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Imponerse en el trabajo

por El equipo editorial Creado en 22 de julio de 2008

¿Tienes la impresión de que nadie te comprende? ¿Te sientes desamparada cuando se trata de hacer valer tus derechos o ideas? Confirmarse en la oficina no siempre es fácil, pero es esencial para hacerse respetar.

¿Tienes la impresión de que nadie te comprende? ¿Te sientes desamparada cuando se trata de hacer valer tus derechos o ideas? Confirmarse en la oficina no siempre es fácil, pero es esencial para hacerse respetar. He aquí algunos consejos para imponerse poco a poco pero con seguridad.

Video por Diamar Dominguez

> Osar expresarse
Expresar tus ideas o fijar una opinión contraria a veces requiere responsabilizarse, pero es esencial en la oficina. Esto permite defender tu posición, pero también hacer valer tus habilidades en el seno de la empresa. ¿No te gustaría tener la oportunidad de trabajar en un proyecto interesante, o al contrario, hacer sistemáticamente tareas ingratas? Entonces atrévete, toma la palabra, ¡no esperamos menos de ti!

> Construirse una imagen positiva
Para poder afirmarse en la vida -y no sólo en el trabajo- en primer lugar hay que tener confianza en uno mismo. ¿Por qué no das clases de teatro o de expresión corporal para vencer tu timidez y tu miedo de expresarse en público? Encontrar un medio de aflojar la presión también sirve para retomar el control y recuperar así una imagen de una misma afirmada.

> Aprender a decir que no
Quedarse hasta tarde en la oficina, prestar un servicio, aceptar un expediente en el último minuto, un almuerzo entre colegas… estás desbordada. Habrías preferido decir que no, pero no te has atrevido. Sin embargo, saber negar también es afirmarse. Y decir no, a condición de asegurarse, no significa que serás menos apreciada. Al contrario. Hay que definir un marco de trabajo y hacer respetar estos límites, para tu bienestar y el de los demás. Entonces, exprésate y, sin excusas ni discursos interminables, explica el motivo de tu negativa. Esto permitirá aclarar la situación y suscitar la comprensión de tu interlocutor.

> Defender tu territorio personal…
La vida en la oficina es como una vida en comunidad, en cuyo seno a veces hay colegas más o menos pesados. Así, el que invade sistemáticamente tu despacho tras pasar por la máquina de café, o quien siempre encuentra un pretexto para pedirte prestado tu grapadora/cola/bolígrafo rojo… ¿empiezan a recargar la atmósfera? ¿Ocurre lo mismo con la colega que siempre tiene miles de problemas y viene a llorar sobre tu hombro, o la que se mete en tu vida privada con el pretexto de ser tu amiga? Entonces, defiéndete y marca los límites. Con calma, pero con firmeza, diles, por ejemplo, que aprecias su compañía pero que necesitas tranquilidad y concentración.

> …y su territorio profesional
Saber imponerse en la oficina también significa saber defender tus competencias y tu campo de acción. En un equipo o servicio, a veces hay luchas de poder que pueden hacer que las condiciones de trabajo sean difíciles. ¿Uno de tus colaboradores se interpone sistemáticamente en tu camino? ¿Lucha para obtener un proyecto como si su vida dependiera de ello, te desafía, se mete en juegos incesantes de competición? Posiblemente tiene un gusto inmoderado como las relaciones de fuerza que lo estimulan y lo empujan a sobrepasarse. Pero puede que, simplemente, no tenga confianza en si mismo.
Busca las palabras y el momento adecuado para hacerle comprender que tiene por qué sentirse amenazado: para nada quieres ocupar su puesto, pero esperas que no se mete en tu terreno.

> Dirigir un equipo, entre suavidad y firmeza
La autoridad no siempre es suficiente para suscitar la adhesión. Dirigir un equipo supone saber tomar decisiones, hacerlas aplicar, pero también hacerse respetar. Un punto esencial a retener es la comunicación. Para evitar ser mal comprendido, sé clara. Expón los proyectos de la manera más detallada posible: contenido, objetivos, puesta en marcha, medios puestos a disposición, plazos… Saber imponerse también es saber estar atento. Vela por el buen desarrollo de las operaciones, preocúpate por obstáculos y dificultades eventuales, y encontrad juntos un modo de superarlos. Muéstrale a tu equipo que no eres un órgano de control y sanción, sino que también estás implicada y que pueden contar contigo. Y, sobre todo, anima y felicita a tu equipo. ¡Es lo que demuestra que eres una buena directora!