La equitación

Publicado por Elena Bonet
Publicado en 22 de diciembre de 2009

Múltiples facetas
La equitación es, en primer lugar, un deporte aparte en la medida que reúne dos entidades: el hombre y el caballo, el jinete y su montura. Uno no existe sin el otro y viceversa. El resultado es una disciplina que exige un conocimiento perfecto del animal y un profundo respeto hacia él. Montar a caballo no es sólo hacer deporte, es formar parte de un equipo, lo que confiere a dicha actividad una dimensión particular.
Además, no se trata de una única disciplina sino de varias, entre las cuales destacan: la vestimenta, el tiro, la resistencia, el volteo, el salto de obstáculos, el horse-ball, el polo, etc.
Es decir, es un deporte que se puede contemplar como una auténtica disciplina a base de entrenamientos y competiciones, o como una afición puntual con paseos, circuitos al aire libre, etc.

Beneficios físicos
Contrariamente a lo que se suele pensar, en equitación, la montura no lo hace todo. Montar a caballo exige un trabajo muscular muy importante a nivel de espalda y abdominales, sobre todo cuando se va en silla (paso, galope o trote sentado). Además, cuando se practica el trote de pie se refuerzan también los músculos de las piernas (muslos, pantorrillas, etc.) y los glúteos. Por otro lado, en equitación tradicional, sobre todo en la doma, se insiste mucho en el mantenimiento de la espalda y los hombros así como de una bonita postura del busto.
En cuanto a desgaste energético, este deporte también es bastante irregular. De paseo se quema poco porque el esfuerzo es mínimo. En recorrido con obstáculos y adiestramiento el trabajo muscular se intensifica y empieza a ser significativo: entre 350-600 Kcal por hora. En cuanto a disciplina acrobática la equitación refuerza también el sentido del equilibrio y mejora la coordinación motriz. Si se practica de forma regular y a largo plazo permite muscular el corazón y desarrollar capacidades respiratorias.

Virtudes en el plano psicológico
Montar a caballo no es sólo bueno para el cuerpo, sino también para la mente. Para empezar puede ayudarnos a superar los miedos, a saber gestionar los problemas, a coger confianza en uno mismo. Un caballo puede ser imprevisible y hay que aprender a gestionar todas las situaciones con mucha sangre fría.
Esta disciplina es una escuela de rigor que exige cualidades sólidas como la rectitud, la satisfacción por el esfuerzo y concentración, y que se practica al aire libre en contacto con la naturaleza. En definitiva, es una de las actividades que aporta más posibilidad de desconexión y relajación.

Algunas precauciones
Montar a caballo no es como salir a dar un paseo. Es una actividad que conlleva riesgos que no hay que pasar por alto. Aquí tienes algunos consejos:
-Toma clases. No hay lugar para la improvisación. Los profesionales están para enseñarnos las buenas posturas, los gestos correctos y actitudes adecuadas para practicar sin riesgo.
-Calienta. Realiza algunos movimientos, trota corto y estira antes de montar en la silla.
-Renuncia a esta práctica si sufres de lumbalgia crónica o malformación vertebral, si estás embarazada, tienes alergia a los pelos de animal o si podrías sufrir osteoporosis.
-Ponte al día con las vacunas, sobre todo con la del tétanos.
-Es indispensable el uso de casco.

Para más información: www.rfhe.com

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