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Los secretos de familia

por Elena Bonet Publicado en 10 de agosto de 2009

La historia y la literatura rebosan de ellos, las personas los cuentan en la prensa y nosotros nos preguntamos si la tía Odilia tiene también un secreto... ¿Qué esconden los secretos de familia? ¿Es bueno decir y oír toda la verdad? Ése es el quid de la cuestión.

¿Existen los secretos buenos o malos?

Entre los secretos, algunos son buenos y otros menos, pero por eso de que es un secreto de familia, siempre es desestructurante, tanto para el que lo guarda como para el que lo ignora. Un secreto es dañino cuando el que conoce la verdad ya no se considera como un guardián del mismo, sino más bien como una víctima.

> Para los que están apartados reina la tensión cuando se abordan los temas tabúes.

> Los poseedores de un secreto de familia dudan entre la prohibición que se les impone de no revelarlo y sus deseos de confesarlo.

Resultado: el secreto traspira, apesta, y todos lo huelen.

Los orígenes del secreto

Los secretos de familia tienen la raíz en una época. Por ejemplo, en los años 50 era vergonzoso ser madre soltera. A menudo se escondía la verdad a la gente de su entorno, pero sobre todo al recién nacido que se hacía criar por su abuela y tomaba a su madre como hermana mayor. Sin hablar de otros tabúes como el aborto, el adulterio, la homosexualidad...

En los años 90 era la sombra del paro la que empujaba a algunos a mentir acerca de su situación laboral. Pero las costumbres han evolucionado, y si hoy ciertos tabúes ya no lo son, por el contrario aparecen otros: el sida, el suicidio, el incesto, la pedofilia, la traición o la colaboración durante la guerra, la droga... Son muchas las razones para tener miedo del “qué dirán”, que es en último caso la razón principal para guardar los secretos de familia.

¿Qué decir y cuándo decirlo?

Un secreto de familia no se construye por placer o con una verdadera intención de perjudicar. Se enquista en el tiempo por la vergüenza que genera, y es por lo que puede traspasar varias generaciones.

No se puede revelar un secreto de familia en cualquier momento, ni a cualquiera. Todo depende del portador del mismo, del vínculo más o menos estrecho que le une a la persona y de su fortaleza mental. Sobre todo hay que adaptar el discurso en función de la edad: por ejemplo, un niño no necesita conocer todos los detalles acerca del divorcio de sus padres, o sobre el pasado carcelario de su abuelo. Antes de revelar un secreto, hay que tomarse su tiempo para evaluar las consecuencias de esta confesión, porque ésta puede tener repercusiones destructivas sobre el interesado.

Desvelar un secreto de familia necesita, pues, coraje, fineza y reflexión. Hay que ser consciente de que, por que la verdad vea la luz, no desaparecerán todos los problemas en un abrir y cerrar de ojos. La verdad no es más que el primer acto de un largo proceso de reparación.

La psicogenealogía para controlar el inconsciente familiar

Desde hace algún tiempo, los psicólogos estudian las consecuencias de estos secretos familiares. A esto se le llama terapias psicogenealógicas. Tienen por objetivo poner en evidencia el acontecimiento escondido que te amarga la existencia. Ponen en escena lo que los psicólogos llaman el inconsciente familiar y transgeneracional: se destierran los secretos que pueden ser el origen de fracasos profesionales o amorosos, y se frenan así los esquemas repetitivos. Este trabajo permite una liberación y una reconciliación, que pueden parecer un duelo: el de la familia perfecta.

por Elena Bonet

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