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Tips para que este año sí o sí cumplas todos tus propósitos

por Redacción enfemenino Publicado en 22 de diciembre de 2016
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Antes de que comience el año nuevo, vamos a fijar algunos objetivos realistas con los que consigamos al fin no sentirnos frustrados. Pasar nuestras metas por el filtro de la realidad, antes de comprometernos en ellas. Además, será genial que aprendamos a identificar cuáles son las situaciones que nos perturban o perjudican y empezar nuestros cambios por ahí.

Ponernos a régimen, ir al gimnasio, llamar más a nuestra madre o buscar otro trabajo que nos satisfaga. Estos son algunos ejemplos de cambios en nuestra vida que, muchos de nosotros, nos planteamos cada comienzo de año. Por influjo cultural, el cambio de calendario genera la esperanza de alcanzar etapas mejores en el proceso vital, una sensación de borrón y cuenta nueva que facilita planear cambios para el nuevo año.

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Sin embargo, el porcentaje de los que consiguen cambiar sus rutinas (como todos sabemos) está bastante alejado del total de los que se lo plantean. ¿Por qué sucede esto? Según el doctor Sergio Oliveros, psiquiatra y director de Grupo Doctor Oliveros, los motivos para que esto ocurra son varios.

Para empezar, porque asociamos vivir en una zona de confort, encajada en un patrón de actividades y comportamientos rutinarios, con minimizar las posibilidades de tener que enfrentarnos a algo que no sea una baja ansiedad, un reducido nivel de estrés y a unos niveles de felicidad ya conocidos.

En segundo lugar, a menudo no somos sinceros con nosotros mismos, con nuestra realidad, y nos trazamos objetivos que, ya a priori, sabemos que no vamos a poder cumplir. Un tercer elemento laminador de nuestros deseos de cambio de vida, coincidiendo con el nuevo año, es que, si ya es un logro para nosotros abandonar la zona de confort, más lo será si identificamos esos cambios con situaciones que, en el fondo, tampoco son tan importantes para nosotros. Así pues, identifiquemos que situaciones realmente nos perturban… Y empecemos los cambios por ahí.

Y es que no resulta en absoluto fácil desprenderse de rutinas adquiridas. ¿Por qué sucede esto? Porque las rutinas son parte vital de nuestro comportamiento, hasta el punto que si, por poner un ejemplo, preguntamos a una persona viuda qué es lo que más extraño de su compañero/a fallecida, la respuesta casi siempre será la misma: las rutinas compartidas. No extrañarán tanto los viajes que hicieron juntos, como las comidas que, cada día compartieron en casa. Por esta razón, entrar en el hogar compartido, sabiendo que el otro ya nunca va a estar, suele ser la experiencia más dura de asumir para el que se queda.

La ansiedad es buena... (Dentro de unos límites)

El concepto de zona de confort nació en el año 1908, de la mano de los psicólogos norteamericanos Robert M. Yerkes y John D. Dodson. Ambos llegaron a la conclusión de que la idea de zona de confort emana del hecho de que, en un estado de relativa comodidad, el ser humano alcanza un nivel constante de rendimiento. Eso es cierto, pero, si lo que queremos es maximizar ese rendimiento, lo que necesitamos es someternos a un estado de ansiedad relativa, internarnos en una zona de actividad en la cual los niveles de estrés sean algo superiores a lo normal. Es el espacio llamado de ansiedad óptima y está situado apenas en el límite (exterior) de nuestra zona de confort. Esto sería lo ideal, puesto que, en una situación de excesiva ansiedad y estrés, nuestro nivel de producción descendería considerablemente.

En palabras del doctor Sergio Oliveros “sentir miedo e incertidumbre forman parte de nuestra propia naturaleza como seres humanos. Podemos engañarnos a nosotros mismos quedándonos en nuestra zona de confort, permaneciendo en el territorio de actividad que conocemos”. Sin embargo, según Brene Brown, profesor e investigador de la Universidad de Houston, cometeríamos un grave error tratando de vivir así. Según Brown, accediendo a la zona de ansiedad óptima, asumiríamos riesgos controlados al realizar actividades que normalmente no haríamos. Es cierto que así viviríamos un mayor grado de incertidumbre, pero lo haríamos en un entorno que nunca escaparía a nuestro control.

Cómo abandonar nuestra zona de confort

Podemos hacerlo de la noche a la mañana, haciendo realidad los deseos que expresamos cada comienzo de año. Sin embargo, si queremos aumentar nuestras posibilidades de éxito, quizás fuera mejor que hiciéramos nuestra salida de nuestra zona de confort con pasos más cortos y asumibles. Habría que elaborar un plan concreto para emprender esos cambios, teniendo en cuenta que deben darse paso a paso, pues nada se logra de un momento para otro. El doctor Sergio Oliveros señala las siguientes pautas:

Cambia las rutinas de tu día a día Podrías empezar por ir a tu trabajo por un camino diferente, probar un nuevo restaurante o comprar un periódico distinto al habitual. Será una manera de recalibrar tu realidad. En realidad, lo de menos será si los cambios son más o menos drásticos, puesto que cualquier cambio -por pequeño que sea- te hará observar todo desde una perspectiva diferente.

Déjate de automatismos No estaría de más que te tomaras tu tiempo a la hora de tomar una decisión. Puede que, hasta ahora, los automatismos mentales te hayan funcionado bien en el plano profesional y personal. Pero ha llegado el momento de observar lo que ocurre a tu alrededor, interpretarlo e involucrarte. Piensa, no te conformes con sólo reaccionar. No se trata de desterrar, totalmente, la rutina de nuestras vidas, Tan sólo se trata de que aprendamos a ser selectivos, que utilicemos los automatismos cuando sean necesario, pero que no vivamos nuestras vidas con el piloto automático puesto.

Busca tu propia forma de rebasar tus propios límites Cada uno de nosotros es diferente y, como tal, cada uno de nosotros tiene sus propios límites y una forma de rebasarlos. Quizás la tuya sea aprender un nuevo idioma o habilidad, practicando un voluntariado, haciendo un viaje como manera de expandir tu propia visión. No tiene que ser ni caro ni difícil, Tan sólo tiene que ser la tuya.

Artículo elaborado en colaboración con el periodista Pepe Varela.

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