes

"Las cosas podían haber acaecido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así”.

El principito, de Antoine de Saint-Exupéry

"Cuando tenía seis años, vi una vez una imagen magnífica en un libro sobre la Selva Virgen que se llamaba 'Historias Vividas'. Representaba una serpiente boa que tragaba una fiera".

El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald

"En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza. 'Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas...'".

Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño

"He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así".

El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers

“En la ciudad había dos mudos, y siempre estaban juntos”.

La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela

"Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo".


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