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¿Cuál es la mejor forma de hablar de la muerte a nuestros hijos?

por Redacción enfemenino Creado en 20 de abril de 2015
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En un primer momento hablar de la muerte a los niños nos puede resultar complicado y es posible que pensemos que ocultar el tema sea la mejor manera de protegerlos. Sin embargo, como bien sabes, hay un momento en el que debemos enfrentarnos a la realidad y hablarles con toda la naturalidad que podamos sobre ello. Para saber cómo hacerlo, hemos querido preguntarle al psicólogo clínico Manuel Salgado y esto es lo que nos ha contado.

Afrontar la muerte de un ser querido es uno de los momentos más trágicos en la vida de todas las personas. Pero, ¿qué pasa si tenemos que hablarle de ello a un niño? Una de las reacciones naturales es dejarlo pasar y no hablar con los pequeños de la casa sobre ello pero, como sabes, hay un momento en el que resulta inevitable enfrentarnos a esta situación. Por este motivo, hemos querido hablar con Manuel Salgado, psicólogo clínico para que nos diese su opinión y nos ayudase con sus consejos a afrontar como padres esta difícil situación.

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¿De qué manera podemos contarle a nuestros hijos la muerte de un familiar?

La edad del niño al que tengamos que dirigirnos será un factor a tener en cuenta, dado que la capacidad de comprensión no es igual a todas las edades. Igualmente, la relación con la persona fallecida, así como las circunstancias de éstas deberán ser tenidas en cuenta. No es lo mismo transmitir la pérdida de un padre que la de un primo o tío lejano en lo físico.Es importante elegir un lugar tranquilo, donde no haya interrupciones y, sobre todo, en el que el niño/a pueda preguntar cuánto necesite para aclarar sus dudas.

¿Cómo afecta la edad del niño a la hora de transmitirle la noticia?

La muerte es una noción que se percibe muy temprano en la existencia, sobre todo desde el punto de vista sensorial. Una imagen, una voz… estas faltas “físicas” se sienten más fuerte si el niño es pequeño. Esto no estará “psíquicamente” inscrito en su memoria, sino que lo sentirá en su propio cuerpo, como un gran vacío. En el caso de un bebé que pierde a su madre, puede sentir algunos años más tarde un perfume o incluso un modo de ser llevado, sin poder identificarlo realmente…

Y hacia los 3 o 4 años, el niño empieza a familiarizarse con la muerte a través de la pérdida de objetos que valora o incluso cuando sus padres lo dejan en la escuela por la mañana. La muerte pasa, en primer lugar, por la noción de abandono.

Según Manuel Salgado, "la edad del niño será directamente proporcional a la información que se le transmita, justo por lo comentado antes en cuanto a su madurez mental para comprender. Por ejemplo, los 10 años pueden ser un límite de interés para hacer aportaciones más detalladas."

El hecho de que sea la muerte de una persona de edad avanzada, como por ejemplo los abuelos, ¿hace que la situación sea diferente a si se trata de algo más inesperado?

Sin duda, la edad, la forma de perder la vida y la cercanía con el ser perdido son factores a tener en cuenta. El apego es lo que realmente nos hace tener más o menos dolor por la ausencia corporal definitiva de un ser querido, de forma que la lejanía en la dimensión espacio-tiempo genera más dificultades para sentir la pena de la misma manera.

¿Cómo podemos enfrentarnos a la muerte de uno de los progenitores en el caso de ser la madre o el padre?

Posiblemente sea ésta la peor de las situaciones posibles para un menor y, cómo no, para el progenitor que sobrevive. Debemos permitir que pregunte cuanto quiera, que veamos fotografías de su padre/madre, que hable de recuerdos... Es importante tener paciencia con el menor y no pretender que se adapte como un adulto.Visitar lugares de recuerdos agradables es a veces útil para lograr que el menor se sienta más cerca del ser querido fallecido, por aquello de que los estímulos presentes le pueden hacer trasladarse a un tiempo pasado en el que sí estaba.

No obstante, con el paso de las semanas, es importante ayudar al menor a “normalizar” su vida, siempre a su ritmo, pero sin permitir entrar en un proceso melancólico que pudiera llevarle a un estado depresivo.

¿En qué estado psicológico se encuentra un niño ante estas situaciones?

Depende de cómo se produzca la perdida y del tiempo compartido con ese progenitor. Partiendo de cierta normalidad, los niños que “estrenan” su condición de huérfanos de padre o madre se sienten en ocasiones abandonados o culpables de la ausencia de su progenitor, algo que debe ser rápidamente corregido por sus familiares más cercanos.

Hablar con otros niños en situaciones parecidas puede ayudarles a comprender más y mejor este estado, pero no necesariamente al estilo de “terapia grupal”, sino más bien como algo natural que pueda producirse en el colegio o centro deportivo, como charlas informales en las que apenas participen los adultos.

Utilizar algunos recursos como que "se ha ido para cuidar de todos" o "está feliz en el cielo", ¿sirven realmente?

Esto va muy en relación con las ideas religiosas de la propia familia. Así, si en casa se vive “lo religioso” desde el inicio, no parece descabellado utilizar conceptos e ideas que van acorde con esta forma de entender la existencia. El paso del tiempo y el aumento de los conocimientos permitirán al niño concretar más y mejor qué supone exactamente abandonar esta vida.

A menudo, se emplean términos llenos de imágenes como “el abuelo se ha ido para estar con la abuela en el cielo” o incluso “se ha ido de viaje”… Según muchos psicólogos, esto puede ser una solución al principio pero, sin embargo, esta estrategia tiene límites y se corre el peligro de crear una confusión en el niño. Lo mejor es abordar el tema de un modo simple y honesto, sin dar un gran discurso.

Es inútil decir a un niño que la muerte es temporal y que la persona fallecida estará ausente durante mucho tiempo. Simplemente hay que explicarle que nunca más volverá. Aunque esto pueda ser duro de entender al principio, después la aceptación será menos dolorosa.

¿El niño debe acudir al entierro?

Muchos psicólogos aconsejan que el niño asista a los funerales. Esta ceremonia puede permitirle comprender mejor lo que pasa y beneficiarse del apoyo familiar. Palabras reconfortantes, gestos tiernos, textos como recuerdo del ser querido…

El niño debe poder observar, asimilar el duelo fabricándose recuerdos y llorar libremente. De hecho, es el mejor modo de despedirse de una persona desaparecida.


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