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Los arándanos

Elena Bonet
por Elena Bonet Publicado en 9 de agosto de 2010

Los arándanos, originarios de Estados Unidos y Canadá, son pequeños frutos rojos pulposos y maduros que se recolectan en otoño. Su denominación procede de la flor del arbusto que, al balancearse con el viento, recuerda la cabeza y el pico de una grulla.

Las bayas nacen en pequeños arbustos plantados en una especie de socavones estancos llenos de tierra, gravilla o arcilla. A mediados de junio, nacen unas preciosas flores blancas con tintes rosáceos. En cuanto los pétalos de las flores se desprenden, aparecen pequeños nódulos verdes que maduran hasta otoño, antes de ser cosechados.

Los métodos de cosecha
>La cosecha seca se lleva a cabo con desgranadores mecánicos. Las bayas se recogen directamente de los arbustos con la ayuda de unas horcas para, a continuación, ser seleccionadas manualmente y comercializadas.
>El otro método es el de la cosecha húmeda. Los campos de arándanos se inundan y gracias a unas pequeñas cámaras de aire los frutos flotan. A continuación, se agrupan para ser aspirados por los camiones, justo antes de seleccionarlos manualmente. Hoy en día, este sistema es el más utilizado.

Arándanos de todo tipo
De septiembre a junio los arándanos frescos están disponibles en bolsas perforadas o en pequeñas bandejas para conservarlos en la nevera. Este tipo de fruto es demasiado ácido. Antes de utilizarlos para los postres, córtalos por la mitad y deja que maceren en 200 gramos de azúcar por cada 50 gramos de frutos.
También encontraremos arándanos secos, auténticas delicias de las que podremos disfrutar durante todo el año. Cómelos como si de uva se tratara o utilízalos para acompañar una ración de muesli o una ensalada de verano. En cuanto al polvo de arándano, está disponible en píldoras, como complemento alimenticio. Por otra parte, el jugo de arándano tiene un sabor afrutado y ligeramente amargo, consúmelo al natural o en un cóctel.

Pequeños frutos beneficiosos para la salud
Se recomiendan, sobre todo, para prevenir la cistitis. Por eso, si los consumimos dos veces al día conseguiremos un auténtico filtro protector natural. También puedes añadirlos a cualquiera de tus preparaciones, pues es un añadido de fibra y proteína que a nuestro organismo no le viene nada mal.

Conservarlos
Los secos se conservan como las pasas: en un bote de cristal bien cerrado y protegido de la luz. Los frescos, en cambio, se guardan en una bolsa de congelados perforada, en una de plástico cualquiera o en el mismo congelador.

Con qué cocinarlos
En el caso de los arándanos frescos, puedes añadirlos a cualquier tipo de pastel (marínalos o no con antelación en azúcar). Los secos se pueden cocinar. De hecho, unas de las mejores formas de saborearlos es en ensaladas o como las pipas, en puñaditos.

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por Elena Bonet

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