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¿Cuándo es necesario hacerse la amniocentesis? Esto es todo lo que debes saber

por Cristina Gonzalez Creado en 3 de enero de 2020
¿Cuándo es necesario hacerse la amniocentesis? Esto es todo lo que debes saber© GettyImages

La prueba de la amniocentesis prenatal es una de las que genera mayor recelo durante el embarazo por los riesgos que conlleva pero, sin embargo, es fundamental hacerla si queremos descartar anomalías congénitas en nuestro bebé. ¿Quieres saber en qué consiste?

La amniocentesis consisten en la extracción de una muestra del líquido amniótico –el líquido que protege al feto dentro de útero y que contiene células fetales y diversas proteínas– mediante una punción se suele practicar aproximadamente a partir de la semana 15 de embarazo y, aproximadamente, hasta la semana 20. Esta muestra se somete a un examen para analizar las células del feto y, de esta manera, descartar las posibles anomalías cromosómicas que pueda sufrir el feto como, por ejemplo, el síndrome de Down. Este examen también es útil para para detectar anomalías en el tubo neural –es el caso de los fetos que padecen espina bífida.

Las amniocentesis, sin embargo, no es una prueba rutinaria, ya que aunque es certera –la exactitud de los resultados es de más del 99%– también entraña riesgos. Por eso, solo se lleva a cabo en los casos en que es recomendada por un médico, es decir, en caso de que la madre tenga determinadas características.

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¿Por qué motivos se realiza?

Para hacer un estudio genético de bebé. Es en estos casos cuando se busca descartar anomalías genéticas. Se lleva a cabo en los casos en los que los resultados de la prueba pueden ser significativos a la hora de manejar la gestación. Es en este supuesto cuando la prueba se realiza entre las semanas 15 y 20. Para hacer un estudio del desarrollo pulmonar del bebé. En estos casos, la amniocentesis es útil para analizar la madurez pulmonar del feto. La amniocentesis de madurez pulmonar solo se lleva a cabo cuando se preve un paeto anticipado y para prevenir posibles complicaciones, siempre y cuando no exista una emergencia. En estos casos, se realiza entre las semanas 32 y 39 de gestación, ya que antes de esta etapa es muy poco probable que los pulmones del bebé estén completamente desarrollados. Para diagnosticar una posible infección fetal. La amniocentesis puede realizarse en aras de comprobar si el bebé sufre alguna infección o si, en caso de que sea sensible al Rh, la anemia que sufre es grave. Este último caso es poco común y consiste en que el sistema inmunitario de la madre produce anticuerpos que atacan una proteína de los glóbulos rojos del bebé. Para drenar la cavidad uterina. En algunos casos la amniocentesis se hace para drenar la excesiva cantidad de líquido amniótico que ha producido la madre –polihidramnios.

¿Cuándo es recomendable someterse a la amniocentesis?

Como hemos dicho, la amniocentesis solo se realiza en los casos que entrañas riesgos. Los motivos que pueden llevar a un médico a realziar una amniocentesis son los siguientes:

  • Mujeres mayores de 35 años. En estos casos, los bebés tienen un mayor riesgo de sufrir anomalías cromosómicas.
  • Mujeres que hayan tenido hijos con anomalías cromosómicas o defectos del tubo neural –una enfermedad grave que afecta al cerebro o la médula espinal del bebé.
  • Mujeres con antecedentes familiares que hayan padecido enfermedades prenatales. En estos casos y en los que alguno de los progenitores son conscientes de padecer una enfermedad genética, el profesional de la salud puede solicitar la prueba de la amniocentesis. En estos casos, esta prueba también es útil para descartar otras enfermedades como la fibrosis quística.
  • Mujeres con familiares directos tengan problemas neurales, como por ejemplo, espina bífida.
  • Mujeres que presenten incompatibilidad del factor Rh, es decir, en caso de que la madre sea Rh negativo y la del bebé Rh positivo.
  • Si se presenta riesgo de malformación digestiva, neurológica o problemas con el feto que requieran una intervención.
  • En caso de que los resultados de las ecografías rutinarias presenten resultados anormales.

Dependiendo de el caso que se quiera estudiar o la enfermedad que se quiera descartar, la amniocentesis se realizará en unas u otras etapas del embarazo. Así, si se lleva a cabo durante el primer o segundo trimestre de embarazo, se suele realizar para analizar los cromosomas de las células que determinan la anomalías como el síndrome de Down. Este es el caso más común. Por otro lado, cuando la amniocentesis se lleva a cabo al final de la gestación, suele ser para evaluar si existe algún tipo de infección o para comprobar el estado de los pulmones del feto.

Los casos en los que la amniocentesis no es recomendable son aquellos en los que la madre padece una infección como el VIH, la hepatitis B o la hepatitis C. El motivo es que durante la prueba pueden transmitirse al feto.

¿En qué consiste el procedimiento?

Una vez que el médico considere que la realización de esta prueba es necesaria, se requerirán una ecografía y en análisis de sangre. Esta ecografía se realizará como una de las rutinarias: la paciente se tumba boca arriba en la camilla y se pone sobre su tripa un gel especial que facilita la realización de la prueba. Con esta ecografía se trata de determinar en qué posición está colocado el feto y cuál es su tamaño para localizar el líquido amniótico y comprobar si hay suficiente para poder extraer una muestra.

Cuando se acota la posición del feto, se suele extender sobre la zona en que se realizará la punción una crema anestésica, aunque no siempre se hace. A continuación, el médico introducirá la aguja, que es muy fina y apenas se nota, a través del vientre materno –en la cavidad amniótica. La punción se guía mediante la ecografía, que se hace de forma simultánea, y se extrae una pequeña cantidad de líquido amniótico con una jeringo. Esta cantidad, que se repondrá de forma natural, dependerá del motivo por el que se realice la amniocentesis y la anomalía que se busque descartar. Para finalizar y una vez extraída la aguja, se colocará un pequeño apósito que tape la zona de la punción.

Una vez finalizada, la madre debe guardar reposo. Si se notan contracciones, pérdidas de sangre o de líquido durante las horas siguientes a la extracción, es necesario consultarlo con el médico. Los resultados de la amniocentesis suelen estar disponibles entre las dos y tres semanas posteriores a la realización de la prueba. Además, es recomendable que la madre guarde reposo y evite, por ejemplo, levantar peso o hacer ejercicio físico intenso. Aun así, por lo general, las mujeres que se someten a la prueba pueden llevar una vida normal después.

¿Cómo prepararse para la prueba?

Un consejo útil si has decidido someterte a una amniocentesis y esta se realiza antes de la semana 20 de gestación es ir a la prueba con la vejiga llena, de modo que sostenga al útero y la punción sea más sencilla. Para ello, deberas beber mucha agua antes de acudir a la cita. Por lo contrario, si la amniocentesis se realiza después de la semana 20, es aconsejable que acudas a la cita con la vejiga vacía. De esta manera, dado que el feto es más grande, minimizas el riesgo de punción.

En cualquier caso, antes de la realización de la prueba tu médico de deberá haber informado de cómo funciona, cuáles son los riesgos y cómo deberás prepararse para ella. Así mismo, deberás haber firmado un formulario dando tu consentimiento. El proceso no suele durar más de 30 minutos, pero si lo crees conveniente, puedes pedir a algún familiar cercano que te acompañe para darte apoyo y poder estar tranquila.

¿Qué riesgos conlleva?

La amniocentesis es una prueba médica controlada que se hace de manera habitual. Sin embargo, como cualquier otra prueba invasiva, entraña riesgos y complicaciones. El riesgo principal es que se produzca un aborto espontáneo, pero esto solo ocurre en 1 caso de cada 200, un porcentaje muy similar al riesgo de que se produzca un aborto espontáneo en condiciones normales y sin que se practique la amniocentesis. En el caso de que ocurra, se deberá a la rotura de la bolsa amniótica o a una posible infección que se haya podido transmitir al introducir la aguja en la cavidad amniótica.

Existen, además, otros factores que pueden inteferir en la realización de la prueba y causar complicaciones. Es el caso de pruebas que se realicen antes de que se hayan cumplido 13 semanas de gestación, que la posición del bebé o de la placenta sean problemáticas, que la anatomía de la madre o la cantidad de líquido amniótico compliquen la extracción o los casos en que se realiza en un embarazo gemelar y sea necesario sacar varias muestras.

Para evitar riesgos, la prueba está monitorizada en todo momento a través de la ecografía, así se sabe siempre cuál es la posición del feto y dónde se debe introducir la aguja. Además, el personal que realiza la prueba está cualificado y el instrumental esterilizado, por lo que no debe causarnos ninguna inquietud. Lo importante es que la madre vaya tranquila y permanezca quieta durante la prueba.

Otros riesgos

Además de los anteriores, la realización de la prueba puede entrañar los siguientes riesgos:

  • Aunque es poco común, es posible que después de la punción se derrame líquido amniótico a través de la vagina. Aun así, en la mayoría de los casos es una cantidad escasa y el embarazo puede seguir con normalidad.
  • Si el bebé cambiase de posición o se moviese durante la realización de la prueba, podría provocarse una lesión con la aguja.
  • Puede provocar sensibilización al Rh en caso de que las células de la sangre del bebé pasen al torrente sanguíneo de la madre. Para evitar esto, después de la amniocentesis se puede suministrar a la madre una inyección de inmunoglobulina Rh, de modo que su cuerpo no genere anticuerpos Rh que pueda cruzar la placenta y atacar a los glóbulos rojos del bebé.
  • Podría provocar una infección urinaria, aunque es algo muy poco común.


Después del procedimiento, lo más normal es que puedas volver a tu vida normal, aunque en algunos casos el médico aconsejará que no hagas ejercicio físico intenso ni relaciones sexuales durante los dos o tres días siguientes. Como hemos dicho, los resultados suelen estar disponible entre las dos y tres semanas posteriores, aunque en algunos casos y cuando se trata de determinados análisis, pueden estar disponibles en pocos días. Aunque es una prueba útil para descartar varias anomalías, no puede identificarlas a todas ellas. En cualquier caso, tu doctor te ayudará a interpretar el diagnóstico y aconsejarte.

Si después de someterte a la prueba de la amniocentesis sufres pérdidas de sangre o líquido amniótico, calambres uterinos intensos –que duren dos o más horas–, fiebre, enrojecimiento o inflamación en la zona de la punción, falta de actividad fetal o movimientos inusuales, consulta con tu médico.

Si los resultados son positivos para alguna anomalía genética, puede que tengas que enfrentarte a una decisión difícil que solo te atañe a ti. en ese caso, trata de buscar el apoyo de tus seres queridos y la atención médica necesaria.

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Cristina Gonzalez
Cristina González es redactora en enfemenino. Se graduó en Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y desde entonces ha trabajado en comunicación y prensa digital. Se ha …