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Una historia de anorexia: "estaba gorda, no servía ni para vomitar"

Laura Marcos
por Laura Marcos Publicado en 23 de marzo de 2017

A los 15 años, Beatriz Esteban cayó en la anorexia. Ahora ha cumplido el sueño de publicar una novela, reflejo de lo que ella misma fue. En 'Seré frágil' muestra que su enfermedad es mucho más que un bajo peso: frustración, odio, pensamientos obsesivos, autodestrucción… Pero, sobre todo, que se cura.

Una vez, Beatriz entró en una espiral de odio y autodestrucción. Pero su pluma ahora ha permitido que nos acerquemos un poco más a lo que siente una persona con anorexia:

"Permití que las lágrimas bañaran mis mejillas. Me agaché frente al retrete, odiándome, queriendo castigarme. Metí los dedos en mi garganta, esperando que fuera tan fácil como me había parecido en el diario de Sofía. Pero no lo era. [...] Volví a romperme y me dejé caer al suelo, sintiendo mi estómago cada vez más pesado y aquellos horribles pensamientos, cada vez más fuertes. Estaba gorda. Estaba y siempre estaría gorda. No servía ni para vomitar, ni siquiera era capaz de hacer eso bien".
Beatriz tiene sólo 20 años y la voz dulce, que contrasta con la madurez que se desprende de su conversación. Me cuenta que fue hace 5 años cuando todo pasó: “Enfermé. La gente cree que la anorexia es sólo una cuestión de comida. Pero en realidad hay que solucionar muchos problemas emocionales que están detrás”. Después, cuando decidió pedir ayuda, comenzó a recuperarse y a hacer lo que mejor se le da: escribir. “En realidad, la novela la escribí para mí. Llevo escribiendo desde muy pequeña y me sale natural”, reconoce, con modestia. “Pero creo que es útil para comprender mejor a las personas que pasan por una anorexia”.

​‘Seré frágil’ es la primera novela de Beatriz Esteban. Un relato que, según dice, no es autobiográfico, pero la protagonista, Sara, “es un reflejo de lo que yo fui”. Lo que siente cuando se mira al espejo, su frustración, su odio, los pensamientos obsesivos… Es una realidad que vivió Beatriz, y también millones de chicas y chicos.

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Sara es una joven de 16 años alegre y sin preocupaciones a la que le encanta disfrutar de los veranos entre tardes de pizza en casa de su mejor amiga Clara, y rollitos de canela con su mejor amigo, David. Hasta que, a la vuelta a las clases, se incorpora una nueva compañera: Sofía. Una chica pelirroja, pálida y frágil quien, sin saberlo, cambiaría su vida para siempre.

Las pequeñas trampas de la anorexia

Para que la mente se enferme de anorexia, no es necesario estar en los huesos. Y esa es una de las cosas que más preocupan a Beatriz: “la gente tacha los trastornos alimentarios de enfermedades físicas, pero el infrapeso es sólo la consecuencia”. De hecho, al principio ella misma no se consideraba enferma porque, como reconoce, “no entraba dentro de la imagen de lo que me habían enseñado que era una chica con anorexia”.

Son muchos factores los que entran en juego a la hora de desarrollar una anorexia. La personalidad, la tendencia al perfeccionismo, la autoexigencia… Y, por supuesto, el contexto que nos rodea. Para Beatriz, es la obsesión por las dietas y el deporte, “pequeñas trampas que están normalizadas” y disfrazadas de una vida saludable las que pueden hacernos creer que no tenemos ningún problema, cuando no es así. Beatriz lo tiene claro: “si desde pequeña me hubieran enseñado a quererme a mí misma y a contemplar cuerpos normales en los medios de comunicación, quizás no me hubiera sentido tan mal”.

"Di un puñetazo a la pared del baño, junto al espejo. Las lágrimas llevaban surcando mis mejillas un rato, pero no había sido consciente de la delicadeza con la que me acariciaban hasta ahora. Consolaban más que mi reflejo. Tan demacrado, tan patético".

¿Qué siente Beatriz cuando se mira al espejo hoy? “Ternura, porque me veía tan ingenua, tan pequeña… Pero hoy estoy muy orgullosa de mí misma. Nunca imaginé que sería la persona que soy. Publiqué un libro, que era mi sueño”, sentencia. Ahora, Beatriz estudia psicología, que es otra de sus pasiones. "Cuando me traté, comprobar el trabajo de mi psicóloga fue lo que me impulsó a estudiar esta carrera".

Después de hablar con Beatriz, queda claro que de la anorexia se sale, y la fórmula es amarse a uno mismo. A todas las chicas, les diría que empiecen a quererse: “lánzate 'te quieros' al espejo, empieza a ver el valor que hay en ti y cuídate a ti misma. La gente no nos quiere por nuestro aspecto, y nosotras tampoco deberíamos querernos por eso.”

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