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¿Por qué nos gusta la telerealidad?

por Redacción enfemenino Publicado en 4 de octubre de 2009
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Es difícil escaparse de ella. Ya sea porque estemos pegados a la pantalla o porque aterricemos “por azar” haciendo zapping, terminamos viendo un programa de la llamada telerrealidad. Verdadera fan o no, la tele realidad nos gusta, un poco, mucho, con locura... ¿Por qué? Descifremos este entusiasmo.

Es un concepto simple
Apareció en España con gran éxito en el año 2000 con Gran Hermano, la telerrealidad consiste en observar a un grupo de personas elegidas que pasan un casting, y puestas en una situación particular. Ya estén “encerrados” o filmados en su entorno personal, se trate de un concurso (Operación Triunfo, Fama ¡A Bailar!...), un desafío personal (Supervivientes, Cuestión de Peso...), encontrarse con una pareja (Mujeres y Hombres 5.0, Granjero busca esposa ...), aprender las maneras correctas o hacerse cargo de la vida (Súper Nanny, S.O.S Adolescentes), o incluso hacer partícipe de tu experiencia (el norteamericano The Simple Life o Adopta un famoso...), el objetivo es siempre el mismo: observar las reacciones en caliente de los participantes. ¡Y cuánto más vivas e intensas sean, e incluso cuanto más “calientes” se pongan, mejor!

Es divertido
¡Ése es el objetivo! La telerrealidad ha sido concebida para eso: dejarnos llevar después de una larga jornada de trabajo. Ésa es la razón por la que las cadenas de televisión difunden sus emisiones a horas estratégicas: justo al volver del trabajo o después de la cena. Mantienen una única consigna: proponer un programa que se trague sin pensar demasiado, a veces un poco pesado pero nunca indigesto. En resumen, un programa que se coma sin hambre. Y funciona. La prueba es que repetimos.

Es cautivador
Uno de los secretos de la telerrealidad es que nos despierta las ganas de saber qué pasará a continuación. Y no se deja nada al azar. Al contrario de lo que se cree, estas emisiones no tienen de real más que lo que se nos quiere mostrar. De hecho los realitys siguen un esquema bien definido. Amistad, rivalidad, secretos, revelaciones, sexo, resurgimientos... todo es fruto de un escenario preparado al milímetro, para tener al espectador en vilo.

Entramos en la vida de las personas
¿Nosotros videntes? ¡No! Simplemente curiosas... Sea cual sea el concepto (televisión con gancho, experiencia, fragmento de vida, o incluso tratar de seducir), estamos en primera fila para ver evolucionar a los candidatos, a veces hasta en su más profunda intimidad. Los vemos reír, llorar, sufrir. A veces reconocemos en ellos ciertos rasgos de nuestra personalidad, y nos imaginamos que estamos en su lugar. Porque la telerrealidad también es esto: hacernos creer que nuestra vida puede cambiar, que sólo hace falta querer.

Decidimos y elegimos el 1, el 2 ó el 3
Si nos gusta la telerrealidad, también es porque, a nuestra manera, podemos participar en ella, ¡e incluso tener el poder! Además, una de las claves del éxito de estas emisiones es la interactividad con el telespectador. Es la guinda del pastel que permite mantener el suspense. Para que estemos enganchadas, nada como confiarnos una misión: podemos alterar el curso de los acontecimientos.

Asistimos a momentos cultos
Porque los castillos y otros loft - ¡e incluso las islas desiertas! - están llenos de cámaras para que no nos perdamos el más mínimo detalle. Para lo mejor y a veces lo peor, pero a menudo para la risa. Algunos episodios forman ya parte de los momentos antológicos de la televisión. ¿Quién no ha oído hablar de la escena mítica en la que Jorge Berrocal en la primera edición de GH dice “¿quién me pone la pierna encima?”? Sean cuales sean sus talentos, todos los candidatos tienen un punto en común: manejan la lengua de Cervantes como nadie. Ya se trate de explicar algunas palabras a sus compañeros “¿Sabes cómo se llama eso? Simbiosis” (Jorge a Marina en GH1, cuando ésta le dijo que él le adivinaba el pensamiento), expresar emociones “soy frígido, porque no tengo sentimientos” (Iñigo, en GH1) o evaluar el trabajo de los concursantes “no hay sonido capaz de describir tu actuación de esta noche, y si lo hay no es un sonido que saldría de la boca” (Risto Mejide a Esther en OT 2008) siempre son un festival. Si nos gusta la tele-realidad, también es por esto.

Nos podemos burlar con la conciencia tranquila
Porque después de todo, los candidatos han firmado para exhibirse 24 horas al día, 7 días a la semana, para que todo el mundo se aproveche, ¿no? Así que es lo que hacemos, tiradas en el sofá. Aunque a veces nos compadecemos de sus desventuras, la mayor parte del tiempo nos decimos que no hace falta ser muy listo para hacer o decir tal cosa, y que en su lugar no habríamos dicho o hecho eso. Por otro lado, no nos pondríamos en su lugar por nada del mundo, ¡somos mucho mejor que eso! Pero los encontramos graciosos o patéticos, las locuras de los participantes al menos tienen el mérito de alimentar nuestras conversaciones entre amigos durante horas. Y nada más que por eso, ¡no nos perderíamos ni un programa!

Ver también:
¿Por qué estamos enganchados a la prensa rosa?
La dependencia

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