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Detrás del brillo del diamante

por Redacción enfemenino Creado en 9 de diciembre de 2015
Detrás del brillo del diamante© iStock

Solucionamos todas las incógnitas en torno a los diamantes. ¿Por qué brilla tanto?, ¿qué se tiene en cuenta a la hora de valorarlos? Todo esto y mucho más. Después de leer esto, serás una experta.

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Indomable. Inalterable. Ingobernable. El diamante hace honor a estos tres adjetivos utilizados en la antigüedad para definirlo. Hace más de 3.000 años, el diamante era bautizado como el rey de las piedras preciosas en un marco inigualable, la India, donde el preciado mineral era descubierto en depósitos aluviales en los ríos Penner, Krishna y Godavari.

Treinta siglos después, sigue siendo conocido y apreciado por sus características superlativas físicas, por poseer la más alta dureza y conductividad térmica de todos los materiales existentes. Pero, ¿qué hay detrás del brillo del diamante? Marta Eizaguirre, Directora CIRCA Madrid, expertos en la compra de joyas y diamantes, explica qué es un diamante y cómo se establece su precio en el mercado.

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Para el público en general es desconocida la apariencia física del mineral en su estado más puro. Lejos del halo de lujo y glamour que envuelve al diamante, es extraído sin brillo, con forma de octaedro ligeramente distorsionado y carece de esa apariencia brillante y luminosa que le hace tan característico. Una estética que se consigue tras un proceso de talla y pulido que permiten explotar al máximo su principal atractivo: su brillo, lleno de luz y destellos de colores.

Este brillo es causa de los altos índices de dispersión (capacidad de un material de descomponer la luz en su espectro, como el arco iris); de refracción (modificar la dirección de la luz en relación al ángulo con el que penetra en él); y de su poder de reflexión (cualidad de un cuerpo de reflejar la luz incidente).

Tras la extracción del mineral, el objetivo primordial del diamantista es conferir a la pieza el máximo equilibrio entre su peso, color, pureza y talla. Las comúnmente conocidas como “4C”. Para ello, el profesional trabajará usando la máxima precisión y seguridad para conferir al diamante la apariencia que le permita brillar con su máximo esplendor.

Para conocer un diamante en profundidad, la talla nos ayudará a acercarnos a su estética. Entendemos por talla el proceso de cortar, facetar, desbastar y pulir la gema en bruto para darle su forma definitiva. Una talla adecuada permitirá que la luz que incide sobre la parte superior de la gema, sea devuelta como si en su interior hubiese un espejo de colores y conferirá a las joyas que los incorporan, un valor añadido a su apariencia y valoración. Entre las tallas más conocidas se encuentran: pera, cojín o cushion, oval, corazón, princesa, marquesa o navet, baguette, entre otras.

Pero por tradición, la talla más popular es la brillante que aprovecha al máximo las cualidades ópticas de la gema y le confiere la geometría perfecta para que la luz incida en la corona y atraviese el diamante consiguiendo la descomposición en colores. Además, esta talla permite que el diamante pueda usarse en un engaste cerrado sin perder luminosidad, al contrario de lo que le sucede a la mayoría de las piedras preciosas. Por su popularidad, en muchas ocasiones se utiliza erróneamente el término “brillante” para denominar a cualquier diamante, obviando que es una talla que también se aplica a otras gemas.

Con respecto a la pureza, ésta se refiere a la cantidad de inclusiones que tiene un diamante y es determinante en su valoración. Por tanto, un diamante se considera puro cuando, utilizando una lupa de 10 aumentos, no descubrimos ningún defecto y, en este caso, su valor se multiplica.

En cambio, a la hora de hablar del color, los expertos utilizamos una escala de la D a la Z: D es la total ausencia de color y la Z es la coloración amarillenta y que reporta una menor valoración y un precio menor a la gema.

Más allá del diamante incoloro o amarillo, se clasifican los llamados “fancy diamonds” que confieren una amplia gama de colores. Cuanto más intenso y poco frecuente es este color, más valor obtiene la gema en el mercado. Entre los “fancy diamonds” más famosos encontramos el “Hope”, con un intenso color azul, “El Gran Conde” o “Conde Rosa” diamante de un color rosa intenso de 9.01ct que perteneció a Luis de Borbón y actualmente está expuesto en el museo de Chantilly en Francia.

Cuanto mayor sea su peso, mejor su talla, más incoloro y más puro, mayor será el precio de la pieza y más espectacular el brillo que desprenda.

Por nuestras manos, como gemólogos profesionales, pasan cientos de diamantes y joyas a lo largo del año. Magníficas piezas de joyería moderna y antigua con diamantes que el público en general lleva a nuestras oficinas para su valoración, lo que nos enseña que efectivamente, un diamante es para siempre y, a la vez, puede tener una segunda oportunidad en el mercado.

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