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Controla tu agresividad

por Elena Bonet Publicado en 24 de septiembre de 2009

No siempre es fácil ser cortés frente a una horda de automovilistas, o de afrontar una cola interminable sin perder la calma... Situaciones de estrés se encuentran todos los días, por lo que es primordial aprender a controlar la agresividad para facilitarnos la vida.

¿Qué es la agresividad?
La definición más simple habla de “disposición hostil y amenazante que a la confrontación”. Los psicólogos ven aquí la expresión de nuestro instinto de defensa, con el objetivo de afirmarse frente a otro.

¿Por qué controlarla?
Nos imaginamos fácilmente descargando nuestro enfado e insultando a la controladora de estacionamiento que acaba de multarnos. Es una energía malgastada y, a largo plazo, puede perjudicarnos. Ya sea en el mundo del trabajo, en la amistad o en el amor, los “gritos” sólo se aprecian un momento. Cuando te dejas llevar, proyectas una imagen negativa de ti, que te desprestigia ante los ojos de los espectadores ¡al igual que ante ti misma! Bullir interiormente, gritar o incluso echar pestes no son pues soluciones juiciosas. Además, llegar a controlarse es una fuente de orgullo, sinónimo de una pequeña victoria personal.

Aprender a canalizar las emociones
La agresividad nace del estrés, de frustraciones o de insatisfacciones diversas. Es fácil así dejarse desbordar por las emociones.

> La técnica llamada “el agredido agresor” conducirá a un conflicto seguro. Emplea pues el diálogo con el fin de apaciguar la situación. Ponerse en el lugar del otro es esencial. Escuchar los pormenores de las reivindicaciones o de las actitudes de tu interlocutor te permitirán comprender mejor lo que tanto te exaspera. Teniendo en consideración las propuestas del otro, las tensiones se relajarán, lo que conducirá a una comunicación más serena.

> Una segunda técnica que puede calmar tu agresividad: la de la misa rezada. Consiste simplemente en bajar el tono cuando tus alaridos o los de tu interlocutor son demasiado fuertes. Disminuye tu cadencia y tu volumen de voz progresivamente. Como si de un encantamiento se tratara la persona que está enfrente tuya hará lo mismo ¡e incluso sin darse cuenta! Podrá comenzar así un diálogo constructivo y reposado...

¿Cómo transformar la agresividad?
Es fácil de decir, pero ¿cómo hacerlo? ¡Existen tantos factores de contrariedades que a veces es difícil alcanzar esta actitud zen tan codiciada! Para evitar que una simple tontería haga desbordarse el vaso, opta por una actividad deportiva.
Para los que se enfadan mucho, la práctica de un arte marcial te permitirá canalizar la energía y transformarla en un verdadero conocimiento y ser capaz de controlarte. El respeto hacia los demás también ocupa un gran espacio en estas artes. Para los que están tensos por una vida diaria estresante, el deporte será una verdadera válvula de escape. Prueba un deporte “liberador”, como el squash, el bádminton, el jogging o la natación que te serán beneficiosos para desechar tus tensiones nerviosas.

Terapias para ir más lejos
> Si tienes bastante con el “boxing de la comunicación”, la comunicación no violenta (CNL) es para ti. Basada en un informe de “mutuo provecho”, ayuda a los protagonistas a valorar sus expectativas y necesidades con el objetivo de comprenderse mejor. Si cada uno sabe lo que quiere, las negociaciones no se vuelven un conflicto. Más ampliamente, la CNL es una verdadera filosofía de vida, que te permite orquestar mejor tu día a día.

> Si tu agresividad realmente te complica la vida, las terapias comportamentales te ayudarán a encontrar soluciones inmediatas, que podrás poner en práctica a lo largo de la jornada. Pero para poner el dedo en la llaga, evaluando tus excesos de agresividad, lo más recomendable son las terapias de psicoanalistas.

Sin embargo, enfadarse porque tu amigo llega una hora tarde, o porque acabamos de hacer una cola del infierno no tiene nada de perjudicial. Mientras sean pequeños enfados puntuales, ¡todo va bien!

Ver también:

>¿Tienes tendencia a culpabilizarte?
> Lección de yoga

por Elena Bonet

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